CABALLEROS.., HOMBRES DE MAR…
A mediados de Agosto, el “Estrella del Mar” cruzó el circulo polar ártico en dirección norte prácticamente bordeando la costa de Noruega, descubriendo José Javier paisajes realmente hermosos. El capitán había dado la orden de llegar hasta el Mar de Barents, pasando cerca del cabo Norte, y así realizar las mejores capturas de pescado. Mientras que en Cataluña se pasaba un calor húmedo y asfixiante, con temperaturas que rondaban los treinta y cuatro grados, por la zona que navegaba el barco, no se llegaba a los veinte grados al medio día y eso que era verano, aunque dicha temperatura bajaba considerable al caer la tarde.
José Javier seguía trabajando en la cocina de los oficiales, junto al cocinero pakistaní y otro muchacho que sustituyó al alemán accidentado. Éste al igual que Tom Chimel era inglés, pero por desgracia entendía muy poco de español, haciendo más difícil la comunicación a la hora de enseñar nuestro amigo al suplente, a manejarse por la cocina, ya que el bretón solo entendía de mecánica y motores. Una vez que José Javier había desayunado después de atender a los oficiales y fregar la vajilla utilizada, preparaba junto al jefe de cocina la comida, dejándole unas dos horas libres antes de regresar a su trabajo.Horas que cinco días por semana se instruía junto a los novatos, aprendiendo todo lo concerniente a la tecnología marítima, en clases teóricas y sus correspondientes prácticas, a cargo del señor “Bigum”. Conoció todo lo necesario para orientarse en el mar, a descifrar una carta náutica, amén de manejar diversos utensilios e instrumentación para la navegación en visitas “organizadas” por el puente, le enseñaron las técnicas de pesca desde la antigüedad, hasta las más modernas. Aprendió supervivencia en alta mar, y realizó cuando el tiempo lo permitía, inmersiones a bastante profundidad, incluso por esas fechas los aprendices a marinos estaban absortos en un curso algo avanzado de electricidad y mecánica naval. Y lo bueno de todo aquello era que a nuestro amigo le entusiasmaba cada día más. Incluso algunas tardes cuando no se apuntaba a algún trabajo extra, se las pasaba leyendo en la sala de lectura –por no decir un pequeño rincón en el comedor de los oficiales-, libros de diferentes temas marítimos, tomando dichas lecturas al igual que una asignatura más de refuerzo.
A esas alturas José Javier se conocía el “Estrella del Mar” como la palma de su mano, salvo la zona reservada a las dependencias de los oficiales, por el simple hecho de que estaba prohibido su acceso, y más si se tiene en cuenta que tras una de aquellas puertas se hallaba la armería del barco, algo que José Javier no creía en su existencia, por mucho que sus compañeros de camarote lo aseguraran.., hasta la tarde que se topó con la puerta cerrada mediante un código numérico del que solo tenían acceso el capitán.., el segundo y el señor “Bigum”, y esa puerta solamente se abría bajo la combinación de esas tres personas, mediante una tarjeta codificada que poseía cada uno. Y no solo descubrió esa puerta, ya que andando con mucha cautela por el solitario y estrecho pasillo, descubrió otra puerta muy diferente a las demás. La parte superior hasta la mitad era un cristal difuso de color verde, recordándole los cristales emplomados de las cuatro puertas interiores que daban acceso al garaje del “Tecla”, y al contrario del clásico pomo de latón que tenían el resto de los camarotes, esta era abierta o cerrada por una maneta dorada. El muchacho no identificó placa alguna, que indicase que había en su interior, cuya estancia estaba iluminada, así que atisbando de un lado para otro del pasillo, accionó la maneta comprobando que la puerta no estaba cerrada con llave, entrando en su interior.
Lo que menos se esperaba en un barco como aquel, fue el gimnasio, que descubrió abriendo los ojos como platos en un primer instante, y medio embobado, comprobó los aparatos de gimnasia que allí le aguardaban. Desde la clásica bicicleta estática, pasando por un buen numero de pesas de diferentes tamaños, hasta una cinta de correr –la cual ni siquiera sabía el muchacho que tal aparato existiese-, amén de un banco de musculación y una maquina de remos. Todo bien asentado sobre una moqueta de color verde claro, simulando el césped de un campo de fútbol. La habitación estaba bien iluminada, gracias a cuatro fluorescentes largos, que a pares, se hallaban enrejados en el techo, y tras unos cortos pasos titubeantes, se acercó hasta las pesas que estaban colocadas y en perfecta alineación de mayor a menor peso, sobre una especie de soportes de hierro pintados en blanco, todo ello en el interior de un armario sin puertas de casi un metro y medio de alto. En la parte inferior del armario, había otra especie de pesas, pero diferentes en su constitución, siendo estas de una sola pieza y de menor peso que las otras, recubiertas por una capa engomada de color azul cielo. José Javier sacó una del armario tanteándola de entre las manos, calculando que no llegaría a pesar ni un kilogramo, mientras se preguntaba en voz alta, para qué serviría aquella inusitada pesa…
-Sirve entre otras cosas, para fortalecer las muñecas…- Cuando José Javier escuchó aquella voz de detrás suyo, hasta los pelos de la nuca se le erizaron, y la pesa se le resbaló de los dedos cayendo al suelo en un sordo golpe muy cerca de su pie derecho. Quien le habló, lo hizo en un deplorable y gurutal español, pero inconfundible por su tono cargado de energía.
-Se.., se.., señor “Bigum”, yo no sabía que…- El muchacho no se meó en los pantalones porque ya era mayorcito, mientras se volvía muy despacio hacía el fornido jefe de seguridad, y por ende, su instructor…
-Antes de hacerle trocitos –ahora se expresó en inglés-, y echarlos por la borda para comida a los tiburones, espero que sepa usted decirme, quién le ha dado permiso para estar aquí…- El hombre se acercó dando un paso en dirección al tembloroso muchacho, sabedor de que el “puro” que le iba a caer era de órdago.
-Ve.., verá señor, es que me.., me he despistado –José Javier no atinaba ni a responder en inglés o en español-, y no me he dado cuenta…- Incluso creyó escuchar el castañeteo de sus propios dientes.
-Ande.., recoja esa mancuerna del suelo, y déjela en su sitio, marinero…- Le indicó señalando la pieza caída.
-Qué.., qué nombre más raro señor “Bigum”.- Se agachó lentamente para asirla, rezando interiormente a que los humos de su superior fuesen bajando.
-¿El qué, mancuerna...?.- Preguntó el hombre de color, alzando una ceja a espaldas de José Javier.
-Si.., eso mancuerna. ¿Y todas estas se.., se llaman así..?.- Señaló al pequeño armario sin mirar al otro.
-¿Me está tomando usted el pelo, marinero…?- Se cruzó de brazos su instructor.
-No.., no.., que va señor, es que me ha llamado mucho la atención todo esto y…- Daba miedo verle los bíceps desnudos a aquel hombre que nunca tenía frío.
-Mas le llamara usted la atención a los tiburones.., así que andando…- Gesticuló claramente con un movimiento de la cabeza hacia el exterior. Era evidente que la expresión utilizada por el señor “Bigum” era pura alegoría, dando a entender que aquellos supuestos “tiburones”, era equiparable al castigo que le caería al muchacho por desobedecer una orden, siendo este desde una simple multa, hasta la suspensión de una paga mensual y el aislamiento en el camarote por un periodo de días que el capitán considere estipular.
-Antes de marcharnos, ¿Us.., usted me mostraría todo esto señor “Bigum”…?- Ya no era cuestión de demora, en realidad al muchacho aquellos aparatos le empezaban a picar de curiosidad.
-¿Realmente cree.., que puedo perder el tiempo con usted, novato…?- Le mostró una sonrisa socarrona sin apenas moverse del sitio.
-Se que voy a ser castigado señor por estar aquí, pe.., pero antes le pediría, si es que usted lo sabe, para que sirven todos estos aparatos señor…- Le dijo lo más franco que pudo ayudándose con cierta mímica, sin saber si el hombre de color le había entendido.
-“O el muchacho es realmente tonto, o es verdad que muestra interés…”- Pensó el otro en su lengua materna.
-Así que a usted le interesa conocer para que sirve todo esto –se quedó pensativo un par de segundos, observando la cara pálida del muchacho-, bien.., no me importa mostrarte todos estos aparatos, ya que soy yo el encargado de esta sala de fitness…-
-¿Sa.., sala de qué señor…?- José Javier no paraba de tragar saliva.
-Es una terminología inglesa marinero, que viene a decir, combinación entre movimiento corporal y máquina de ejercicio...- Al señor “Bigum” le empezaba a divertir aquella situación.
-Mas o menos quiere decir.., hacer ejercicio sobre una máquina ¿es eso señor..?- Se “atrevió” a apoyarse en la cinta de correr, mientras que el antillano pensaba que tonto no era.
-¿Y.., y esta máquina para qué sirve…?-
-Es una cinta para correr.., súbete en ella.- Así hizo el muchacho a indicación del fornido instructor, que pulsando unos controles básicos, la cinta vibró tenue bajo sus pies.
-Camina sobre ella…- José Javier dio un titubeante paso agarrado a la barra que tenía a la altura de su ombligo, dio otro.., y otro más, escuchando las indicaciones de su instructor, y pronto se vio corriendo sobre la cinta, que en un determinado momento comenzó a elevarse unos cinco grados, simulando una subida. Entre el movimiento del barco más la cinta, José Javier tuvo la sensación de mareo, deteniéndose de manera brusca, con la consiguiente caída hacia atrás. Suerte que su trasero no llegó a tocar el suelo enmoquetado, ya que el señor “Bigum”, le sujeto raudo por las axilas.
-No hombre.., así no tienes que parar -le decía mientras que el otro se recomponía del susto- debes de disminuir el paso hasta volver a caminar y la cinta por si sola sigue tu ritmo, hasta detenerse.- O era un espejismo, o aquel hombre todo músculos sonreía ante un descolorido José Javier.
-Bueno es la primera vez y.., ¿esto para qué sirve…?- Señaló al banco de musculación.
-Ven.., siéntate…- Y así, el joven marinero tuvo su primer contacto con los ejercicios de pectorales.., abdominales y espalda, de entre una serie innumerable de formas y maneras para ejercitarse que el aparato ofrecía. Pasando a la máquina de remos, la cual le entusiasmo eso de tirar para si de una cuerda sujeta a un mango, mientras hacia una carrera contra otra embarcación en la pequeña pantalla de aquella máquina, y el señor “Bigum” se dio cuenta de que al muchacho le entusiasmaba todo aquello, mientras le comentaba el por qué de los diferentes grosores de pesas y su correcta utilización.
-¿Usted me enseñaría a manejar todo esto…?- Se arriesgó a preguntar, pensando que la negativa ya la tenía asegurada.
-¿Realmente joven, le interesa ejercitar su cuerpo?- Preguntó el hombre cruzándose de nuevo de brazos, mientras arqueaba la ceja derecha en además circunspecto.
-Si se da usted cuenta señor.., ya ve que estoy algo gordo y no me vendría mal ponerme un poco a tono, si es posible, claro…- El señor “Bigum” lo miró de arriba abajo sonriendo para si, al denotar el estado corporal del muchacho todo carnes, y eso que había perdido algún que otro kilogramo.
-Lo que ves aquí, fue prácticamente en su día el centro de reuniones de los oficiales mientras se ejercitaban.., y todo comenzó de broma entre ellos, diciéndole al capitán que necesitaban algo que les quitara las tensiones de la jornada. Así que se montó esta sala gracias a la autorización del capitán –el hombre se dio un pequeño respiro-, y ahora ya ves.., casi nadie viene a ejercitarse, y solo yo me encargo de su cuidado y mantenimiento, además de realizar mis ejercicios para mantenerme en forma…- terminó con un apagado suspiro dejando correr unos segundos.
-¿De verdad muchacho le interesa ponerse en forma…?- Le preguntó mirándole directamente a los ojos.
-Sólo usted dígame cuando empezamos…- Le contestó con seguridad y franqueza sin desviar la mirada.
-Bueno.., cuando usted joven marinero cumpla el castigo por desobediencia -le comentó el otro, bajo una ligera sonrisa-, ahora salgamos de aquí…- El señor “Bigum” no dio parte al final, así que el muchacho no tuvo su castigo, y dos días más tarde, tras la clase de práctica de comunicaciones, sobre su litera se encontró con unos pantalones de deporte azules y una camiseta de algodón blanca de manga corta, en cuyo pectoral estaba estampado el logotipo de Niflix Corporación, además de una nota que decía en inglés: “Esta tarde a las seis en el gimnasio, sin falta…”.
