LA MALA ESTRELLA
Durante la semana siguiente, José Javier pensó muy a menudo en el anuncio del diario, del que por cierto, fue a parar al montón de periódicos y revistas atrasadas que se apilaban en el cuarto de los trastos. Cuando la cantidad era considerable, el muchacho se sacaba unos durillos, vendiéndolos a un señor mayor que pasaba una vez al mes por la urbanización, comprando toda clase de trastos y enseres inservibles, amén de papel. No hacía mucho que había pasado el hombre, martilleando una especie de campana adosada a la ventanilla del conductor de su desastrada furgoneta, señal inequívoca de que el “chatarrero” estaba por la zona. Así que el montón de papeles apilados era escaso en esos momentos, y el muchacho debería de esperar un poco más hasta poder llevarse al bolsillo unas cincuenta pesetas, siendo un preciado y precioso botín, que al menos le sufragaba en buena parte un paquete de cigarrillos.
Ese viernes tuvo la oportunidad de ir a Barcelona, aprovechando la ausencia de su madre en todo el día, pero se arrepintió a última hora por miedo a perderse en la Ciudad Condal, ya que nunca la había pisado en solitario, además desconocía por completo la situación de las calles, y eso de ir preguntando a los transeúntes desde la calle Rocafort, que era el final del trayecto del autobús, hasta Diputación 360, no iba con él. Si al menos hubiese tenido una guía de la ciudad…
Llegó un nuevo fin de semana, y con el, la gran mayoría de chicos y chicas del grupo. José Javier, aprovechando que ya era domingo por la tarde, y los chicos pronto se marcharían de nuevo a sus casas de Barcelona los unos.., o a Hospitalet los otros, le pidió a Carolina si tenía un minuto para hablar con ella a solas fuera del “Bingo”, con la intención de preguntarle si tenía por casualidad una guía de calles de Barcelona. Ella quiso saber para que la necesitaba, y éste le contestó con una verdad a medias.., sentía la curiosidad de conocer más o menos el callejero barcelonés, nada del otro mundo. La chica le prometió que para el fin de semana siguiente le regalaría una, cosa que José Javier le agradeció con un sonoro beso en la mejilla. Ella se lo quedó mirando un instante tras el beso, adoptando un semblante complacido.
-¿Qué…?- La miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Sabes que es la primera vez en mucho tiempo, que te he visto tan.., no sé.., tan…?.- Ella se rascó la barbilla en aire dubitativo.
-¿Simpático tal vez…?. El muchacho enarcó las cejas.
-¡Si eso.., simpático es la palabra!.- Los dos seguían frente a frente, a escasos metros de la puerta del “Bingo”, en cuyo interior algunos del grupo se lo pasaban en grande con otra andanada de chistes a cargo del “Cegatón”.
-Humm… Quizás sea porque el “Cegatón” sabe animar a todos…- Se encogió de hombros, mirando de reojo un instante hacia el interior de la caseta, a la vez que hacía el amago de caminar en dirección a la calle.
-¿Te vas ya…?.- Ella le asió por el ante brazo.
-Si.., anoche no podía conciliar el sueño, y me quedé dormido a eso de las cuatro y media, o cinco de la madrugada, y…-
-¿Sigues pensando en ella, verdad…?- Carolina le tenía aún asido, y a José Javier le pareció que tras la pregunta, ella apretó su mano un poco más. Él dejó de sonreír por arte de magia, adoptando un semblante más serio.
-Si te dijese que no te mentiría, pero es por tantas cosas…- Suspiró con cierto pesar.
-Bueno.., ya verás como todo pasará, y terminarás por olvidarte de ella. Además.., Ángela no te llega ni a la suela de los zapatos…- Se cruzó de brazos con gesto severo.
-Mujer que cosas tienes…- Carolina adivinó un tenue rayo de luz en los ojos de su amigo, a la vez que volvía a florecer otra sonrisa en su rostro. Sin que ella tuviese tiempo de reacción, él le colocó sus manos sobre los hombros, y atrayéndola para si la besó en la frente.
-Te debo tanto “Carol”…- Ni por asomo ella se imaginó la reacción que tuvo el muchacho, y nada más había que ver la cara de satisfacción que se le quedó. José Javier le guiñó un ojo y sin mediar palabra, comenzó a andar por el camino que discurría a través de la parcela en dirección a la calle. Transcurridos unos cinco pasos la escuchó reír, con aquella risita tan característica en ella, se giró un momento para verla allí, de pie con las manos asidas sobre su pecho.
-Ya nos veremos la semana que viene.., y despídeme de los demás… ¿Lo harás por mí?.- Ella asintió leve con la cabeza, sin apartar sus manos del pecho, viendo unos segundos más tarde, desaparecer a su más que amigo, calle arriba.
Cada lunes.., miércoles y viernes, Elvira cogía el autobús de línea a Barcelona para trabajar en casa de una anciana ricachona y viuda, igual que ella en lo segundo, realizando las tareas de la limpieza. Se levantaba sobre las siete de la mañana, para andar los mil seiscientos metros, que la separaban hasta el pueblo donde se hallaba la parada del autobús, aunque a veces, se encontraba con el señor Amadeo, uno de tantos vecinos de la urbanización, que también sobre esa hora se iban a sus respectivos trabajos, y cuando el hombre la veía, paraba su coche para que ésta se montase en el, y dejarla a la entrada del pueblo ahorrándose tan temprana caminata. Elvira Sánchez sólo tenía elogios para su vecino que tan buena persona era para ella.
Por esos días, los ánimos en José Javier se asemejaban a una montaña rusa. Tan pronto estaba pletórico con la idea de poder vivir “la experiencia más grande de su vida”, como todo lo contrario… Se ahogaba en un vaso de agua a la primera de cambio, pensando que todo aquello de trabajar bajo las condiciones exigidas, con nula experiencia, y sin poder aportar los requisitos que para ello se solicitaban. No lo tenía claro del todo, dándole demasiada importancia al miedo por lo desconocido.., y eso le tiraba para atrás en muchas ocasiones. Así se pasó toda la semana, mientras que su madre, acostumbrada ya a los cambios de humor de su hijo, apenas si le decía palabra alguna. Carolina se presentó en su casa el viernes a media tarde con una guía –bastante nueva- de Barcelona, cumpliendo así su promesa. Pasaron un buen rato juntos hablando de cómo les iba a Ángel y a ella.., del instituto, y otras cosas sin demasiada relevancia. La chica se despidió de él, sabedora de que su novio llegaría pronto a la urbanización, y ardía en deseos de verle, para comenzar otro fin de semana junto a su querido Ángel. Para cuando el muchacho se quedó solo, un regusto a envidia se le apoderó en el estómago, pensando en la suerte que tenía Ángel con respecto a su chica.., eso sin contar a Ramón.., “Jualín”.., en definitiva, todos aquellos de su grupo que alardeaban de tener novia.
Aquel sin sabor, hizo que José Javier no saliese esa noche en busca de sus amigos, tampoco ninguno de los que ya estaban en la urbanización hicieron por ir a buscarle, puesto que, ya estaban acostumbrados a los plantones, negándose a salir con cualquier excusa. Y en el fondo el muchacho lo agradeció. Así que se dedico a estudiar la guía con cierta avidez, tomando notas.., buscando las direcciones que le eran de su interés.., las combinaciones de autobús o de metro para llegar hasta dichas direcciones… Se empapó de guía al resguardo de su habitación, hasta que le volvieron a dar las tantas de la madrugada, durmiéndose con ella sobre el regazo, con el convencimiento de que quizá podría vivir esa experiencia tan fantástica, en su apesadumbrada vida.
El lunes 28 de Abril, se pasó buena parte de la mañana descolgando y volviendo a colgar el teléfono, pensativo y temeroso, dado vueltas por el solitario comedor de su casa. Al final se armó de valor, y marcó en número telefónico de “Fríos del Mediterráneo”, empresa asociada a “Niflix Internacional” en Barcelona, sita en la calle Diputación 360… Se puso al otro lado del hilo telefónico una amble señorita, que le informó sobre los pormenores para una cita en dicha dirección, confirmándole que los requisitos pedidos en el anuncio del diario eran los correctos, para desasosiego del muchacho, que aceptó presentarse en el citado lugar el viernes de esa misma semana a eso de las diez de la mañana…
Buscó en la guía el teléfono del ayuntamiento Barcelonés donde creía que se expedía el DNI., y las tramitaciones necesarias, para conseguir un pasaporte, sin caer en la cuenta que este apartado, sólo se realizaba en según que dependencias policiales. Él tenía el convencimiento que todo esto se realizaba en los ayuntamientos, al igual que sucedió la primera y única vez al tramitar su DNI. Encontró dos centrales policiales donde se expedía este tipo de documentos, uno en la calle Balmes.., y otro en la calle Mallorca, decantándose por el segundo lugar, decidiendo que se pasaría por allí el miércoles de esa semana, aprovechando la ausencia de su madre…
Cuando entró a las dependencias policiales, el lugar era vetusto y olía a viejo. Un mostrador de madera que al muchacho se le antojó largísimo, dividía a los oficinistas del público que allí se congregaba, guardando el turno de manera respetuosa en las diferentes áreas, señaladas por grandes cartelones que colgaban del techo, a una altura prudencial sobre el mostrador. José Javier guardó su turno tras dos personas que antes de él, esperaban a ser atendidas, sintiendo los nervios atenazarle la boca del estómago, cada vez que leía en el cartelón: “Tramitación de DNI”. Pasados unos veinte minutos de miradas fugaces al que fue el reloj de pulsera de su padre, y pensando que no le iba a dar tiempo ni de coger el autobús de la una y cuarto de regreso a la urbanización, le tocó su turno…
-Buenos días, ¿viene a renovarse su carné de identidad…?- Le preguntó cortés un hombre tras la tarima, que a juicio de José Javier, tendría unos cuarenta años y vestía por completo de paisano. El muchacho, que se había estudiado a conciencia todo cuanto iba a decir, tragó saliva pensando en que ya no había vuelta atrás, y haciendo gala de total normalidad, comenzó a hablar…
-Buenos días señor.., verá, es que de camino a casa de mi tía, un chico mayor que yo, me ha robado la cartera con todo lo que llevaba encima…- Puso cara de corderito apaleado, creyéndose él mismo su propia mentira.