Agosto llegaba a su fin, y como de costumbre, a los muchachos se les veía ya fuese en grupo o no, por los diferentes lugares de la urbanización. Pero casi siempre estaban reunidos en el “Bingo”, o por la plaza y sus alrededores. Ya había corrido la voz por el lugar, que posiblemente José Javier se había marchado a trabajar lejos y quizás al extranjero, siendo para éstos un hecho que les supuso cierto respiro a sus inquietudes. Aunque en aquellos días, una bula enturbió a los muchachos y conocidos de José Javier, y que en definitiva sacudió un poco los cimientos de la urbanización, ya que apareció cerca de la desembocadura del río Llobregat, el cuerpo sin vida de un chico que había sido victima de las drogas, encontrándolo unos vecinos de la zona dentro de un desvencijado automóvil, que según se decía poseía las mismas características físicas que el desaparecido, y ya se sabe.., que las noticias corren de un lado para otro y de boca en boca, añadiendo diferentes versiones a la cual más exagerada y lúgubre, añadiendo comentarios escabrosos y sin fundamento, salvo la noticia que difundieron algunos diarios de la cuidad. Fue evidente que el ánimo entre los componentes del grupo decayese bastantes grados, y más cuando se decía que efectivamente era José Javier el finado. Era inevitable que todos aquellos infundíos llegasen a oídos de la familia Sánchez, para más mortificación en su madre, que solo sabía repetir que si su pequeño era verdad que estaba muerto, ella también quería morirse… Al final, todo se aclaró tras las incesantes llamadas que efectuó Jorge Sánchez a la comisaría de policía, con la intención de ponerse en contacto con el ayudante del inspector, y cuando lo consiguió después de escuchar toda clase de negativas, éste le informó que aquella muerte y las circunstancias que le rodeaban, nada tenía que ver con su hermano pequeño, descartando además toda similitud, al descubrir tras la autopsia que el fallecido era otra persona.
No por ello una vez aclarada la situación, a Elvira Sánchez se le aparecieron demasiados fantasmas en su cabeza.., fantasmas justificados por las inquietudes que en la mujer emergieron tras la noticia de la muerte de aquel drogadicto, que en nada se le podía relacionar con su segundo hijo. Sin embargo, a la mujer le dio por pensar que quizá éste no estuviera tan vivo como se decía, aunque su derrotero tras la marcha le hubiese llevado lejos de su hogar. Elvira regresó al álbum familiar de tapas verdes, y se intensificaron los lloros desgarrados por la suerte de su hijo.., y la pena de verse sola, por mucho que Jorge intentase no despegarse de su madre. Aquella mujer evidenció en los postrimeros días, que la soledad de una persona puede ser física, la cual tiene arreglo con un poco de fuerza de volunta y ánimo.., pero la soledad que se lleva en el interior, no tiene una cura específica y es difícil de detectar, y quien padece este tipo de trastorno, se ve solo ante el mundo por mucho que haya gente a su alrededor, y este tipo de ansiedad revoca en una tristeza tal, que incluso llega a peligrar la salud mental de quien padece tal estado anímico…
Una tarde que Elizabeth subía por la calle Mimosa, en dirección a la torre de sus amigos Mª Rosa y Pedro, por el simple hecho de pasar el rato con ellos, escuchó llorar a alguien tras la valla exterior de la parcela de los Sánchez. La chica se asomó por la verja pequeña en busca de la procedencia de aquel llanto, descubriendo a Elvira sentada en el poyete que discurría por el pasillo lateral hasta el porche trasero de la torre. Aquel poyete también hacia de línea divisoria entre el edificio de dos plantas y el huerto en cuya mitad, otro pasillo perpendicular y sin enlosar, conectaba hasta la piscina, dividiendo el huerto en dos partes casi iguales. Elizabeth llamó la atención a la mujer, que llorosa se mecía hacia delante y hacia atrás aferrada al álbum de fotos, abierto por su mitad.
-Señora –intentó recordar su nombre-, señora Elvira…- Al final la muchacha se adentró al interior, observando que aquella mujer vestida de negro desde que la vio por primera vez, se hallaba en un estado de desgarradora tristeza, que la muchacha se apiadó de ella.
-No llore mujer.., venga no llore…- Elizabeth intentaba no contagiarse de aquellas lágrimas, sentándose a su lado, mientras le ponía la mano sobre su hombro derecho con la sana intención de insuflarle ánimos.
-Mi hijo.., mi hijo…- Repetía una y otra vez con un inaudible hilo de voz, tanto que la guapa muchacha necesitó acercarse un poco más hacia ella, para intentar descifrar aquellas palabras desconsoladas.
-No se preocupe.., ya verá que pronto aparece su hijo, y cuanto se alegrará de verlo…- Atinó a decir, atrayéndola para si, sin saber muy bien como se había atrevido a llegar a tan inusitada confianza con una persona siendo mayor que ella, y que apenas si la conocía. Al poco rato de que las dos mujeres se quedaron sentadas muy juntas en el poyete, Elvira pareció resurgir de una ensoñación.
-¿Qui.., quien eres…?- Le preguntó ésta sin recordar que era la hija mayor de sus nuevos vecinos, a los que solo había hablado escuetamente en dos o tres ocasiones. La joven le explicó quien era mostrando una amplia sonrisa de dientes blancos y bien alineados.
-Que.., que guapa que eres…- La aduló la mujer una vez enjugadas las lágrimas, mientras que la aludida ampliaba un poco más su sonrisa.
-Gracias señora Elvira.., ¿puedo preguntarle que estaba mirando…?.- Ella sabía muy bien a esas alturas, que se trataba de un álbum fotográfico, pero prefirió darle un poco de conversación.
-Es un álbum familiar.., ¿quieres verlo conmigo…?.- Le preguntó esperando quizá una negativa por parte de la joven con cualquier excusa.
-Claro, si a usted no le importa…-
-Llámame Elvira hija mía…- Le pasó el álbum.
-Y si lo desea Elvira puede llamarme “Eli” a secas.., así me llaman todos mis amigos.- La muchacha se topó ante sus ojos, con la primera hoja del álbum, interesándose por las fotografías que habían en el, pasando un buen rato entre los comentarios que efectuaba la madre de José Javier a las preguntas de Elizabeth, sobre quien o quienes eran aquellas personas que aparecían a veces en blanco y negro y en otras a todo color, entre una multitud de diversos escenarios como fondo, pronto Elvira Sánchez pareció mucho más animada junto a aquella joven compañía.
-¿Qué edad tienes, hija…?- Le preguntó al cabo de un buen rato, justo cuando comentaba la edad que tenía José Javier, observando ambas la instantánea del aludido montado en su primera bicicleta de color naranja toda ella –comentario realizado por su madre, ya que la instantánea era en blanco y negro-, y freno de tambor que le regalaron sus padres.., él sólo tenía nueve años.
-Voy a cumplir los dieciséis años, ahora en Septiembre…-
-Madre mía.., eres toda una mujer hecha y derecha.- Palmeó la mano a la chica, y tras unos breves comentarios, ésta le contó de manera generalizada quienes eran y de donde venían, amén de la relación que mantenían sus padres con los señores Pérez, entre otros superfluos detalles…
-Me imagino que te estoy haciendo perder el tiempo hija.., seguramente te estarán esperando los amigos o tu novio, y…- Se excusó la mujer, viendo que la tarde corría junto a ella más que con sus amigos, o su supuesto novio.
-No tengo novio señora Elvira…- Le informó la chica bajo una sonrisa cargada de sinceridad.
-¿Y cómo es que una chica tan bonita como tú, no tiene novio alguno…?- Elvira adoptó un semblante de cierta sorpresa observando aquellos ojos tan bonitos.
-Bueno.., como le digo a mis amigas, aún no he conocido a mi media naranja…- Volvió a sonreír.
-Ay hija –volvió a palmearle la mano en gesto cariñoso-, todo llegará.., todo llegará, porque una chica tan guapa tendrá donde escoger…- Ambas sonrieron trémulas. Y Elizabeth Garrido se encariñó con aquella mujer, la cual le prometió que le haría un bonito regalo para su cumpleaños a la hora de despedirse, comprometiéndose por su parte la muchacha, que si a ella le apetecía, se pasaría de cuando en cuando por la torre para estar un rato juntas, además de invitarla a tomar café en nombre de sus padres cuando lo quisiera, que por ende, eran sus vecinos que en ese momento estaban en casa de los señores Pérez. La madre de José Javier aceptó el ofrecimiento, llenándola de besos agradecidos, dando así comienzo a una curiosa amistad entre dos mujeres de muy diferente edad y distintos pareceres de ver la vida, siendo para Elvira la recta final de esta –por mucho que Elizabeth negase aquello, augurando que tenía mucho por vivir-, con la tristeza de un marido muerto y un hijo desaparecido, mientras que para la otra, comenzaba a vivirla…
Agosto dio paso a Septiembre, y con ello la expectativa de reanudar un nuevo curso… La gran mayoría de adultos pronto volverían a sus trabajos después de las vacaciones veraniegas. La vida en la ciudad Condal regresaría al mismo ciclo de atascos urbanos, y el consiguiente aumento de la polución atmosférica.., críos que iban o venían del colegio acompañados de sus madres.., las compras diarias de artículos de primera necesidad por parte de esas mismas mujeres, que atendían sus casas, amén de trabajar fuera de ellas –las que trabajaban-, y los suspiros por que llegase de nuevo el tan ansiado fin de semana… Al igual que todos los mortales, los Medianos pronto se incorporarían otro año más a la vorágine de la cuidad, a sus clases como todo cristiano en edad escolar, siendo para Elizabeth y su hermano, una nueva experiencia más junto a sus nuevos compañeros.., ella en el instituto y él en el colegio.
Carolina llegó a primeros del citado mes –el sábado día 6-, muy cambiada en su aspecto físico.., con un morenazo impresionante, y un poco más delgada, siendo la envidia de más de una “rellenita” en el grupo, la cual fue recibida -sobre todo por parte de las chicas- con gran alegría, realizando una gran fiesta ese mismo día en casa de Maika, la cual sirvió para despedir las vacaciones del verano. Los mofletes le habían desaparecido, y su cara parecía un poco más fina, que junto a unas mechas en el cabello que se dejó hacer a manos de su prima, estaba muy guapa. Le extrañó no ver a Ángel con el resto del grupo –aunque prefirió no preguntar hasta que le llegase la oportunidad-. Después, si que se enteró que Ángel se había pasado casi todo el resto de Agosto con su padre trabajando con el camión, y que lo estaba pasando fatal desde su marcha. Mª Rosa le llegó a comentar que no había día que preguntase por ella, incluso la única postal que mandó desde Salou se la quedó él, alegando que así estaba más cerca de la que aún consideraba su novia, releyendo lo escrito en ella –de la cual, en ninguna línea se hacía mención a Ángel-. También Mari aportó su granito de arena, al comentar que Pedro le dijo no hacía muchos días que entre ellos dos –Ángel y Pedro-, habían estado hablando de las chicas, y que Ángel le enseñó la foto más reciente que poseía de Carolina, colocada esta en el interior de su cartera, reconociendo que no tenía por costumbre de hacer, añadiendo el hecho de quererla mucho más que antes, porque no la tenía a su lado, y que bien sabía Dios lo arrepentido que estaba por todo lo que pasó, amén de confesarle que Carolina era el amor de su vida… Cuando La muchacha apareció por la noche junto a Mª Rosa.., Ramón.., Elizabeth y Mari en casa de Maika, Ángel estaba en la fiesta con los demás, recién llegado de trabajar con su padre, que por motivos ajenos a ambos, la jornada laboral se demoró mucho, llegando casi a la hora de cenar. Estaba ansioso por verla ya que no había tenido oportunidad, y cuando la vio se quedó prendado todavía más de ella. Prácticamente no se despegó de la muchacha y quienes estaban con ella durante la fiesta, siendo todo galantería y buenos modos por parte de él, que a la hora de bailar lentas, le pidió de salir juntos e intentarlo de nuevo, justificándose mas o menos con las mismas palabras que utilizó ante Pedro “Tecla”, jurándole allí mismo que nunca más pondría en duda los sentimientos que ella tenía hacía él. Carolina le dejó bien claro que dichos sentimientos no habían cambiado, pero que de momento era mejor dejarlo así, pidiéndole un poco más de tiempo, aunque Ángel no lo entendió a las primeras de cambio.., y así lo hizo saber a algunos de los chicos al día siguiente en el “Bingo”, aunque mantenía la esperanza de que volverían a salir juntos. Hay quien dijo, que a lo mejor había conocido a otro chico en Salou para tormento de Ángel, el cual no probó bocado en toda la jornada, angustiado por el comentario de Ramón, avalado por algún que otro amigo del grupo, por mucho que la muchacha actuase de la manera mas natural cuando Ángel estaba cerca de ella. Por la tarde, Carolina se acercó hasta la torre de José Javier para saludar a Elvira y conocer de primera mano que era lo último que se sabía, sin comentarle a nadie, que había estado en casa de los Sánchez porque a nadie le importaba.., y es que Carolina se prometió a si misma estando en el apartamento playero, que sería lo más discreta posible con referencia a José Javier…
Como habían cambiado las cosas con respecto a Ángel. Antes era ella quien mayoritariamente, iba a buscarlo a su casa, en pos de él como un corderito enamorado, ahora era él quien por la tarde se quedaba en la urbanización y lo primero que hacía, era llamar por teléfono a Carolina para decirle que había llegado de trabajar, preguntándole si no le importaba ir a buscarla después de comer, y así ir juntos en busca de los demás. Ella no se negó a tal petición durante los días siguientes de la última semana de vacaciones, aunque evitaba todo comentario respecto a salir juntos de nuevo. Ahora era Ángel el corderito enamorado, que todo eran atenciones para Carolina sin esconderse de nadie, mientras que las demás chicas se guiñaban el ojo entre si bajo solapadas sonrisas, sabedoras de que su amiga en común, le estaba dando un poco de “betún” al muchacho antes de darle de nuevo el si, ya que la propia Carolina, lo confesó estando en la fiesta de Maika…
Pero el viernes 12 de Septiembre, Ángel no llamó, ni se pasó por la torre de los tíos de Carolina para extrañeza de ésta. Aunque tampoco la chica le dio demasiada importancia, pensando que a lo mejor, se había quedado a comer con su padre en algún bar de carretera –y no era la primera vez-, teniendo la intención de acabar pronto con el trabajo. Y eso que aquel día su padre no tenía en principio que ir a trabajar, ya que la empresa hacía puente, pero la noche anterior le llamaron para realizar un par de viajes con el camión por su propia cuenta, y así ganarse un dinero extra… Por desgracia en esta vida, las malas noticias no corren.., vuelan. De regreso para la cena, Carolina se acercó hasta la torre de los señores Gimeno –los padres de Ángel-, extrañándole el comprobar que no había nadie. La construcción se hallaba sumida en una oscuridad inusual, y alertando en la chica, de que algo malo había ocurrido. Llamó al timbre de los vecinos para preguntar, saliendo la señora Teresa con los ojos enrojecidos de tanto llorar y pañuelo en ristre al exterior, que al denotar la presencia de la muchacha, se abrazó con fuerza a ésta y sin mediar palabra alguna, rompiendo nuevamente a llorar. Cuando le pudo dar entre hipidos y sollozos la trágica noticia del accidente, a Carolina Arias se le cayó el mundo encima.