-¿Ha formulado usted la denuncia…?- Le atajó el hombre con cierto deje de aburrimiento.
-Bueno.., pues a eso venía. Y ya que estoy aquí, quería hacerme un nuevo carné de identidad…- José Javier tuvo un mal augurio, pensando que a lo mejor se estaba colando de listo.
-Primero debe usted de formular la denuncia aquí al lado.., pregunte al policía de allí, el que está en la puerta y después vuelva con la copia de la denuncia…- El funcionario compuso cara de disgusto, al mirar el reloj de pared que estaba a espaldas de José Javier, observando iracundo, que aún no habían dado las doce del mediodía.
-Y ahora si hace el favor…- Con un leve gesto de la cabeza, le indicó que se apartase para dejar el turno a una chica de unos veinte años, que estaba detrás de él.
-Gra.., gracias señor…- Y con estas, se dirigió al policía que estaba controlando las entradas y salidas de las personas en el local junto a un detector de metales. Una vez realizadas las indicaciones oportunas, José Javier se pasó cuarenta y cinco minutos realizando la denuncia en la comisaría que justo se hallaba al volver la esquina, siendo todo en su conjunto, los bajos y el primer piso del bloque que hacía esquina con la calle Enrique Granados. Regresó con la copia de la denuncia al mismo lugar del gran mostrador, pensando que el autobús de la una y cuarto lo había perdido, y el siguiente no saldría hasta las dos y media.., y si no llegaba a tiempo, tendría que esperar al de las cinco de la tarde, sin un duro en el bolsillo –salvo el correspondiente al ticket de vuelta-, y sin poder gastarlo en comer… Pronto le tocó su turno, colocándose frente al mismo hombre, que le recordó casi al instante cuando éste le mostró la hoja de la denuncia.
-Bien.., deberá rellenar esta hoja con letras mayúsculas y bolígrafo azul.., dos fotografías tipo carné.., y quinientas pesetas en tasas… Cuando tenga esto, regrese y le daré un resguardo con el que podrá acreditar que está su DNI en tramitación…- El hombre hablaba de forma autómata.
-¿Cuándo podré recoger el nuevo carné...?.- Preguntó el muchacho.
-Calcule alrededor de un mes a partir de que me traiga el papel rellenado.., las fotos.., y el dinero, y si apareciese antes el carné robado, tráigalo. ¿Algo más…?- Le preguntó bajo hastiado suspiro.
-Verá.., también estaría interesado en hacerme un pasaporte.., y no sé que debo hacer para…- Las manos comenzaron a temblarle ligeramente, era el momento de poner a prueba “su” historia.
-¿Un pasaporte?. ¿Qué edad tiene usted joven…?.- Enarcó el hombre las cejas.
-Diecisiete años señor…- Mintió descarado.
-Vaya un menor de edad.., en ese caso lo tiene usted algo complicado… Lo mejor que puede hacer, es informarse dos letreros más allá, donde pone tramitación de pasaportes…- Le señaló con el dedo hacia el lugar indicado.
-Gracias de nuevo señor…- José Javier torció el gesto mientras se dirigía al siguiente lugar de destino en el mostrador, pensando que todo estaba perdido después de escuchar al hombre. No había nadie guardando la tanda bajo el letrero de iguales características que el anterior. Carraspeó ligeramente, para llamar la atención en este caso a una mujer de mediana edad que tras su porción de mostrador, apuntaba algo en unas hojas, tras atender a un anciano de gruesas y blancas cejas.
-Buenos días señorita…- La mujer alzó la mano sin mirar al muchacho en señal de respuesta, dando a entender que enseguida le atendía.
-¿Qué se le ofrece joven…?.- Le pilló de sorpresa la pregunta de la mujer, ya que estaba distraído observando a su alrededor.
-Verá señorita.., quería informarme de cómo puedo obtener un pasaporte para mi…- Ésta le miró frunciendo el ceño.
-¿Un pasaporte…? ¿Qué edad tienes…?.- Parecía evidente que la edad del sujeto era una pieza clave.
-Diecisiete años, señora…- Volvió a mentir.
-¿Y el motivo para dicha obtención…?- Quiso saber la mujer a modo protocolario. José Javier carraspeó otra vez, en un intento de darse tiempo en ordenar sus pensamientos…
-Es que –comenzó a decir-, tengo unos tíos en América que han pasado la Semana Santa en mi casa.., y se han empeñado en que les devuelva la visita estas vacaciones de verano.., y la verdad, a mí me haría una gran ilusión.., pero ellos dicen que necesito un pasaporte internacional o algo así –José Javier se coló de listo, ya que lo “internacional” que necesitaba era la cartilla de vacunación-, ya que mis tíos viven en California…- Breve y tenso silencio por parte de José Javier, intuyendo que aquella mujer no parecía dar crédito a “su” historia.
-¿Y dices que lo necesitarías para las vacaciones de verano…?- El aludido sonrió afirmando con la cabeza.
-En ese caso deberás de darte prisa.., porque es algo complicado y farragoso el obtener un pasaporte, y más tratándose de un menor de edad como en tu caso…- Mientras hablaba, ésta empezó a sacar hojas de debajo del mostrador.
-Preste atención joven –se levantó de la silla-, deberá de rellenar estas dos hojas con sus datos personales –le señaló dichas hojas tamaño folio-, además necesitará dos fotografías.., copia y original del libro de familia.., una autorización firmada por sus padres o tutores, además de presentar copias de sus respectivos DNI…- La mujer miró al muchacho cuando éste alzo un poco su mano, llamándole la atención.
-Verá señorita.., mi padre murió hace algunos meses y…-
-Entonces necesitaré el certificado de defunción de su padre y la copia…- José Javier afirmó con cara pesarosa ante tanto papeleo.
-También deberá traer un certificado médico y otro de penales…-
-¿De penales..?- Preguntó con extrañeza.
-Si.., aquí puede observar –señaló al apartado correspondiente-, que necesitaré un papel escrito y sellado, el cual especifique que no és prófugo de la ley, y que no ha estado detenido por antecedentes de segundo grado…- A José Javier se le abrieron los ojos de perplejidad tras las palabras de la mujer.
-Señorita.., yo no he estado en la cárcel, ni nada de eso…- Balbuceó, ante la sonrisa lastimera que se le formó a la funcionaria.
-Bueno.., eso se verá cuando traigas el certificado, que también puedes pedir –le tuteó-, si lo deseas en el cuartel de la guardia civil más próximo a tu lugar de residencia…- Declaró con cierto ápice de prepotencia.
-Es que donde yo vivo no hay ni juzgados ni guardia civil…- José Javier a esas alturas lo veía todo perdido, y su semblante así lo aparentaba.
-¿Dónde vives muchacho…?- Éste se lo dijo, y la mujer le pidió que le esperase un minuto para poder consultarle a su superior... Tras una tensa espera, apareció de nuevo con una sonrisa tranquilizadora.
-Bien.., en el caso que nos atañe, puedes presentarte en el ayuntamiento de tu pueblo y pedir el certificado al juez de paz.., también es válido.- José Javier suspiró aliviado.
-Una cosa más señorita.., ¿lo podré tener para antes del verano?, y ¿cuánto me costará…?- Preguntó mientras enrollaba los papeles con las manos.
-Una vez presentada toda la documentación aquí en el mostrador.., y tras realizar las diligencias pertinentes, calcula que entre un mes y mes y medio.., y por el coste, tendrás que abonar, incluidas tasas –realizó unos rápidos cálculos mentales-, alrededor de doscientas pesetas, que tendrás que hacer efectivas una vez presentado todo los papeles que se te reclaman… Y el resto del dinero al retirar el pasaporte en ventanilla. Calcula que todo te saldrá por unas mil setecientas pesetas…- La funcionaria volvió a sonreír sin ganas. Y tras darle las gracias por su tiempo, José Javier se marchó con el alma en vilo, pensando que no cogería el autobús de las dos y media…
Una vez montado en el autobús de vuelta a su casa, repasó los papeles que le entregaron, pensando que todo aquello era una verdadera pérdida de tiempo, y que nunca le darían un pasaporte, y menos, sabedor de que había mentido con respecto a su edad… Ya se veía detenido y encarcelado por tan infame invención, tratándose de algo tan serio como la obtención del DNI, o peor aún, un pasaporte en toda regla…
Necesitaba convencerse de que era capaz de realizar aquello que se había propuesto.., quería vivir esa experiencia tan “maravillosa” en su vida.., y por ende, el reconocimiento de su familia de que podía trabajar y ver a su madre orgullosa de él, pero a esas alturas no calculaba el precio que debería de pagar tanto él, y las personas que le rodeaban, convencido, que a nadie le iba a contar lo que tenía entre manos… Pensó en el dinero que costaba obtener tanto el DNI y el pasaporte –si es que se lo daban-. Dinero que no tenía, a excepción de las quinientas pesetas, que de seguro podría conseguirlas tras romper su hucha… Por lo demás, como no se lo quitase a su madre.., cosa improbable ya que ella se daría cuenta, pensó en pedirle el dinero a Carolina a modo de préstamo… No en vano, se pasó todo el trayecto rumiando que nueva “historia” le contaría a su amiga, y lo más peliagudo, cuando se lo devolvería, si es que llegaba ese día…
Al día siguiente, se presentó en el ayuntamiento del pueblo, solicitando ver al juez de paz. Tras esperar una media hora, el muchacho fue atendido por el hijo mayor del señor Bargalló, al que reconoció de inmediato, ya que su padre era el cabo de la policía municipal de la localidad. Le contó la misma historia que a la funcionaria sobre sus tíos americanos y la “enorme” ilusión que le hacía, el poder ir allí en verano… La historia coló, y Jaime Bargalló hijo, le prometió que tendría el certificado para la semana siguiente lo más tardar, deseándole de ante mano, que tuviese unas buenas vacaciones.