Todo ocurrió muy deprisa… En la segunda carga de tierra que su padre realizaba, colocó el camión cerca del pequeño terraplén, algo habitual.., siempre y cuando se garantizase que el firme estaba bien consolidado, y así la cuchara podría trabajar con el menor tiempo posible en quitar tierra sobrante y meterla dentro de la bañera del camión. Ángel se hallaba dentro de la cabina comiendo el bocadillo matinal y escuchando una cinta de casete, con las ventanillas abiertas para que el aire corriese dentro del habitáculo. La carga de la bañera se efectuaba correctamente y con la precisión del operario experimentado, el padre de Ángel estaba fuera del camión comprobando el trabajo, mientras pensaba que este sería el último viaje por ese día al Vendrell y descargar la tierra en un solar bastante desnivelado que había que rellenar, y así dar comienzo en la construcción de un gran hotel. El muchacho iba a salir fuera de la cabina, con la intención de preguntarle a su padre cuanto quedaba, y la casualidad quiso que al sacar el casete, este se encasquillase en el interior, con los consiguientes improperios, temiendo que la cinta se rompiera.., a priori, aquello le salvó la vida, ya que en ese instante la tierra cedió bajo las ruedas y los pisones hidráulicos del camión, volcándose de costado para caer por el corto terraplén. Ángel se dislocó el hombro derecho, además de golpearse la cabeza perdiendo el conocimiento al instante. El muchacho fue el único perjudicado directamente en el fatal accidente, ya que la fortuna quiso que en ese momento, no hubiese nadie por el lado que volcó el camión de veintidós toneladas de peso, ya que por desgracia no lo contaría. Describir lo que aconteció en los minutos siguientes entre los testigos que presenciaron el accidente incluido su padre, prefiero que usted lector se haga una idea, tan solo comentar que Ángel ingresó en el hospital de Belvitlle en una ambulancia, con diversos traumatismos, siendo el más preocupante el de la cabeza, y su padre en otra con un fuerte shock emocional por lo ocurrido, deviniendo en un amago de infarto del que se recuperó a los cuatro días de estancia en el hospital.
Carolina se pasó los seis días que duró el estado comatoso de Ángel, casi sin querer comer ni beber.., y sin moverse de al lado de la cama hospitalaria, rezando a todas horas por la suerte del chico que más quería en este mundo, prometiéndose que nunca más le haría sufrir por la negativa de salir con él haciéndose la interesante, y que jamás volvería a despegarse de su lado si él así lo deseaba. Algunos chicos y chicas del grupo –los que pudieron-, lo visitaron al hospital en aquellos aciagos días, pensando de manera generalizada, que ahora era esto lo que les faltaba, apareciendo nuevamente el desánimo entre ellos… La tarde que Ángel abrió los ojos, Carolina sacaba lágrimas de donde ya no tenía tras la visita de sus tíos a la habitación del hospital, que intentaron llevarse a la niña a casa para que descansase, apoyada por la madre del hospitalizado. Ella se negó en redondo, mostrando una cabezonería que empezaba a ser intolerable para los adultos, pero que supo mantenerse firme aún reconociendo que ellos tenían razón. Al final la dejaron un rato más junto a él, con la intención de volver a la carga mientras hablaban en el pasillo, por la satisfactoria recuperación del padre de Ángel.
-No me dejes Ángel.., no me dejes -era la frase que más utilizó durante esos días-, no sabría vivir sin ti.., no sabría como…- Sollozaba desconsolada arrodillada junto a la cama del muchacho, con la mejilla derecha sobre la mano inmóvil de él, que bañaba con las lágrimas que surcaban de sus mejillas cayendo hacia ese lado.
-Te quise el primer día que te conocí.., y me moriré amándote Ángel, eres mi vida.., ¿qué voy a hacer sin ti?, ¿qué voy a hacer…?- El desconsuelo en Carolina era estremecedor, mientras se aferraba asida a la mano libre y con los ojos cerrados, susurrando aquellas palabras, hacia el que siempre fue su verdadero amor desde que lo conoció. Fue quizás un ligero temblor, y un leve movimiento de los dedos de él, que alertó a la muchacha, alzando su cabeza para mirarle mientras se limpiaba la cara con un pañuelo… Ángel tenía los ojos abiertos.
-¡Ángel.., Ángel…!- Se levantó rauda para colocarse a la cabecera de la cama.
-Ho.., hola “Carol”. He soñado contigo y ha sido tan bonito…- Le sonrió trémulo a pesar de los dolores que sentía por todo su cuerpo, mientras que Carolina se abrazaba a él con cuidado rompiendo a llorar de felicidad, reiterando lo mucho que le quería…
Ese fin de semana fueron escasos los Medianos que estuvieron en la urbanización, ya que un buen numero de ellos se lo pasaron en el hospital entre idas y venidas, siendo el “centro neurálgico” la habitación de Ángel, que por suerte se iba recuperando a grandes pasos, animado por todas aquellas visitas de los amigos y amigas que nunca se olvidaban de él.
-Madre mía con tantos bombones, al final pienso montar una chocolatería…- Decía Ángel mientras la puerta de la habitación se abría dando paso a Pedro “Tecla”.., Mari.., Elizabeth y Mª Rosa, llenando un poco más la estancia de gente, donde ya se encontraban el “Jualín”.., “Waldo”.., Sergio y Ana María sentada al lado de una Carolina mucho más repuesta, que ni loca se despegaba de aquella cabecera. También se hallaban por las inmediaciones el otro Pedro.., el “Pecoso” y las dos Lola, que pronto se unieron al resto dentro de la habitación, hasta que apareció la enfermera de turno para echarlos de allí, alertada de ver tanta gente con las consabidas molestias que provocaban, alegando que aquello no era una sala de fiestas.
La tremenda ansiedad que se apoderó de todos sus amigos y familiares había pasado, ahora lo importante era que ambos condolientes se recuperasen lo más pronto posible, y seguir con la rutina diaria, con el aliciente de que Carolina y Ángel volvían a ser pareja, jurándose amor eterno, en uno de aquellos momentos que estuvieron a solas en la habitación del hospital…
No era la primera vez que la melancolía se apoderaba de José Javier en alta mar. Y cuando esto le ocurría, se escapaba en los pocos ratos libres que le quedaban, a refugiarse en la soledad de cualquier rincón del “Estrella del Mar”. Aunque el rincón preferido por él era la proa del barco, donde se pasaba meditando sentado en el primer lugar que veía. El atardecer de aquel día era simplemente maravilloso y el mar estaba en una relativa calma, pensando que si el barco seguía faenando por aquellos parajes, pronto la oscuridad se haría eterna con el cambio de estación.
Se acordaba de su madre.., de los amigos.., y de Ángela, demasiadas personas a las que dejó un día escapándose en la complicidad de la noche, sin decir nada de sus intenciones, salvo unas cartas mal escritas de las que se imaginó que ya estarían olvidadas. Iba para tres meses fuera de su casa, con la incertidumbre de que sus seres queridos no sabían nada de su paradero, y esos pensamientos le atormentaban, sintiéndose culpable por todo ello. Le dio por pensar días atrás sobre todo en su madre, en como lo estaría pasando ella tras su desaparición, y ya eran demasiadas las veces que la mala conciencia llamaba a su puerta, sabedor de que nada podía hacer a esas alturas por estar a su lado... Mientras contemplaba el atardecer de infinidad de tonalidades, se llegó a cuestionar qué sería de él si su madre ya no estuviese en este mundo cuando regresase, y veía en su atribulada mente el ser odiado por todos aquellos que le acusarían de la “supuesta” muerte de Elvira Sánchez.., y seguramente Ángela volvería a escupirle en la cara como lo hizo una tarde en el pino, aunque fuese por causas diferentes… Se acercaba el primer aniversario del fallecimiento de su padre, y todo eso estaba influyendo en nuestro amigo, que evocó el abrazo cariñoso y emotivo cargado de lágrimas, que Ángela le dio en la verja pequeña de la torre ante su prima y algún que otro Mediano, mientras el cuerpo aún caliente de su padre yacía en la cama matrimonial, tras dejarlo allí los camilleros de la ambulancia que lo trasladó desde el hospital hasta la torre.., le vino a su mente, que esa noche se suspendió la fiesta que iba a dar en el bar el anterior inquilino, porque sus amigos alegaron que esa noche estaban de luto por el padre de José Javier, un buen hombre conocido por todos en la urbanización… Miró de reojo la fotografía de carné de Ángela, colocada en la palma de su mano derecha, mientras que con la otra se fumaba un cigarrillo, suspirando quejumbroso mientras se decía entre escondidas lágrimas, si había sido una buena idea el llevarse la foto de ella al barco.
-Dicen que los hombres nunca deben de llorar.., y menos si ese hombre es un marinero…- El muchacho dio un respingo, cerrando instintivo la mano derecha tras volverse para ver quien le hablaba a su espalda.
-Te.., teniente.-
-No te levantes –le puso raudo la mano sobre el hombro-, ¿no te importa que me quede a fumarme un cigarrillo contigo…?- Le preguntó bajo una media sonrisa.
-Claro que no me importa mi teniente.- El otro se sentó a su lado, encendiéndose el pitillo con cierta parsimonia, dándole un par de caladas en silencio. Silencio que se prolongó un par de minutos.
-Estaba en el puente –rompió Martín el hielo-, y te he visto aquí.., y bueno.., puesto que está todo bajo control, le he pedido al sobrecargo que se quede en mi puesto por un rato…- Le miraba de reojo, escuchando suspirar al muchacho, tras haberse limpiado las mejillas con el dorso de la mano.
-Gracias por su compañía teniente…- Volvió a suspirar.
-¿Quién es ella José Javier…?- Era evidente que el hombre se había percatado de la foto.
-Se llama Ángela teniente.- La pequeña instantánea cambio de manos.
-Es muy guapa.., ¿es tu novia...?- Preguntó tras devolvérsela.
-Lo era mi teniente.., lo era…- José Javier se la quedó mirando entre sus dedos, evocando buenos y malos recuerdos, que le vinieron a su memoria en rápidas secuencias.
-Ahora entiendo tus lágrimas muchacho…- El teniente Martín esperó a que el otro realizase comentario alguno, mientras seguía fumándose aquel cigarrillo rubio sin dejar de contemplar una eterna puesta de sol.
-Son tantas cosas mi teniente –chasqueó la lengua-, son tantas señor…- Al final la fotografía fue a parar al bolsillo del pantalón blanco de tela gruesa.
-Si deseas que alguien te escuche.., no me importará quedarme un rato y…-
-Es muy largo de contar, y no sabría como empezar…- En esta ocasión el suspiro que emitió José Javier se dejó notar.., cargado con una mezcolanza de emociones, que el propio muchacho no podía definir, salvo el pesar de sus actos…
-Tengo todo el tiempo del mundo para escuchar a un compañero.., a quien considero un amigo. Y si no nos ayudamos los unos a los otros, nadie lo hará por nosotros.., y más estando tan lejos de nuestros seres queridos y amigos…- El teniente Martín había tocado la fibra más sensible en José Javier, si lo hizo a cosa hecha o no.., solo lo supo el segundo de a bordo en el “Estrella del Mar”. Tiró su cigarrillo viendo que el otro se echaba de nuevo a llorar sin poder evitar aquellas lágrimas. Al teniente no le importó el atraerlo para si viéndole en aquel estado, adivinando que lo estaba pasando bastante mal pero.., ¿quién no añoraba a quienes uno había dejado en tierra para estar lejos de todo y de todos?. Ese era el gran reto de quien se preciase ser un buen marinero, y el teniente Martín lo sabía, ya que él se identificó con aquel sollozante muchacho, viéndose así mismo la primera vez que se embarcó… José Javier le contó ya más relajado y sin llegar a ciertos detalles, todo lo ocurrido en lo referente a lo personal desde el día que Ángela rompió con él, hasta que puso sus pies por primera vez sobre el “Estrella del Mar”, descargando su propia desdicha en aquel hombre, que supo escucharle sin interrumpirle hasta el final.
-Si yo llego a saber antes, todo esto que me has contado José Javier, no te hubiese permitido embarcar.., y yo mismo te hubiese llevado ante la policía aduanera para que te devolviesen a tu casa, pero ya es demasiado tarde, y ahora deberás de afrontar tus responsabilidades como un hombre de mar…- El aludido afirmó silencioso ante aquellas palabras.
-Me arrepiento de muchas cosas teniente –suspiró afligido-, pero le pido que no me denuncie al capitán…- Le suplicó, después de tragar un buen puñado de saliva.