-“Más que unas buenas vacaciones.., lo que deseo es tener potra, y que todo me salga bien…”- Se dijo mientras salía por la puerta principal del ayuntamiento.
A las diez y diez de la mañana del viernes 2 de Mayo, José Javier entró en las oficinas de la tercera planta de un moderno edificio, revestido de cristales ahumados color marrón en toda su fachada, de la calle Diputación 360. Con los nervios de no llegar a tiempo, tenía la frente perlada en sudor por las prisas que se dio… Pidió disculpas por la tardanza y una amble, a la vez guapa señorita, que le atendió tras una mesa de oficina, la cual dedujo que era la misma con quien habló por teléfono, ya que según atisbó soslayado, tenía anotado en una hoja aparte su nombre y la hora de la cita, además del número de teléfono de su casa. Le hizo pasar a una pequeña sala, donde aguardaban dos chicos algo más mayores que él, y que presumiblemente, venían con las mismas intenciones. Ninguno de los tres se dijeron nada salvo los corteses “buenos días”, y tras una corta espera, apareció por una puerta lateral, un hombre de impecable traje que les hizo pasar a otra sala un poco más grande que la anterior. Les informó a modo de introducción, con una pequeña charla sobre Niflix Internacional y a que se dedicaba, abarcando las ramificaciones que por todo el mundo tenía la citada multinacional. El señor Millar –así se presentó ante los chicos-, les habló del por qué estaban allí y los pasos que a partir de ese día –si eran seleccionados-, deberían de dar… Para empezar, a éstos se les hizo entrega de dos formularios tipo test, a los cuales contestarían marcando la correspondiente aspa en el “si” o en el “no”. El primero de ellos, constaba de ciento cincuenta preguntas de los más variopinto, abarcando aficiones.., costumbres.., religión.., etc. El otro, trataba sobre cuestiones personales y familiares entre otras cosas. No había un tiempo límite para rellenar los formularios, ni estaban cronometrados.., así que los posibles “candidatos” se pusieron manos a la obra ante la atenta mirada del señor Millar, por si era necesaria su intervención a requerimiento de alguno de ellos… Había preguntas que a ojos de José Javier parecían absurdas, para lo que en realidad se trataba, un ansiado puesto de trabajo… Un ejemplo:
-“¿Cree usted que Jesús murió en una cruz…?”.- Leyó para si nuestro amigo, releyendo bajo semblante anonadado, sin entender a cuento de qué, tal cuestión. Incluso llegó a dudar en esta pregunta, de igual manera que en otras muchas, aunque en este caso, marcó una aspa en el “si”, por si las moscas… Y al igual que este tipo de desconcertantes cuestiones.., un montón. Fue el segundo en devolver rellenados los formularios, y como ocurrió con el primer chico, el señor Millar le dio las gracias muy amablemente, comentando al vuelo, que se sentía congratulado de ver que no había reclamado su atención en ningún momento, remitiéndole a otra posible cita, que en este caso se trataría de una entrevista personal, si pasaba esta primera selección, escribiendo al pie de la hoja su número de teléfono y dirección. Se estrecharon de manos, y José Javier abandonó la tercera planta, no sin antes dedicarle una amplia sonrisa a tan guapa señorita que atendía una llamada telefónica en esos momentos.., sonrisa que le fue devuelta en educada cortesía.
Durante el fin de semana, contó y recontó el dinero que tenía guardado en la hucha, la cual rompió a escondidas de su madre, que de cuando en cuando dejaba caer algunas monedas en ella, sin que su hijo aportase nada para “engordarla”, ya que todo lo que le caía en sus manos lo gastaba en el bar, o en tabaco… Así que de ahorrador, José Javier tenía menos que un multimillonario. Pudo conseguir cerca de setecientas pesetas entre pitos y flautas, insuficiente para su propósito, meditando somero, en recurrir a Carolina, siendo la prestamista del dinero restante. Quizá el engorro no estaba en pedírselo.., el problema radicaba en cómo devolvérselo, y cuando lo haría… Aún con esas, en ese fin de semana en las dos o tres ocasiones que ambos coincidieron, no se atrevió a pedirle el dinero, sabedor entre otras cosas, que ella le preguntaría para que lo necesitaba, y José Javier no estaba dispuesto a revelar sus intenciones a nadie… Con respecto a sus relaciones con los amigos una vez pasada la Semana santa, parecía que todo volvía a una cierta normalidad, ahora se le veía mas a menudo con el grupo, si exceptuamos las veces que estaban “Waldo” y Ángela, ya que el muchacho tendía a desaparecer por arte de magia. Daba la impresión que el talante de José Javier se había vuelto algo más positivo, ya no estaba tan serio ni tenía una cara tan larga como de aquí a Lima, pero algunas veces daba la impresión de que estaba en la “luna de Valencia”, aunque se hallase físicamente con todos ellos, y una buena parte se la pasaba mirando pensativo a cualquier punto indefinido, sin estar por la “labor”. Algunos de los muchachos creían que se comportaba al igual que un verdadero “pasota”, ya que todo le daba igual cuando se le pedía su opinión acerca de los variopintos temas que se suscitaban entre los componentes del grupo. Se convirtió en un chico poco hablador y algo taciturno, o al menos esa era la impresión que daba...