-No lo haré –José Javier suspiró algo más tranquilo-. Pero recuerda que un hombre siempre debe de afrontar el camino que uno elige, ya no vale los arrepentimientos, aunque siempre queda alguna salida…-
-¿Qué quiere decir teniente…?- Ambos se miraron.
-Antes me has dicho que te acordabas de tu padre, ya que pronto, haría un año de su muerte –breve pausa-, puedo si tú quieres hacer una cosa por ti...-
-¿El qué señor…?- Preguntó mientras se limpiaba la cara con la manga.
-Los abuelos paternos de mi mujer están enterrados en el cementerio donde lo está tu padre –José Javier le miró con semblante extrañado ante aquella noticia-, ellos son de allí, ya que vivían en una masía que hay cerca del termino municipal de Martorell, eran agricultores y trabajaban todo el día en el campo –en esta ocasión fue el teniente quien suspiró-, por eso te dije que me conocía bastante bien aquella zona…- El teniente se encendió otro cigarrillo, ofreciéndole al muchacho.
-Pero no entiendo en que me puede ayudar señor…- Le dijo tras la primera calada.
-Si quieres.., puedo mandar un cable a mi esposa, y pedirle que le deje unas flores a tu padre para el día de todos los Santos, ya que ella va todos los años al cementerio con sus padres.-
-¿Haría eso por mí, teniente…?- José Javier le miró esperanzado.
-Y si quieres también puede ponerse en contacto con tu familia, para –José Javier negó tajante con la cabeza-, pero..,¿por qué no..?.- Le preguntó algo incrédulo ayudado con un gesto de sus manos.
-Por.., porque solo en pensar que del disgusto que se llevó mi madre.., ya no estuviese en este mundo, yo…-
-¡Pero hombre.., que cosas dices..!- Negaba el oficial con una media sonrisa ante lo dicho por José Javier.
-Pues eso es a veces lo que pienso teniente…- José Javier no sonreía.
-Algún día habrá un sistema de comunicaciones global que nos permita comunicarnos al instante con cualquier parte del mundo.., no se cómo, pero lo habrá –breve pausa-, de momento nos tenemos que conformar con el cablegrama, que una vez al mes podemos enviar todos los que estamos en el barco.., algo que se que tú no has hecho…- Tampoco sonreía a esas alturas el teniente, sabedor de la extraña actitud mostrada por el muchacho un día que escuchó el comentario de Luis Soanes en el comedor, alegando que José Javier no mostraba interés por comunicarse con los suyos, cuando todos en el barco se morían de ganas para que llegase el día señalado, y por turnos mandar los cablegramas a tierra, para que estos fuesen enviados a sus respectivas direcciones.
-No sé teniente.., a veces yo mismo me pregunto el por qué no lo he hecho…- Suspiró pesaroso el muchacho, reconociendo que era verdad lo que decía su superior.
-Aún estás a tiempo marinero…- El otro le mostró una cómplice sonrisa.
-Prefiero mandar esas flores.., bueno que usted se lo diga a su esposa, y…-
-Y también una nota con esas flores, ¿no crees…?- Atajó el teniente.
-¿U.., una nota señor..?- Le miró fijamente.
-Pues claro.., que menos que les escribas unas palabras diciendo que estás bien y que pronto estarás en casa, al menos tu madre se alegrará de saber que vives…- José Javier bajó su mirada mordiéndose el labio inferior, pensando en cual decisión tomar, si el teniente le ofrecía esa oportunidad, por qué no aprovecharla.., ¿por qué no aliviarle a su madre ese sufrimiento…?.
-“Tú mismo le escribiste que ojalá algún día se sintiese orgullosa de ti…”- Pensó.
-¿En que piensas José Javier…?- El muchacho suspiró cerrando sus ojos.
-En que quizá tenga razón mi teniente…- Elevó su cabeza para encontrarse con una mirada fija en él.
-Entonces no se hable más.., solo tienes que escribir la nota y decirme donde está tu padre enterrado.-
-Bueno.., mi padre está en un nicho.- Tragó saliva al recordar el día del entierro, donde no cabía ni un alma en el cementerio.
-También están en un nicho los abuelos de mi mujer.., en el lado oeste.- Aclaró el teniente, mientras que otra vez el silencio se apoderó de ellos por un corto espacio de tiempo.
-Antes de que nos tengamos que despedir –rompió Martín de nuevo el hielo, mirando de pasada su reloj de pulsera-, para realizar cada uno su trabajo.., deja que te cuente algo que a mí me dijeron una vez cuando mi primera chica me dejó, porque ella descubrió, que no sentía nada por mi…- Se miraron.
-No sabía teniente que también pasó por lo mismo que yo…-
-¿Por qué te crees que soy teniente de navío entre otras cosas…?- Quizá en otro momento de su vida, aquello supuso para aquel hombre muchas penurias y quebraderos de cabeza que no venían al caso, pero que en ese momento sonreía abiertamente, ya que eligió el camino de su vida más acertado para él, con subidas y bajadas como todo ser mortal, y sin embargo se sentía muy orgulloso de ser quien era, y de tener lo que tenía.
-Un día que estaba muy decaído, una persona muy querida por mi me leyó una poesía tan preciosa que nunca la he olvidado, y que me enseñó a descubrir la que es ahora mi esposa.., ¿quieres escucharla.?- El aludido asintió con la cabeza y el teniente Martín se levantó apoyando sus manos en la barandilla, realizando lo mismo José Javier para colocarse a su lado, mientras ambos contemplaban la creciente oscuridad de la noche, cuando el reloj de pulsera del teniente sonó con un bonito –y curioso- tintineo, anunciando que eran las cuatro de la tarde en punto… Una vez que terminó de relatarle aquella especie de manifiesto más que poesía en si, los dos seguían mirando al vacuo horizonte, donde las primeras estrellas aparecían en el firmamento. El teniente Martín le encomió a que nunca olvidase aquellas palabras, y que las retuviese en su memoria.., dejándolo allí tras darle un par de palmaditas en el hombro. José Javier se vio rodeado de su propia soledad.., y sus temores, apoyado en la barandilla de la proa de un barco que se confundía ya, con la negrura de la noche… Sacó de nuevo la fotografía de Ángela y la contempló por espacio de un par de minutos, después comenzó a romperla en lentos movimientos, mientras las lágrimas volvían a surcar sus mejillas… Tiró por la borda casi la docena de pedacitos que consiguió reunir, viéndolos perderse en las espumosas olas que el barco dejaba a ambos lados, dejando definitivamente atrás una parte de su vida, tan solo una pequeña parte...
José Javier Sánchez había perdido a una persona a la que quiso con locura.., aunque en realidad la perdió mucho tiempo atrás, en cambio el muchacho se encontró con alguien que le sirvió de revulsivo en aquellos postrimeros y aciagos días de Septiembre. El teniente Martín llegó a ser en la sombra, aquel gran amigo que él tanto anheló… Cuando el muchacho se dirigía a sus clases de instrucción, pensó que pronto sus amigos de toda la vida se reunirían otro fin de semana en el “Bingo”, o en cualquier parte de la urbanización.., o en casa de alguien para celebrar una fiesta. Sin embargo, lo que él desconocía hasta ese momento, era el hecho de que Elizabeth, empezó a tomar por costumbre los sábados nada más pisar la urbanización, el pasarse por la torre de los Sánchez para saludar a Elvira, y de paso llevarle cualquier presente, en agradecimiento por el bonito regalo que le hizo la mujer en el día de su dieciseisavo cumpleaños, afianzando de esa manera, una buena amistad con el paso del tiempo.
A primeros de Octubre el “Estrella del Mar”, comenzó a bajar hacia el Mar de Noruega, siguiendo los grandes bancos de pescado, pasando de nuevo cerca de las islas Lofoten, y desde allí poner rumbo a las islas Faroe hasta la zona de Fhiser Bank, dando la vuelta para regresar rozando las Orcadas y adentrarse nuevamente en el Mar del Norte, para llegar finalmente al puerto de Rótterdam. Aquella travesía duraría entre dos y tres meses si todo iba bien y sin contratiempos. Pero el mar bien sabe de infortunios y a medio camino entre las islas Lofoten y las Faroe en plena lengua oceánica del Mar de Noruega, les sobrevino una tormenta de tal magnitud que muchos no recordaban una cosa así…
El mar se convirtió casi sin mediar palabra en un infierno de inmensas olas y vientos huracanados, que pilló al “Estrella del Mar” en plena faena de arrastre, con la mala suerte de que una de las grúas dejó de funcionar al cortocircuitarse una de las cajas de maniobra, que para más INRI, estaba situada en la cabecera de la grúa, teniendo que arrastrar la carga de pescado, la mitad de los operarios, tirando ellos mismos de los enganches hasta que no fuese reparada por los de mantenimiento, en las condiciones más duras que jamás se habían imaginado aquellos hombres. Olas de cuatro y cinco metros de altura, sacudían el barco al igual que un juguete, haciendo imposible la maniobra de recogida de las redes entre los operarios bajo maldiciones e improperios, en una mezcolanza de diferentes lenguas.
En el puente de mando todo era nerviosismo, viendo que nada se podía hacer por alejarse de aquella tormenta mientras no se terminase de arreglar la grúa, o en su caso, el de recoger toda la carga, que según se calculó, podría rondar la tonelada de pescado capturado. El portón inferior estaba bajado para facilitar la faena de aquellos hombres, con las consiguientes sacudidas de las olas que penetraban por allí como imponentes y terroríficas lenguas de agua, haciendo más penoso el trabajo. En una de aquellas embestidas, una ola se llevó a un operario filipino, arrancándolo de cuajo cerca del portón, mientras el capitán Garrido daba la orden de contra marcha en una acción arriesgada ante el temporal que les azotaba si piedad.
-¡¡Contra marcha.., orden de contra marcha..!!- Se informó a grito pelado en la sala de maquinas.
-¡¿Contra marcha…?, no puede ser con este temporal..!- Se abalanzó el jefe de maquinas al muchacho que recibió la orden.
-¡Déjame a mi…!- Prácticamente le arrancó de las manos el intercomunicador.
-¡Aquí jefe de maquinas.., repita la orden…!- Le gritó al aparato.
-¡Contra marcha a toda potencia…!- Aclaró el teniente Martín desde el puente de mando.
-¡Señor.., es una locura con este temporal, es…!-
-Maldita sea.., cumpla la orden!.- El capitán Garrido fue quien habló desde el altavoz situado por encima del intercomunicador.
-¡Por el amor de Dios capitán, es una maniobra arries…!- El hombre le gritaba en esta ocasión al altavoz, siendo escuchado por el intercomunicador que tenía asido el teniente Martín. El capitán Garrido reclamó el aparato a su segundo.
-Maldita sea Arthur –le cortó tajante-, si la captura no viene a nosotros, seremos nosotros quienes vallamos a ella.., no pienso perderla ¿queda claro...? –breve pausa-, así que dé la orden de contra marcha, ya...!-
-Esta bien.., ya lo habéis oído muchachos. ¡Orden de contra marcha!- Quienes estaban en la sala de maquinas se apresuraron raudos con la maniobra, al poco los grandes cigüeñales pararon para comenzar a rotar de forma inversa.
-¡Capitán –se asomó por el hueco de la puerta el operador de radio-, me informan de que un hombre ha caído al agua desde el portón inferior, y lo están intentando rescatar...!- Los dos oficiales de mayor rango se miraron…
Dos mecánicos se aferraban como podían a la carlinga de la grúa, mientras el barco daba tales bandazos, que la impresión generalizada, era de que, de un momento a otro el barco iba a pique. Bajo ellos unos cuantos marineros ayudaban con los cables y herramientas, subiendo y bajando por las escaleras a requerimiento de éstos. Entre ellos se encontraba José Javier junto al señor “Bigum” y Luis Soanes los más conocidos, que miraban impotentes a aquel pobre desgraciado ahogarse, por muchas cuerdas y flotadores le lanzasen. Los alaridos del filipino se escuchaban desde el portón superior abatible en dos mitades, que en ese momento estaba cerrado, formando una plataforma, donde los marineros que ayudaban a los mecánicos se movían torpemente, arrastrados peligrosamente por las ráfagas de agua y viento.
-¡Marinero.., ayude con aquel amarre y forme un cordón para poder sujetarnos o nos caeremos por la borda...!- Le gritaba en mitad de la tormenta el señor “Bigum” a José Javier, que haciendo caso omiso, se la ató fuertemente a la cintura realizando una pequeña carrerilla, con la intención de darse impulso…
-¡¡José Javier qué demonios haces.., José Javier..!!- El marinero Luis era quien más cerca estaba de él, pero se vio imposibilitado por el movimiento del barco, en frenar la carrera del otro en dirección a la popa. Solo pudo ver con ojos desorbitados, como José Javier de un brinco apoyó el pie en la barandilla, dándose más impulso y saltar al vacío desde una altura de unos doce metros, para estupor en quienes lo vieron caer al mar.
-¡¡Hombre al agua.., hombre al agua..!!- Se desgañitó Luis Soanes dando la voz de alarma, aferrado con todas sus fuerzas a la barandilla mirando hacia abajo, para ser escuchado por los operarios, mientras le lanzaba el otro extremo de la cuerda para que la cogieran. Aunque no hacía falta dar muchos gritos de alarma, porque esos mismos operarios vieron caer desde arriba a un hombre atado a esa misma cuerda lanzada Luis…
-¡¡Maldita sea...!!- Gritó el jefe de maquinas, al ver el motor de estribor clavado literalmente, a las primeras vueltas de la contra marcha.
-¡Tú al cebador –ordenó a uno de los muchachos-, y vosotros quitad las planchas, vamos a mover el eje...!- Tras la orden recibida, se dispusieron los cinco a quitar las planchas que recubrían la parte principal del eje, para hacerlo maniobrar manualmente gracias a una especie de volante que hacía las funciones de arranque manual. Las placas eléctricas de la primera y cuarta transmisión se sobrecargaron entre innumerables chisporroteos.
-¡Capitán.., otro hombre ha caído desde el portón superior al agua...!- Gritó el operario de comunicaciones.
-¡Sala de maquinas a puente.., el motor de estribor se ha clavado..!- Gritó Arthur por el altavoz.
-¡Lo que nos faltaba –suspiró el capitán-, haga todo lo posible para volverlo a arrancar…!-
-¡Eso es lo que estamos intentando capitán –se escuchó por el intercomunicador-, dale al cebador.., y tú cambia las placas eléctricas de una maldita vez.., venga todos a una...!- Arthur había dejado el canal interno abierto, dejándose escuchar desde el puente todo cuanto ocurría en la sala de máquinas, mientras que José Javier luchaba contra las inmensas olas y el pobre filipino que entre berridos y lo nervioso que se encontraba, se no dejaba ayudar por el muchacho, que necesitó de emplearse con la fuerza bruta, dándole como pudo dos buenos puñetazos, dejando grogui al otro. Quienes estaban en el portón inferior, animaban al joven marinero para que regresasen rápido al barco, entre gritos y gestos con las manos, amén de tirar siete de ellos de la cuerda. Alguien pidió la presencia del medico con algunas mantas térmicas, ya que el agua estaba muy fría y si seguían metidos dentro de ella por mucho más tiempo, al final no lo contarían.
-¡Cebador cargado señor..!- Anunció uno de los muchachos.
-¡¿A qué diantre esperas?, dale de una maldita vez...!- El chico estampó con la palma de la mano, el ancho pulsador de color rojo cerca del cuadro general, una vez que la fuerza de cuatro pares de brazos pudieron mover un escaso centímetro el eje principal en posición neutra. El motor emitió un leve chirrido mientras que unos de los muchachos se afanaba lo más rápido que podía en poner grasa con el engrasador en los puntos de fricción. El eje se empezó a mover en el sentido de contra marcha, entre vítores y palmadas de entre aquellos hombres envueltos en sudor y grasa… No era la primera vez que ocurría una cosa así con alguno de los dos motores del barco, y que milagrosamente se pudo restablecer.
-¡Tenemos contra marcha capitán...!- Se escuchó a Arthur.
-Buen trabajo siga con la operación…- Le informó el propio capitán.
-¡Venga muchachos que no nos pase otra vez.., estaos atentos a cualquier imprevisto...!- El jefe de maquinas no paraba de dar ordenes a sus ayudantes, mientras que el motor auxiliar dejaba de funcionar al cerrar manualmente los controles del cuadro general.
-¡Comunicaciones...!- Se giró el capitán con las manos cogidas a la espalda.
-¡Capitán!-
-¡Manténgame informado sobre como prosiguen los trabajos en la grúa!- Una vez dada la orden, se volvió hacía el sobrecargo.
-¡Baje abajo he infórmeme de cómo siguen los trabajos de recuperación de la captura.., y si los dos hombres caídos ya han sido evacuados del agua…!-
-¡A la orden señor...!- El aludido saludó marcial, saliendo a todo trapo del puente. En ese instante el filipino y José Javier eran sacados del agua, ayudados por un enjambre de brazos y manos, siendo desnudados allí mismo para taparlos con las mantas térmicas, entre tiritones y extremidades casi entumecidas de frío, trasladándolos lo más rápido posible a la enfermaría.
La grúa fue reparada al poco, y los hombres ya no tenían que ejercer fuerza sobre humana, siendo las dos máquinas las que trabajaban a la vez en atraer las redes hacia el barco con la captura, mientras que los portones superiores eran despejados de personal para que estos se abriesen y dar cabida a la inmensa bolsa de red, todo ello bajo los efectos de una tormenta que no tenía visos de menguar, haciendo casi imposible la descarga del pescado, por mucho que los operarios se esmeraban en las condiciones de un mar tan arbolado... Con mucho esfuerzo y sudor, aquellos bravíos hombres, consiguieron colocar la captura en varios contenedores para su posterior despiece, una vez que las redes fueron recogidas y preparadas para otro arrastre, y el portón inferior que constaba de una sola pieza era elevado mediante las bombas hidráulicas, y los portones superiores se cerraban de igual manera, dejando toda la zona de carga y descarga al resguardo del agua que penetraba a raudales por las embestidas de las olas.
El sobrecargo tardó varios minutos en regresar al puente para dar parte al capitán, y cuando éste hizo acto de presencia le informó de lo sucedido a su superior, comentándole que los dos hombres caídos al agua estaban fuera de peligro, y que gracias a la intervención del medico y sus dos ayudantes, pronto estarían recuperados. Cuando el capitán le preguntó quienes eran los caídos al agua, el sobrecargo se lo dijo, y al escuchar el nombre de José Javier Sánchez tanto el capitán Garrido y su segundo, se miraron un instante… Algo iba a comentarle el capitán al teniente Martín, cuando una voz alarmada se dejó escuchar desde el interior de la pequeña sala de comunicaciones.
-¡Capitán.., capitán –era el operador de radió quien se asomó por el hueco de la puerta-, estoy recibiendo un comunicado del portaaviones Vladimir Uchenkov, nos informan que a las 5:00 p. m, un maremoto de escala siete coma dos, ha sacudido el fondo marino cerca de Groenlandia a unas cincuenta millas frente a la costa del Rey Federico….!- El capitán se acercó hasta allí, mientras que el operario de radio le pasaba la nota y escribía otra con una mano, a la vez que con la otra, se sujetaba los auriculares.
-Informan de gran oleaje.., dirección norte sur y que ha barrido la costa oeste de Islandia –el teniente Martín consultaba una carta marina, señalando con el dedo índice las indicaciones del operador-, capitán viene hacía aquí...!-
-¡Identifique cuantos barcos operan por esta zona y déles el aviso...!- El capitán se acercó hasta la mesa donde estaba el teniente y el guardiamarina consultando la carta.
-La noticia llega con cuatro horas de retraso –les miró-. ¡Comunicaciones, necesito más información..!- Gritó en dirección al pequeño cuarto.
-¡Capitán estoy en contacto con el “Neptune”.., un carguero Finlandés que se dirige al Báltico, y está a unas treinta millas al noroeste.., dicen que también han sido informados capitán...!-
-¡Intente ponerse en contacto con el Vladimir.., a ver que más información nos puede dar, e identifique si hay más barcos por la zona!- Dio la consigna el Capitán Garrido, mientras consultaba a ciegas la carta náutica con sus ayudantes, buscando una posible salida.
Los minutos pasaban…
-¡Dios santo capitán.., una ola de entre diez y quince metros.., velocidad ciento cincuenta millas a la hora.., se confirma la dirección norte sur!- Informó el operador mientras seguía recibiendo comunicaciones con otros barcos.
-Señores.., calculo que tenemos cerca de una hora para prepararnos hasta la llegada de la ola.., pongámonos manos a la obra!- Una vez dicho esto, el capitán se irguió mirando a Martín.
-¡Maniobra de evasión.., todo a babor rumbo dos-uno-dos.., avante toda...!-
-¡Todo a babor.., rumbo dos-uno-dos.., avante toda...!- Repitió el teniente mientras accionaba la comunicación interna para hablar con la sala de maquinas y dar las instrucciones, escuchando de fondo el carrusel de maniobras.
-¡Sala de maquinas.., maniobra de evasión.., avante toda...!-
-Ya lo habéis oído muchachos, avante toda...!- Ordenó el jefe de maquinas.
-¡Capitán –interrumpió el operador de radio desde la centralita-, le informo de que hay cinco barcos en nuestra zona.., en un radio de sesenta millas señor.., todos están alertados...!-
-¡Siga a la escucha!- Ordeno el capitán.
-¡A la orden capitán...!- La cabeza del operador desapareció tras el hueco.
-¡Segundo, de la alarma de colisión.., que todos los hombres estén preparados!.-
-¡Atención, alarma de colisión.., alarma de colisión...!- Gritó el teniente a la orden dada por su superior, y al instante la alarma sonó aguda por todo el barco, alertando a los hombres que estaban en el.
-Escúchenme –el capitán Garrido se dirigió a sus oficiales de mayor rango-, si mantenemos este rumbo, la ola nos pillara de popa.., que es donde tenemos menos carga. Hay que terminar de poner toda la captura en los contenedores, y centrarla lo más posible, lejos de la zona de descarga –los otros atendían reflexivos-, e intentar que no se mueva asegurándola con todo lo que se tenga a mano.., sobrecargo de instrucciones a los jefes de equipo de todo lo dicho, y que todo el mundo tenga los chalecos y botes listos, y que se preparen para la llegada de la ola.., que posiblemente serán dos o tres más –miró a sus dos oficiales, que asentían a las ordenes dadas-, lo importante es salvar la primera ola y que las siguientes no nos pillen de costado.., ¿alguna sugerencia caballeros…?.-
-La idea es correcta capitán –intervino el teniente-, pero con el debido respeto señor.., es posible que si pillamos la cresta de la ola hunda el barco por la popa…-
-Tiene razón teniente.., pero no puedo arriesgarme a encarar este barco contra la ola, primero porque si ahora maniobramos con esta tormenta, perdemos un tiempo muy precioso.., y segundo, tenemos la carga en la popa del barco, y al elevarnos por la acción de la ola, podríamos perder mucha estabilidad, y nos hará zozobrar.., mi intención es hacer que este barco haga de patín sobre la masa de agua.., sé que es un riesgo que vamos a correr, pero a mi juicio creo que es la mejor solución para afrontar esta situación…- Los dos oficiales asintieron, poniéndose manos a la obra con las instrucciones recibidas.
El tiempo corría en contra de los hombres, que se apresuraban con los preparativos arengados por los jefes de sección, o en su caso los suboficiales, ayudando tanto unos como otros en las tareas encomendadas. Se repartieron chalecos para todos y los botes que se hinchaban de manera automática estaban preparados y listos para una evacuación lo más rápida del barco, sin saber a que se enfrentaban en aquellos momentos de gran tensión entre órdenes y maldiciones… Los vigías bien aposentados en sus lugares correspondientes, escrutaban ayudados de prismáticos en la dirección indicada, buscando una masa de agua que resultase más elevada que las restantes olas, apurando al máximo la visión entre los enormes y ralentizados relámpagos, que hacían de la noche por espacio de segundos, en luz diurna.
Súbitamente el mar pareció quedarse en calma.., en una extraña calma mientras el cielo descargaba miles y miles de litros de agua entre imponentes truenos y descargas eléctricas, dando la impresión que el “Estrella del Mar” no avanzaba ni un solo nudo.., hasta que divisaron la ola de unos dieciséis metros de altura, dando la alarma al puente y desde allí, hasta el último rincón del barco. Todos se quedaron quietos, aferrados a lo primero que pillaron o entre si, mientras que alguien gritó que aquella masa de agua tenía todos los visos de ser una tsumani… El inmenso barco comenzó a elevarse vertiginoso por la popa, con el consiguiente movimiento de algunos contenedores y diversidad de objetos de mayor o menor tamaño, mientras todo eran rezos en diferentes lenguas por los hombres.., las planchas crujieron, emitiendo espeluznantes chirridos bajo la acción de la inmensa masa de agua, desgarrando alguna que otra brecha en el casco, mientras que fueron innumerables los compartimentos que se abrieron por todo el buque, dejando caer al suelo entre estrepitosos ruidos los diferentes contenidos que en ellos habían. Cuando el agua empezaba a inundar por la fuerza de la ola la popa, el “Estrella del Mar” estaba ya, justo en el vértice de esta, y eso salvó al barco, que incomprensiblemente se quedó suspendido en una décima de segundo en el aire entre el vértice y la bajante de la ola, y hubo quien dijo cuando todo pasó, que llegó a ver las grandes hélices del buque fuera del agua.
La bajante de aquella masa niveló el barco con el consiguiente vaivén de popa a proa, volviendo a mover todo aquello que no llegó a estar bien sujeto, contusionando a muchos de los operarios y a unos pocos de la tripulación, por ejemplo en la enfermería, donde habían bajado de las camillas a los dos caídos al agua, mientras todo eran cristales rotos y estanterías volcadas en derredor, cayendo también el armario de las provisiones medicas e instrumentos, aprisionando las piernas de uno de los ayudantes del medico… La segunda onda marina llegó nada mas nivelado el barco, elevándolo otros siete metros, girándolo una cuarta parte sobre su vertical, repitiéndose los movimientos de voluminosos contenedores y hombres dentro de el, dejando a merced al “Estrella del Mar” de una tercera ola de menor tamaño, teniendo ya la sala de máquinas una cuarta inundada, mientras quienes estaban allí, achicaban agua como podían mediante las bombas. En la tercera embestida, pilló algo ladeado por estribor el barco, inclinándolo mortalmente con el consiguiente peligro de hundimiento, pero aquella ola pasó rauda y sin la suficiente fuerza, volviendo el buque a su verticalidad con nuevos crujidos de planchas y más brechas en el casco de menor importancia, que fueron taponadas con la mayor presteza entre la brigada de mantenimiento y algunos operarios. Y de repente, toda comunicación con el exterior enmudeció tras la bajada generalizada de tensión, dejando la mitad del barco sin luz, y la otra con diferentes bajadas y subidas de voltaje manteniéndose a duras penas, gracias al generador auxiliar, que daba energía a las cámaras frigoríficas las cuales apenas sufrieron desperfectos, por su hermetismo y ajustada colocación del producto una vez acabado.