Durante la semana siguiente, José Javier tuvo mucho trabajo por realizar. Además de la búsqueda y fotocopia del libro de familia, ese mismo lunes, se hizo cuatro fotografías tipo carné en el único fotógrafo que había en el pueblo. El martes, buscó el certificado de defunción de su padre -mientras que Elvira Sánchez estaba en la tienda de Luisa comprando, y de paso echando una charla con la dueña de la tienda, y vecina-, encontrándolo en el cajón inferior de la mesita en la habitación de ella. Al día siguiente volvió al pueblo para realizar la correspondiente fotocopia del certificado junto con el DNI de su madre, el cual sacó de la cartera en un momento de descuido de ésta. Redactó una autorización de su progenitora con el consiguiente permiso para la adquisición del pasaporte, falsificando lo mejor que pudo su firma, y por la tarde, visitó al medico del pueblo para que le realizase un reconocimiento medico, alegando una verdad a medias.., quería tenerlo por si se le presentaba la ocasión de trabajar, y él había escuchado, que en muchos sitios se pedían a veces certificados médicos, y deseaba poseerlo, por si acaso… Por descontado, el galeno accedió a dicha petición, observando que era un chico precavido.., y eso valía por dos. Tanto se entusiasmó que él mismo, le hizo en la consulta el papel certificado sin cobrarle ni un duro. Al menos eso se ahorró el muchacho, dándole las gracias. A los siete días, desde que José Javier se pasase por la dependencia municipal donde se entrevistó con Jaime Bargalló, éste le llamó por teléfono indicándole que ya tenía en su poder el certificado de “buena conducta” –comentado entre solapadas risillas-, y que podía pasarse a recogerlo cuando quisiese. Menos mal que fue el propio muchacho quien se puso al habla en vez de su madre, ya que si no, éste tendría que verse en el “percance” de contestar al menos a una lógica pregunta: ¿para qué demonios quería él un certificado de penales, tramitado por el juez de paz del pueblo…?. Eso si, a la cuestión de la mujer por saber quien había llamado por teléfono, su hijo mintió, aduciendo que era un amigo del grupo –sin especificar su nombre-, quien llamó. Esa tarde se excusó alegando que iba al pueblo a darse un “garbeo” –palabra textual-, bajo falsa pero animada sonrisa, con la clara intención de ir en busca del certificado, el cual se le entregó tras abonar ciento diez pesetas por el papel certificado, amén de los sellos y tasas incluidas para desconsuelo en éste, que de pagar no se libró. Una vez en la calle leyó para si a “grosso modo”, el escrito expedido por el teniente de la guardia civil de una población cercana, dando fe que en la persona de José Javier Sánchez Sanchez, no se hallaban indicios ni precedentes de malas asociaciones.., altercado público.., ni delitos catalogados en segundo grado… Y ya de camino a la urbanización, sonreía satisfecho por la suerte que hasta ese momento le había acompañado.
El viernes 9 de Mayo, se presentó por segunda vez en las dependencias policiales de la calle Mallorca a eso de las diez y media, con una gruesa y raída carpeta de color azul oscuro bajo el brazo, y con un miedo en el cuerpo, que los sudores empapaban el cuello de su camisa.
La noche anterior, necesitó con cierto pesar, “afanarle” a su madre cien pesetas del monedero, porque no le llegaba con todo lo que poseía en su cartera. Entró en el local y se puso a esperar su turno en una cola más larga de personas que en la anterior ocasión. Cuarenta minutos de tensa espera, pensando que la suerte se le acabaría allí mismo, sabedor de que había modificado un dato en las hojas que por duplicado tuvo que rellenar en su casa para la obtención del carné de identidad, un “pequeño” detalle que no pudo apañar con el pasaporte. Tragaba saliva y miraba nervioso en derredor, con la impresión de que alguien le echaría el guante a las primeras de cambio, nada mas comenzase con la farsa que tenía preparada por si ese dato no colaba… Ni más ni menos que modificar la fecha de su nacimiento.