Los informes llegaban sucesivos a manos del capitán mientras se realizaban las pertinentes reparaciones.., el “Estrella del Mar” estaba herido gravemente, pero tenía cura. Con el paso de aquellas enormes masas de agua, la tormenta comenzó a menguar alejándose por el este, aunque siguió por espacio de varias horas con una fuerte marejadilla, aunque ya no llovía, el viento del nordeste seguía soplando con cierta intensidad… Pronto se restableció la luz eléctrica en el barco, mientras se seguía achicando agua a marchas forzadas en la sala de máquinas y en otros compartimentos donde el agua penetró por las aberturas de las brechas que seguían siendo cerradas a base de planchas aceradas y sopletes de acetileno.
Recuperadas las comunicaciones, se recibió una llamada desde el “Neptune”, informando que un carguero inglés, el “Oddissey” con destino al puerto de Southampton, y cuya última posición lo situaban a unas quince millas al oeste de donde se hallaba el “Estrella del Mar”, había estado enviando llamadas de auxilio, añadiendo el capitán del “Neptune”, que estaba muy preocupado por la suerte del “Estrella del Mar” temiendo lo peor, hasta que las comunicaciones se interrumpieron sin más. El capitán Garrido informó al capitán del “Neptune”, que su sala de maquinas estaba una cuarta inundada, mientras que los trabajos de achique seguían a buen ritmo, y que de momento solamente se aguantaban con el motor auxiliar, hasta que no hubiese un informe más detallado sobre los desperfectos, navegarían a menos de un tercio de potencia, calculando que si todo iba bien, no llegarían al punto indicado pasadas unas tres o cuatro horas. Su homologo le informo que había ordenado dar media vuelta en mitad de la tormenta, para dirigirse hacia la zona donde se recibió la última llamada del carguero inglés, aunque el “Estrella del Mar” por su proximidad, posiblemente llegaría antes que ellos.
Con los primeros rayos del alba, el “Estrella del mar” llegó al punto indicado, teniendo por su popa la recortada y aún difusa silueta en el horizonte del “Neptune”, que a toda máquina llegaba también al lugar del siniestro. No se veía por las inmediaciones carguero alguno mientras dieron unas vueltas en amplios círculos, hasta que uno de los marineros divisó un pequeño bote a una milla escasa por babor, donde recogieron a diez hombres que milagrosamente se habían salvado de la tragedia.., por desgracia los otros veinte –incluido el capitán y su segundo-, perecieron. Los supervivientes una vez atendidos comentaron que todo fue muy rápido, sin apenas poder hacer nada, ya que la primera ola les embistió de costado, volcando el navío y su posterior hundimiento en menos de veinte minutos. De los diez marinos rescatados en alta mar, sólo tres estaban heridos de diferente consideración, ampliando la lista de hombres del propio “Estrella del Mar”, que fueron atendidos en los pasillos del barco por lo la maltrecha que se hallaba la enfermería, siendo cuatro de ellos muy graves, y que necesitaban ser evacuados con urgencia. Gracias a la colaboración del “Neptune” -que por fortuna apenas sufrió desperfecto alguno- y su capitán, los heridos más graves fueron trasvasados al otro navío donde podían ser mejor atendidos, incluso bastantes de sus hombres colaboraron en las tareas de reparación del “Estrella del Mar”, a la espera de suministros, que llegaron cuatro días después desde el aire, en dos grandes helicópteros fletados por Niflix Corporación, demostrando una enorme pericia sus pilotos al descargar en el portón superior, su carga compuesta por medicinas.., comida envasada y media tonelada de recambios varios…
Tanto informativos, junto con los medios escritos de toda Europa, se hicieron eco del maremoto y sus consiguientes efectos marítimos, añadiendo en diferentes artículos, la tragedia acaecida en alta mar, ya que por fortuna las olas causadas por el movimiento en el lecho marino no llegaron a tierra firme con tanta virulencia, provocando en su mayoría daños materiales, salvo parte de la costa norte y oeste de Islandia, que alrededor de unas diez personas perecieron a causa de estas, gracias también a que esa zona era un lugar con apenas densidad de población a excepción de su capital… En España, las dos únicas cadenas televisivas abrieron durante toda esa semana sus informativos, ampliando mediante la ayuda de sus corresponsales desde diferentes puntos de Europa, haciéndose eco –entre otras cosas- de la tragedia del “Oddissey”, y la posterior recuperación de supervivientes por “otros” barcos de la zona, donde si apenas se mencionó la indiscutible intervención del “Estrella del mar”.
Conforme pasaban los días los heridos se iban restableciendo, y las reparaciones se fueron subsanando, gracias a la colaboración de toda la dotación, el buque piscifactoría continuó con su trabajo en alta mar, salvo un pequeño inciso en las faenas decretado por el capitán Garrido, que reunió a toda su tripulación, ofreciendo un emotivo responso por los hombres de mar caídos en acto de servicio.., José Javier que ya estaba recuperado, estuvo presente en el responso, viendo a hombres curtidos en el mar durante años y años de duro trabajo, llorar en silencio por los compañeros que nunca volverían a sus hogares.., incluso se llegó a decir que el propio capitán Garrido lloró mientras escribía en el diario de a bordo, realizando las oportunas anotaciones en el.., y bien que podría se cierto por lo que se contaba, ya que él y el capitán del “Oddissey” eran viejos amigos… José Javier fue llamado al despacho del capitán al día siguiente del responso, y éste se presentó a la hora indicada, acompañado por un integrante del cuerpo de seguridad, el cual se quedó esperando en el pasillo… El muchacho llamó a la puerta dando tres ligeros golpes con los nudillos de su mano derecha, y tras el consabido: -“pase…”-, éste entró, encontrándose al capitán y a su segundo en el interior.
-Con su permiso capitán…- Se cuadró ante los dos oficiales, realizando el saludo pertinente. El capitán estaba sentado en su sillón, mientras que el teniente Martín permanecía de pie a la izquierda del otro, junto al lateral de la pequeña mesa de trabajo del oficial de mayor rango.
-Descanse marinero…- José Javier se asió las manos a la espalda, como manda el reglamento establecido. El capitán Garrido se lo quedó mirando fijamente.
-Ante todo.., ¿cómo se encuentra...?- Éste le ofreció una ligera sonrisa, y José Javier pensó que todo iban a ser flores, entendiendo que aquella visita al “despacho” –por no decir un camarote algo más ancho-, era para darle unas palmaditas en la espalda…
-Bien capitán…- Respondió con la misma sonrisa, gesto que desapareció rápidamente en el rostro del oficial tras un lago suspiro.
-Por lo que veo.., a usted le gusta estar en todos los fregaos que acontecen en este barco…- Desde que entró a la reducida estancia, el máximo responsable del “Estrella del Mar” le habló en un perfecto castellano.
-No.., no sé ha que…-
-¡Cállese.., no le he dado permiso para hablar...!- Ante la leonina salida del capitán, José Javier sintió las piernas temblar, mirando a los dos oficiales con ojos nerviosos.
-¡¿Desde cuando en este barco se desobedece una orden directa de un superior...?, no solo con su acción, puso en peligro su vida y por consiguiente la vida de mis hombres… ¿En qué estaba pensando, marinero…?!- El capitán golpeó con la palma de la mano sobre la mesa tras la inquisición, propiciando un respingo en el muchacho, levantándose el oficial a continuación, para apoyarse en la esquina de la mesa frente a José Javier, mientras que le teniente Martín ni se inmutaba.
-Permiso para hablar señor…-
-¡Más le vale, que sepa explicarse, marinero...!- Le atajó el capitán con cara de malas pulgas y señalándole con dedo acusador.
-Pensé.., lo que me impulso a saltar por la borda fue el socorrer a un hombre que se ahogaba, mi capitán.., e intentar salvarle la vida señor…- José Javier apenas si titubeó.
-Pues para su información le diré que no admito héroes en este barco.., primero el incendio en la cocina y ahora esto...-
-Mi capitán –le replicó el muchacho saltándose el protocolo ante un superior-, le aseguro que de héroe no tengo nada.., solo me movió el ayudar en ambos casos, señor…- José Javier permanecía más rígido que un témpano de hielo mirando directamente a su superior.
El capitán bufó mientras regresaba al sillón.
-Bien –sentenció el oficial de más alto rango-, permanecerá tres días confinado en su camarote.., además se le suspenderá de empleo y sueldo.., tras el castigo preséntese nuevamente ante mi –breve pausa-, puede retirarse marinero de primera…- José Javier saludó marcial a los dos oficiales, saludo que le fue devuelto, abandonando el despacho a renglón seguido. Una vez que se quedaron solos los oficiales, ambos se miraron…
-No podrá negar capitán, que el muchacho tiene agallas…- Le comentó el teniente Martín cruzándose de brazos, sabiendo que entre ellos había bastante cordialidad y no menos camaradería.
-Le aseguro Martín, que la primera vez que vi a ese chico en este barco.., no le daba ni quince días de permanencia en el…- El capitán se levantó con la intención de buscar en el archivo donde figuraban toda la tripulación del buque piscifactoría.
-Usted mismo ha podido comprobar capitán, que son muy satisfactorios los informes que llegan de él…- Se apresuró a decir el teniente, viendo que su superior buscaba aquello que él mismo estaba explicando.
-Ya veo que, se ha adaptado bien a las condiciones del barco.., es disciplinado y ordenado en sus cosas.., se apunta a cualquier trabajo extra, buen compañero...- Hojeó el capitán los informes que tenía en su mano, pasándoselos a su segundo conforme los examinaba.
-Dicen que se pasa casi todas las horas libres en la biblioteca consultando temas navieros.., y le puedo asegurar que es verdad capitán, porque yo lo he visto en más de una ocasión, mientras los demás juegan a las cartas.., es más, incluso el señor “Bigum” está encantado con él.- Le informó el teniente Martín, que apenas miraba las hojas que su superior le ofrecía.
-Vaya.., me sorprende. ¿Y eso…?- Preguntó el otro oficial arqueando una ceja.
-Bueno.., al parecer lo tiene como pupilo suyo en el gimnasio.- Antes de que al capitán le llegase ese pequeño “detalle”, prefirió ser él mismo quien realizase tal comentario.
-¿En el gimnasio…?. Tenía entendido que solo se permitía la entrada a los oficiales.- El capitán dejó de lado los papeles, volviéndose a su segundo.
-Bueno capitán.., ya sabe que apenas nadie va al gimnasio, y el señor “Bigum” en más de una ocasión a propuesto que el gimnasio se habrá para todo aquel que desee ponerse en forma, y…-
-Es verdad que una vez me lo comentó.., incluso obtuvo mi permiso sobre esta cuestión.- Le atajó su superior, recordando aquella entrevista dos años atrás, pero que al parecer no dio los frutos deseados, por la sencilla razón de que nadie tenía ganas de ponerse a sudar, después de una dura jornada de trabajo.
-Ahora entiendo el por qué me ha parecido ver al muchacho mucho más delgado -el hombre se rascó el mentón en gesto pensativo-, bueno teniente.., tenemos otras cosas más urgentes en que pensar y decidir…- Con aquellas palabras, el capitán Garrido dio por concluido el tema.
-Antes de proseguir capitán.., quisiera darle las gracias por haber accedido en ascender de categoría al muchacho.- Le habló franco el teniente Martín.
-Confío plenamente en usted teniente.., y solo me he limitado a escuchar su opinión.., además, tengo que reconocer que el muchacho tiene madera.- Ambos sellaron aquella aceptación con sendas sonrisas aprobatorias, mientras que José Javier ingresaba en su camarote pensando que el capitán se había confundido al llamarle marinero de primera, después del “tirón” de orejas que se llevó en su despacho…
El 13 de Octubre, fue un mal día para el joven ascendido a marinero de primera, no porque tuviese otra riña con su compañero británico en la cocina, mientras que el cocinero pakistaní hacía oídos sordos como tenía por costumbre.., ni que sus ejercicios prácticos de señalización y balizas le saliesen mal… Aquel día cayó en lunes, y a José Javier se le veía decaído y algo apático, aunque no era para menos, ya que era una fecha muy marcada en lo concerniente a lo personal, sin que nadie supiese a excepción de unos pocos compañeros, que se cumplía el primer aniversario de la muerte de su padre.., y eso le estaba afectando más de lo que suponía, sin poder evitar el pensar en ello… En las tres horas que por la tarde le quedaban libres, se metió en la soledad del camarote, tras hacerle saber al señor “Bigum” que ese día no estaba para seguir con la rutina de los ejercicios marcados por el macizo antillano.., y el hombre que a esas alturas se había encariñado con él, lo entendió al escuchar de labios del propio José Javier del por qué de aquel desplante, prometiéndole el muchacho que la próxima vez realizaría el doble de ejercicios… Sentado en su litera, con un bolígrafo en la mano y la tablilla de las tareas programadas de la semana a modo de soporte, pensaba qué podría escribir como nota adjunta a ese ramo de flores que el teniente le había prometido días atrás por mediación de su esposa, y que él mismo le recordó cuando volvió al despacho del capitán Garrido, que tras estampar un par de rubricas, se le hizo entrega de la sobre manga en un bonito color azul marino ribeteada en hilo dorado, acreditándole con marinero de primera clase, algo parecido a un cabo primera del cuerpo de tierra… José Javier no entendía aquello, si en principio él no era ningún militar, pero pronto su homologo Ton Chimel le explicó el día anterior sentados en esa misma litera, que el capitán podía muy bien otorgar ascensos de ese tipo, ya que él, seguía siendo militar aunque fuese en la reserva. Tom también le comentó que de cara al futuro, esto le permitiría acceder sin tener que pasar por ningún tipo de instrucción al escalafón de suboficiales cuando realizase el servicio militar, siempre y cuando perteneciese al cuerpo de marina y tras jurar la bandera…
-Si pero yo no puedo salir a la calle con esta ropa…- Le decía aún sin comprender muy bien todo aquello, tras la entrega de la indumentaria que debería de ponerse cuando así el protocolo lo exigiese.