El mismo funcionario le esperaba tras el mostrador de madera, que con adusto semblante, le atendió en el papeleo y que para suspiro de José Javier, el hombre no se dio cuenta del mencionado detalle, pensando quizás, en la hora de comer y en el fin de semana que estaba a las puertas. Le entregó un resguardo y nuestro amigo abonó quinientas quince pesetas, comentándole que se pasase dentro de un mes –mas o menos-, tal y como le hizo saber en la anterior ocasión. Finiquitada una primera parte, se pasó a la zona donde se tramitaban los pasaportes, pellizcándose para que todo le saliese igual de bien que antes… Le atendió la misma mujer de mediana edad, entregándole todo cuanto ella le iba pidiendo. A José Javier se le hizo un espeso nudo en la garganta, cuando la funcionaria se detuvo mas tiempo en comprobar la firma falsificada bajo el pie de la autorización de su madre con la del DNI, la mujer le miró un instante, y el muchacho creyó que el suelo comenzaba a temblar bajo sus pies…
-Si no recuerdo bien.., creo que el pasaporte lo necesitas para viajar ¿a dónde me dijiste…?- Frunció el entrecejo sin dejar de mirarle.
-A.., a América señorita…, no sé si usted recordará que le dije que unos tíos míos…- Balbuceó sintiendo la garganta más seca que el esparto.
-¡Ah si.., ahora lo recuerdo…! ¿Y tu madre también viajará contigo…?.- Inquirió la mujer con el papel aún entre sus manos. Breve silencio.
-“No la cagues José Javier.., por Díos no la cagues…”- Se dijo tragando nuevamente saliva, que apenas le podía pasar por el gaznate.
-Bueno es.., es que mi madre no tiene pasaporte, pero a ella le gustaría que realizase este viaje para estar con mis tíos.., y así ver un poco de mundo…- Intentó por todos los medios que sus palabras fuesen lo más creíbles que le fue posible.
-Vaya.., tenemos aquí a un jovenzuelo valiente, que es capaz de viajar solo a tan lejano país…- Sonrió sin ganas la mujer, dando por válida aquella autorización y por consiguiente la rúbrica impresa.
-No sabe usted la ilusión que me hace.., el poder visitar a mis tíos…- Compuso su mejor sonrisa, bajo un semblante de niño que nunca había roto un plato, pensando para sus adentros, que si esa mujer supiese en realidad para que necesitaba el pasaporte, se caería de culo. Tras unos minutos de estampar con el sello oficial los duplicados y archivarlos para su tramitación, la mujer le devolvió el libro de familia y el DNI de su madre.., no así el certificado de defunción de su padre, alegando que se necesitaría realizar las correspondientes comprobaciones, y que este le sería devuelto cuando retirase el pasaporte… Pagó doscientas pesetas, y tras un: -Ya está todo…-, por parte de la funcionaria, José Javier se despidió cruzando los dedos, rezando para que nadie se diese cuenta del cambio en la fecha de su nacimiento… Al muchacho le sobraba tiempo para coger el autobús de la una y cuarto, y se dedicó a pasear por las calles adyacentes a la calle Rocafort, observando escaparates. Se detuvo en el escaparate de una librería, llamándole la atención un curso práctico de inglés compuesto por el libro de estudio.., dos libretas de ejercicios, y seis cintas de casete, todo ofertado por la editorial Vox, famosa por sus diccionarios y traducciones. Casi le da un desmayo al preguntar al librero por lo que costaba todo el paquete, empezando el hombre por alabar las excelencias de tan inmejorable y completo curso de inglés.., y todo por el módico precio de cuatro mil pesetas, casi nada…
-Una verdadera ganga joven, además está rebajado de precio… Compruébelo usted mismo si lo desea…!- Le señaló la etiqueta trasera del conjunto, donde se podía ver claramente el monto original… Cinco mil trescientas pesetas. José Javier le dijo que se lo pensaría. Abandonó la librería, torciendo el gesto de disgusto por no disponer de ese capital…
En el momento que el muchacho abandonaba la librería de la calle Calabría en Barcelona, el teléfono sonó en el despacho de Pedro Pérez, momentos después de atender una visita de posibles clientes. Era su secretaria Dora, quien tenía por la otra línea al señor Alberto Garrido preguntando por él. Atendió la llamada con toda la alegría que le cabía en el cuerpo…
-¡Alberto.., que sorpresa…!.- Le sonrió al teléfono.
-¿Cómo estás Pedro…? ¿Te pillo en mal momento?.- Se escuchó al otro lado del auricular.
-¡No que va.., ¿oye no estarás en la cabina de abajo?. Porque si no…!- El hombre llegó a asomarse instintivo hacia la calle, esperando ver a su amigo allí.
-No.., te llamo desde Sevilla para saber que tal llevas el tema que tenemos entre manos…- Alberto fue al grano, mientras que el otro se quedó indeciso con la mente en blanco, sin reaccionar en un primer momento a que se refería su amigo.
-¿El tema…?- Preguntó enarcando las cejas.
-Si hombre.., lo de la torre…- Aclaró Alberto.