-¿Cómo que no José Javier...?, ¿verdad que un piloto de aviación civil puede salir a la calle vestido con su uniforme correspondiente y no tiene porqué ser militar…?, pues tú también puedes salir a la calle vestido así, porque ya perteneces a la marinería mercantil…-
-Si Tom.., pero yo recibo una instrucción militar que no corresponde a…-
-Tanto a ti –atajó el inglés-, y a quienes pertenecemos a la tripulación.., y solo a la tripulación, se nos instruye de esta forma, porque el día de mañana puedes escoger dos caminos.., la navegación marítima terrestre o la carrera militar en una base naval.., ¿o es qué aún no lo ves..?, es una doble ventaja y una oportunidad que no debes de perder…- La promesa que ambos se hicieron en los primeros días de navegación estaba dando sus frutos, ya que daba gusto escuchar a Tom Chimel hablar en español, o al propio José Javier en inglés. Con la diferencia de que el primero tomaba aquellas clases de aprendizaje, como una expansión más a sus conocimientos idiomáticos y porque hacía algo más de un año que vivía en Gerona, mientras que el segundo aprendía la lengua de su graciosa majestad por pura necesidad…
-Lo veo.., lo veo…- José Javier evocó sus propias palabras del día anterior, sin haber escrito ni una sola línea en el papel blanco que tenía sobre su regazo, y sin saber realmente que escribir en el…
***************
En el transcurso de esa semana a mucha distancia del “Estrella el Mar”, la vida seguía su curso en las dependencias policiales donde trabajaba el inspector Gutiérrez y su ayudante, con nuevos casos que investigar, sin dejar nunca de lado los pendientes aún por resolver. Se sabía que la guardia civil seguía investigando la desaparición de José Javier con nuevas visitas a la urbanización, indagando entre los conocidos y familiares del desaparecido, con preguntas en base a los informes que tenían en su haber… El sábado por la mañana, después de visitar a un matrimonio de la localidad barcelonesa de Rubí, que había denunciado a unos chicos de etnia gitana, por atacar con navajas y cadenas a la puerta de una conocida discoteca de dicha localidad, a su hijo mayor junto a otros que le acompañaban.., comentaban que cada vez más eran los casos de enfrentamientos entre bandas rivales que se estaban creando entre los gitanos que residían fuera del pueblo y los muchachos de este.
-No sé jefe a donde vamos a ir a parar con esta juventud de hoy en día…- Le decía Carlos al inspector mientras conducía por las calles de la localidad hacia las dependencias policiales.
-Los jóvenes de hoy solo saben que salir de fiesta y emborracharse.., para ellos esta siendo su nivel de vida.., sin apreciar que hoy lo tienen todo…- El inspector giró a la derecha, integrándose en la vía principal.
-Son unos inconformistas hoy en día., y lo único que saben dar son quebraderos de cabeza a sus padres…- Carlos se encendía un cigarrillo, ofreciéndole otro al inspector que rehusó cortés aceptarlo.
-Fíjese por ejemplo en la hija mayor de mi tío –continuó el ayudante-, ayer estuvimos invitados a cenar en su casa, ya que era el cumpleaños de la niña, ¿y sabe cual sería su mejor regalo de cumpleaños, dicho por ella…?- El inspector negó con la cabeza sin dejar de atender la circulación viaria.
-¿Usted ha visto esa serie americana que se llama Vacaciones en el Mar? –el otro asintió con una media sonrisa-, pues la niña se ha emperrado que quiere ser como la actriz que hace el papel de relaciones públicas en el dichoso barco de la serie.., y que cuando tenga la edad, se embarcará en el primer crucero que pille.., ¡imagínese las ocurrencias de mi sobrina...!- Carlos gesticuló en ademán gracioso con sus manos.
-¿Qué edad tiene tú sobrina…?- Preguntó el inspector.
-Ayer cumplió quince años.., y su padre que ya está más que harto de oír la misma cantinela, intenta persuadirla, diciéndole que son bastantes los estudios que debe de realizar para ser una buena relaciones públicas en un trasatlántico.., amén de que como mínimo, no podrá embarcarse hasta los diecisiete años.., siempre y cuando la acepten, cosa que mi tío duda mucho…- El FORD se detuvo a escasos metros de la puerta principal de la comisaría, y el inspector se quedó un momento pensativo sentado en el asiento del conductor.
-¿Ocurre algo inspector…?- Su ayudante abría la portezuela del coche, cuando se dio cuenta de la parsimonia del otro.
-Repítame lo último que me acaba de decir…- Se giró hacia él.
-Qué si le ocurre algo inspector...- Reiteró alarmado.
-No.., no.., lo otro que ha dicho de su sobrina…- Ahora era el turno del inspector en ayudarse con un claro gesto de la mano.
-Pues.., que mi sobrina tendrá que estudiar mucho, si quiere ser igual que la actriz que hace de relaciones públicas del barco –le miraba algo extrañado-, y que si realmente desea ser como ella, no podrá embarcar hasta que no tenga como mínimo los diecisiete años, y eso sin…- El inspector le atajó con un gesto de la mano.
-¡Joder, ahora caigo...!- Golpeó el salpicadero.
-No le entiendo jefe…- Le miró con un deje sorpresivo mientras que su superior se apeaba raudo del coche.
-Vamos a mi despacho.., quiero mostrarte algo.- Mientras se dirigían al lugar indicado, el hombre no quiso decir nada hasta que no tuviese en las manos el expediente de José Javier, y una vez que lo tuvo, comenzó a buscar lo que le interesaba, sin comprender su ayudante de momento a que venía tanto interés…
-¿Recuerdas Carlos –sonrió para si cuando encontró los papeles que aclaraban su inquina-, que en más de una ocasión nos hicimos la pregunta, del por qué el error en la fecha de nacimiento del carné, que a José Javier se le expidió en la calle Mallorca…?- Su superior le mostró las copias de los formularios escritos por el aludido.
-Si.., al final concordamos de que se trataba de un simple error que…-
-No fue un error Carlos.., lo hizo a propósito y ahora estoy más que seguro.- Ambos miraban las hojas sueltas del expediente sobre la mesa del inspector.
-Fíjese.., 1963. Actualmente José Javier tiene dieciséis años, ya que no cumple hasta el mes que viene.., ¿y qué me acaba de decir con respecto a su sobrina?.-
-¡Ahora lo veo...!- Exclamó el ayudante.
-Año de nacimiento 1962.., que es donde figura en su nuevo carné, dejando entendido que en el momento de su desaparición tenía ya los diecisiete años cumplidos.., ¿lo ve?.-
-Si.., pero eso no significa que esté embarcado..- Se rascó la coronilla su ayudante en gesto dubitativo.
-¿Y quién dice que no...? –le atajó raudo-, su tío es agente de aduanas en el puerto ¿no es así..?- El otro asintió.
-Pregúntele si existen empresas navieras que contraten a muchachos a partir de diecisiete años para adelante en Barcelona.- Ambos se miraron mientras que Carlos emitió un sonoro bufido.
-Pero jefe.., eso es una tarea imposible de saber, porque hay muchas empresas que operan tanto en el puerto, como en la ciudad, y que contratan a un montón de gente.., eso es peor que buscar una aguja en el pajar inspector…- Se excusó el otro en un intento por razonar con su superior.
-De todas formas, su tío podría confeccionar una lista y hacerla llegar hasta nosotros.., después investigaríamos por nuestra cuenta…- El inspector guardó de nuevo el expediente en su lugar.
-Bueno.., si cree que hay indicios –se encogió de hombros-, se lo preguntaré a mi tío.., pero ya le aviso jefe, de que esto será una perdida de tiempo y no creo que lleguemos a nada en concreto.- Volvieron a cruzarse sus miradas.
-Pues yo creo que a lo mejor nos llevamos una sorpresa…- El inspector le guiñó un ojo a su ayudante en ademán animado, viendo que éste no las tenía todas consigo.
El día de todos los Santos de ese año cayó en sábado, y el cementerio del pueblo se hallaba abarrotado de gente, que iban o venían depositando ramos de flores a sus seres queridos, en memoria imperdurable hacia aquellos que ya no estaban en el mundo de los vivos. Sobre el mediodía, la familia Sánchez junto con Caridad –la hermana de Elvira-, y uno de sus hijos, se presentaron en el Campo Santo, también con hermosos ramos florales para recordar a quien un año atrás, dejó este mundo tras una corta y fatal enfermedad, cuyos médicos que le atendieron no pudieron hacer nada por salvarle la vida. Describir el estado anímico de Elvira Sánchez ese día, era simplemente contemplar a un ser humano que estaba padeciendo lo insufrible por la perdida de un marido al que quiso muchísimo, y a la incertidumbre de un hijo desaparecido que si bien, por muerto no se daba –al menos la esperanza de volver a verlo con vida nunca se perdía-, comenzaba el quinto mes de su desaparición para desconsuelo en la familia…
Entre Jorge y su esposa caminaba Elvira asida por ambos con cuidado y cariño, caminando en dirección donde se hallaba el nicho del difunto. La mujer se prometió no llorar mientras estuviesen allí depositando las flores, pero no pudo aguantar más, y desde que puso el pie en el cementerio no dejó de sollozar, profiriendo palabras entrecortadas y casi inaudibles. Apenas si se pararon para saludar a conocidos, mientras su hermana y sobrino, caminaban tras ellos junto a los dos nietos de la mujer. Juanita fue la primera que se dio cuenta al acercarse por el pasillo del lado este, que en el nicho de su fallecido suegro, había un hermoso ramo de rosas rojas y blancas ocupando uno de los maceteros metálicos que estaban situados a ambos lados. La mujer se quedó pensativa mientras se acercaban lentamente al lugar donde reposaba en descanso eterno el hombre, y con un gesto de la cabeza, llamó la atención a su marido, dándose éste cuenta de aquel detalle, el cual, una vez parados frente al nicho, le preguntó a su madre si ella había depositados aquellas rosas días atrás. Elvira dijo que no, adoptando el mismo semblante de extrañeza que los demás. Mientras que Jorge buscaba una escalera para subir hasta la quinta hilera, el resto esperó unos minutos con subrepticia impaciencia de miradas anodinas entre los adultos. Jorge apareció con la escalera y pronto subió a los peldaños con semblante intrigado, percatándose en primer lugar de que aquellas rosas aún seguían frescas, y lo segundo fue descubrir un sobre tras el cristal del nicho, apoyado en la lápida junto a otro pequeño ramo de flores plastificadas y embutidas en un jarroncito de porcelana. A Jorge se le encogió un poco el corazón al ver la fotografía de su padre en color sepia, fijada dentro de un marco ovalado de plata, al otro lado del cristal… Abrió el cristal presionando la cerradura simplemente con la yema del pulgar, ya que tan solo se trataba de un simple pestillo y fácil de levantar, sacando a continuación el sobre blanco, mientras que los demás adultos de la familia le miraban cuatro peldaños mas abajo, ensimismados sin perder detalle a sus movimientos. Rasgó con cuidado el sobre, donde no había nada escrito en ambos lados, extrayendo primero lo que parecía una especie de telegrama, el cual leyó primero pasa si, y a continuación lo leyó a media voz ante los demás, formándosele un nudo en la garganta, una vez bajado de las escaleras…
Sé padre que te sentirás orgulloso desde el cielo.
Esto lo he ganado con valentía y honor,
pues tú bien lo sabes.
Solo te pido que cuides desde allí arriba
a todos nuestros seres queridos.
Tu hijo que te quiere y que nunca te olvidará… José Javier.
Inmediatamente, Jorge sacó de dentro del sobre, una tira de unos dieciocho centímetros de larga por dos de ancha en color azul marino ribeteada con hilo dorado, una vez que la familia se apiñó junto a la escalera metálica.
-Es.., es de José Javier mamá…- Atinó a decir, mientras su madre se llevaba las manos al pecho, comenzando a llorar en brazos de su hijo mayor, sabedora de que al menos el segundo de sus hijos estaba vivo, y al poco, muchos de quienes se hallaban en el cementerio se volvieron hacia una mujer que con gritos desconsolados, clamaba por su hijo desaparecido, besando con ojos cerrados aquella tira de tela entre sus manos, sin saber bien que significaba aquello.., mientras que los demás componentes de la familia se hacían cábalas de cómo habían llegado hasta allí las flores y el sobre. Bastantes de los conocidos se acercaron hasta Elvira y los suyos con semblantes a priori preocupados, que pronto fueron reemplazados por otros rostros entre diferentes estados de ánimo, siendo el más generalizado el de la esperanza… Ese mismo sábado durante toda la jornada, Jorge intentó ponerse en contacto telefónico con el inspector Gutiérrez, pero no lo consiguió, qua ye era evidente que el policía estaba fuera junto con los suyos en un día tan señalado. Al día siguiente lo pudo localizar en su casa, comentándole el hallazgo y el policía le dijo que se pasaría lo más pronto posible. Durante ese fin de semana, fueron bastantes los vecinos y conocidos que enterados por la buena nueva, se acercaron hasta la torre de la familia Sánchez para obtener más detalles.., entre aquellas personas, algunos Medianos se pasaron por allí, y por supuesto Carolina, que estuvo un buen rato la tarde del domingo en la torre junto a la madre de José Javier. También se hallaba Elizabeth, mientras hacía tiempo a que sus padres recogiesen los bártulos con la intención de regresar a Barcelona, para alegría en Carolina, desconocedora de la estrecha amistad que existía a esas alturas entre Elvira y la guapa amiga…
Jorge Sánchez se ausentó del trabajo por unas horas cuando su madre le llamó por teléfono, indicando que al mediodía el inspector se pasaría por la torre tal y como prometió. Cuando el FORD se detuvo, Elvira y su hijo mayor esperaban en el comedor saliendo al exterior nada mas cerciorarse de la presencia del policía y su ayudante en la verja pequeña. La mujer les preparó café a todos, mientras que los recién llegados examinaban la tira de tela y el cablegrama… A priori no era la letra del muchacho, pues estaba escrita a máquina, pero si denotaron que aquello no se trataba de ninguna clase de broma de mal gusto, como llegó a insinuar Jorge Sánchez. Tenía toda la pinta de ser una buena pista a seguir, y más cuando observaron que el origen de dicho cable tenía unas curiosas inscripciones en forma de coordenadas a base de números y letras mayúsculas, también resaltaba al pie del escrito las iniciales:
-Fr.S of S…- Leyó por enésima vez el inspector, desconocedor en esa hora de que aquellas iniciales, enunciaban en inglés.., “From Star of Sea”, o lo que es lo mismo, desde el “Estrella del Mar”,
-¿Qué querrá decir inspector...?- Preguntó Jorge, mientras los dos policías se miraban cautos.
-Esto es muy parecido a un telegrama –indicó el ayudante del inspector-, y puede observar que aquí dice bien claro, Cablegram.., esto solo se utiliza entre continentes o en su caso…-
-¡Desde el mar…!- Exclamaron al unísono los dos policías, que por esas fechas sabían que uno de los puntos fuertes podría se perfectamente, el que José Javier estuviese embarcado.
-¡Claro inspector fíjese.., esto de aquí arriba son coordenadas marítimas estoy seguro.., y desde estas coordenadas se mandó este cablegrama…- Tanto Elvira y su hijo, escuchaban aquellas palabras mitad esperanzados, mitad ilusionados.
-¿Qué quiere decir eso de coordenadas marítimas...?- Preguntó la mujer con el alma en vilo, mientras se aferraba con ambas manos al brazo de su hijo.
-Verá señora Elvira –contestó el inspector-, tenemos fundadas sospechas de que su hijo esté embarcado en algún buque mercante o algo por el estilo…-
-¿Y cómo que no se nos ha informado de ello inspector…?- Atajó el hijo de la mujer bajo un semblante sombrío.
-Porque de momento nuestras indagaciones son lentas y laboriosas.., eso sin contar que tenemos otros casos abiertos, espero que ustedes lo entiendan…- Se excusó el hombre viendo en Elvira un gesto de apoyo a sus palabras, dando a entender la mujer que comprendía el intrincado trabajo de investigación que a veces tenía que efectuar la policía.
-Y esto, estoy seguro de que es una sobre manga…- Aclaró el joven ayudante mientras cogía con su mano derecha la tira de tela algo gruesa.
-¿Una sobre manga, Carlos…?- En esta ocasión el de las preguntas era Gutiérrez.
-¡Claro inspector.., ¿no se acuerda de que mi tío es...? –se quedó abruptamente callado-, ¿me permite señora Elvira que haga una llamada...?- Preguntó a la vez que se levantaba de la silla.
-Claro.., por supuesto…- La mujer apenas si articulaba palabra a causa de los nervios que empezaban a florecer en su interior. Carlos miró un instante a su superior, esperando a que éste diera su consentimiento.
-Si a usted no le importa señora.., ¿pero a quién vas a llamar?- Quiso saber Gutiérrez.
-A mi tío, que él sabe de esto como un libro abierto…- Ni corto ni perezoso, comenzó a marcar un número telefónico que tenía apuntado en su agenda personal, al que pronto le dieron una extensión para ponerse en contacto con la persona solicitada. Cruzó los dedos y volvió a marcar…
Durante mes y medio, el “Estrella del Mar” faenó por las inmediaciones de Fisher Bank, una zona marítima rica en pescado a esas alturas del año. Pero unos días atrás, se respiraba un ambiente de cierta euforia entre la dotación que componía el buque.., haciéndose mas patente entre los hombres de que el día 200 pronto iba a llegar… El 2 de Diciembre de 1980, la campana del “Estrella del Mar” que tanto recordaba en José Javier, a la que se hallaba en casa de su amigo Sergio, sonó puntual a las doce señalando el mediodía, aunque en esta ocasión, sus tañidos indicaba algo más…
El capitán se hallaba sobre una pequeña plataforma junto a su segundo a la derecha y el señor “Bigum” a su izquierda. Frente a ellos, un nutrido grupo de personas se apiñaban de pie en el pontón superior, esperando con incipiente nerviosismo las palabras del capitán, y entre ellos José Javier, vestido con su nuevo uniforme a requerimiento de su inmediato superior.
-Caballeros.., –miró a los pocos oficiales de su tripulación-, hombres de mar.., –alzó un poco más la mirada, para observar a los operarios que en numero mayor, se apelotonaban con cara de frío, a causa de la incipiente brisa marina-, en nombre de Niflix y del mío propio, les quiero agradecer su esfuerzo.., su trabajo.., y su pundonor –se escucharon algunas toses-, hoy es un día esperado por todos, pero no debemos de olvidar a aquellos que no volverán a sus casas…- El capitán se expresaba en un perfecto inglés.
-Han sido días duros –prosiguió con voz firme-, y hemos vivido situaciones de gran peligro.., porque nunca me cansaré de repetir, que el mar no nos quiere, y sabe muy bien que le robamos su más preciado tesoro.., para que nuestras familias se puedan llevar a la boca, el pan de cada día –realizó una breve pausa-, nadie mejor que nosotros podrá decir lo que hemos vivido y sufrido en estos duros meses.., pero nuestro trabajo se ha cumplido, y nuestras cámaras frigoríficas están a rebosar, dando por bueno el trabajo que con sudor y esfuerzo se ha realizado…- El capitán asió el intercomunicador que le pasó su segundo…
-¡Sala de máquinas...!-
-¡Sala de maquinas, capitán...!- Le contestó con tono alegre el responsable de aquella sección.
-¿En qué estado se encuentran los motores del “Estrella del Mar”...?- Preguntó el capitán a sabiendas de que funcionaban a la perfección, después de las reparaciones y cambios efectuados en ellos.
-¡Como una seda capitán...!- Respondió el otro.
-¡Puente.., aquí el capitán...!- El murmullo comenzó a aumentar entre los hombres que estaban reunidos en el portón superior.
-¡Puente, señor...!-
-Marque nuevo rumbo, dos.., cero.., cero.., avante toda...!- Ordenó enérgico el oficial de mayor rango, mientras que José Javier recibía un pequeño y solapado codazo de parte del marinero Luis Soanes. El “agredido” se giró un poco, observando la sonrisa de su compañero mientras le guiñaba un ojo, por fin nuestro amigo, supo lo que significaba el día 200…
-¡Marcando nuevo rumbo, dos.., cero.., cero… Avante toda!- Se repitió desde el puente, mientras se escuchaba claramente el característico ruido de carraca en el carrusel de trasmisiones, y el suelo vibró bajo los pies de aquellos hombres a tomar los motores la máxima potencia desarrollada por el navío. En realidad lo que el barco realizaba en esos instantes era un amplio giro de ciento ochenta grados, y no la nueva demarcación solicitada por el capitán, que simplemente se atenía a la costumbre, siendo el mencionado rumbo, un simbolismo enmarcado dentro de dicho acto protocolario…
-Si así Dios lo estima oportuno –prosiguió el capitán-, en estas fechas venideras tan señaladas, estaremos junto a nuestros seres queridos…-
-¡Por el amor de Dios capitán, dígalo ya...!- Alguien levantó la voz de entre los operarios que ansiosos no podían contenerse por mas tiempo, expectantes a la frase definitiva. El capitán sonrió tenue…
-¡Caballeros.., hombres de mar… We back go home...!- Al instante de escuchar aquella frase tan ansiada por todos, estalló el júbilo y los aplausos de unos, mientras se abrazaban llenos de alegría los otros, lanzando gorras al aire –de las que por cierto, algunas fueron a parar al mar-, para nuevos abrazos y risas. Por fin la dotación del “Estrella del Mar” regresaba a puerto, o lo que es lo mismo.., volvían a casa. José Javier fue estrujado entre abrazos por sus compañeros, y él también los devolvía entre sonrisas y exclamaciones jubilosas, dejándose arrastrar por tan eufóricos momentos, y para cuando el portón se iba despejando de gente, el muchacho observaba pensativo la imponente y majestosa estela de espuma que el barco dejaba tras de sí, haciéndose a la idea de que regresaba al hogar.., a la urbanización y a la vida que un día dejó atrás de forma sibilina.., sabía que tarde o temprano el regreso tendría que llegar.., -“¿pero realmente estoy preparado para volver...?”- Se preguntó en silencio, mientras observaba la blanca espuma difuminarse a lo lejos, tras el paso del barco. Sintió el contacto de una mano sobre su hombro izquierdo.
-¿Contento, marinero de primera...?-
-Claro.., mi teniente…- Respondió nuestro amigo tragando saliva, mientras que el aludido denotó cierta oquedad en aquellas palabras.
-Este día tenía que llegar muchacho…-
-Lo sé mi teniente.., lo sé…- Suspiró José Javier tirando la colilla al mar, y encontrándose unos ojos que le miraban directamente.
-No te preocupes.., ya verás como todo sale bien.- Al escucharle José Javier solo pudo sonreír en ademán apocado, sintiendo un temor reverencial en sus entrañas, desconocedor de lo que le deparaba a partir de ese momento su futuro, no solamente en el ámbito laboral, era mucho más que eso…
El “estrella del Mar” llegaba al puerto de Rótterdam el 18 de Diciembre a primera hora de la mañana, con sus cámaras frigoríficas a rebosar, sonando sus bocinas conforme pasaban por el canal, mientras que algunos marineros y operarios se asomaban por las barandillas de los diferentes niveles del barco, saludando a diestro y siniestro cual travesía de placer, y en el fondo no era para menos, después de seis duros meses de trabajo sin pisar tierra firme… Tras los permisos para desembarcar llegaron las despedidas.., el intercambio de regalos a modo de recordatorio y los buenos deseos –mayormente entre los católicos-, para las fiestas navideñas que se aproximaban. Tom Chimel se marchó vía aérea a Londres, y así pasar las navidades junto a sus padres, que vivían muy cerca de la capital.., los dos holandeses simplemente se fueron, como quien dice, andando a sus respectivas casas, ya que ambos eran de allí. Luis Soanes se quedó unos días más en Rótterdam, con la intención de agilizar los papeles –al igual que otros-, para volver al barco a finales de Enero, finiquitando dicho asunto… José Javier no renovó la contratación, ya lo tenía decidido bajo la influencia del teniente Martín, que le aconsejó que era mejor quedarse con los suyos durante una buena temporada, y si decidía regresar al barco, él ya sabía donde encontrarlos.., de momento tanto el muchacho y su superior, regresarían a Barcelona como llegaron, en coche. Pero antes de despedirse definitivamente, los muchachos se hicieron fotografías en el muelle al pie mismo donde el barco estaba atracado, ya fuese en grupo o en solitario.., todos vestidos con sus mejores “galas”, ya que la ocasión así lo requería, para poder impresionar un poco a los seres queridos, sumando aquellas instantáneas a las decenas que se realizaron en alta mar, ya fuese mediante la cámara de Tom, o en su caso la del teniente Martín, prometiendo los implicados, que ellos se encargarían de revelarlas y hacer las oportunas copias para quien quisiese… Con la paga del último mes que recibieron, tanto el teniente y José Javier, compraron algunos regalos para sus familiares y algo para ellos mismos, como la cámara de fotos Minolta de la cual José Javier se “enamoró” nada mas verla en el escaparate de la tienda de revelado, pero no le llegaba.., siendo el propio teniente quien le adelantó una parte del dinero para comprarla.
Se alojaron ese día en una pequeña pensión de la ciudad que el teniente conocía, y por la tarde mientras su superior regresaba al barco para ultimar algunos detalles con el capitán Garrido, José Javier se dedicó a pasear por tan hermosa –y fría- ciudad. Al día siguiente tras recoger las fotografías ya reveladas y unos encargos de última hora, los dos marineros comieron en la pensión para abandonar la ciudad en el FORD “Taunus”, que tras seis meses de estar parado, arrancó a la primera, gracias a los cuidados –y una más que generosa propina-, del encargado de tan inusual aparcamiento.
El capitán Garrido fue el último en abandonar el barco una vez que todo estaba despachado, ahora era el turno para el personal de mantenimiento de la multinacional Niflix, en acondicionar el navío para la nueva salida programada a finales del mes siguiente. Esa noche durmió por invitación expresa, en casa de unos de los jefazos de Niflix, que vino a buscarle personalmente al muelle.., y al día siguiente tomaba un avión con destino a Valencia, donde le esperaban su esposa y sus cuatro hijos para pasar juntos, la Navidad de ese año…