-¡Ah, la torre…!. Bueno, de momento no tengo nada que ofrecerte pero no te preocupes.., estoy en ello.- Se excusó, ya que en realidad no había hecho movimiento alguno hasta la fecha, pensando por su cuenta que lo primero era, que la familia Garrido pasase unos días en la urbanización con ellos, y así podrían entre los dos tantear el mercado inmobiliario de la zona… Pero al parecer y de forma insospechada, Alberto Garrido tenía prisa en adquirir una torre o lo que fuese por los alrededores, y así se lo hizo saber bajo un tono serio. En un momento de la conversación, éste le llegó a insinuar que si él no podía encontrarle algo adecuado, buscaría por su cuenta y riesgo otra inmobiliaria, ya que conocía un par de ellas bastante famosas por cierto, y que a esas alturas le daba igual comprar en la urbanización o en otro lugar de la provincia de Barcelona… A oídos de Pedro Pérez, le parecía tan extraño el comportamiento de su amigo, que no tuvo más remedio que preguntarle si es que había pasado algo.
-No.., no tiene por que pasar nada Pedro.., es solo que tenemos muchas ganas e ilusiones por regresar a Barcelona…- Le atajó su amigo.
-Bueno hombre.., no te preocupes tienes tu piso de la calle Balmes y dispones de el en el momento que quieras, no veo tanta prisa por comprar una torre -suspiró-, además todo esto conlleva su tiempo para buscar un buen lugar adecuado para ti y los tuyos.., y que por supuesto tanto a ti como a Lidia os guste…- Razonó con su amigo mientras daba cortos paseos por el despacho, hasta donde el cable telefónico le permitía.
-¡Pero por desgracia no puedo moverme de Sevilla.., y yo confió en ti Pedro, porque sé que encontrarás lo mejor para mi familia…!- El hombre notó un tono exasperado en Alberto, algo inusual en él.
-¡Además por dinero no es…!- Completó la frase.
-De acuerdo.., pero te repito que aún tienes el piso de Balmes donde podéis instalaros y…-
-Lidia y yo estamos pensado seriamente en vender el piso de Barcelona…- Aclaró su amigo, y Pedro abrió sus ojos adoptando un semblante perplejo, observando cuan extraño animal, el teléfono que tenía asido a su mano derecha.
-“Aquí hay algo que no me cuadra…”- Pensó alarmado.
-Alberto.., nos conocemos desde hace muchos años –breve pausa-, y creo que pasa algo que no quieres contarme. Todo.., todas estas prisas no tienen lógica y más viniendo de ti…- Por arte de encanto, el otro lado de la línea enmudeció.
-¿Alberto…?. ¿Alberto estás ahí…?- El hombre creyó que la comunicación se había cortado.., o lo que era peor, que su amigo le hubiese colgado. A los pocos segundos, Pedro escuchó nítidamente un largo y pesaroso suspiro al otro lado del teléfono.
-Esta noche.., mi hija ha vuelto a tener otra de sus terribles pesadillas y…-
-¡¿Tu hija…?. ¿Pesadillas…?. Por Dios Santo de qué me hablas Alberto…!- Quiso saber el hombre con todas las luces de alarma encendidas en su mente, mientras otra vez enmudecía el teléfono.
-Verás.., cuando nos vimos en Marzo no te lo conté todo –otro lánguido suspiro-, Lidia y yo creíamos que la niña ya estaba recuperada.., pero anoche volvió a tener otra terrible pesadilla, hasta el punto de que llegó a pegar y a arañar a su madre, cuando la intentaba despertar…-
-Un momento, espera un momento Alberto.., sería mejor que empezases por el principio ¿no crees…?.- Cortó a su amigo consciente de que algo terrible había sucedido.
-Tienes razón Pedro, perdóname.., estoy algo nervioso y me siento fatal…- Se disculpó, bajando unos grados el tono de la voz.
-No te preocupes, tú sabes que me tienes para lo que haga falta…- Contestó conciliador el padre del “Tecla”.
-Sólo te pido que esto que te voy a contar, no se lo digas a nadie, ni a Virginia por favor…-
-Tienes mi palabra, Alberto…- Reiteró.
-Cuando mi “Eli” tenía trece años…- Durante algo más de cuarenta minutos, Alberto Garrido le contó a su amigo una historia tan horrible, que Pedro Pérez, conforme escuchaba sentado en el sillón, su cuerpo se hundía en el con el semblante desencajado. Entonces comprendió el por qué de tanta ansiedad por regresar al lugar donde vieron crecer los Garrido en una primera etapa de la infancia a sus hijos, con tal de olvidar… Le prometió una vez escuchada la narración, que haría todo lo posible por conseguirle una torre que les sirviera de distracción y relax, y conocer a nuevas personas… Hasta tal punto impactó en el hombre la tragedia vivida por sus amigos, que no volvió por la tarde a la inmobiliaria, aduciendo que para él acababa de empezar el fin de semana, quedándose en casa para alegría de su esposa, que por fin podría disfrutar toda una tarde con su marido, aunque en realidad fue media tarde, ya que una vez regresados sus hijos de los respectivos colegios, se llevó a toda la familia de compras por Barcelona y en concreto al Corte Inglés de la plaza Cataluña y alrededores, para regusto de las dos féminas, que se compraron algunos “trapitos” de temporada, y su hijo mayor un par de long play. Uno, “Breakfast in América” del grupo Supertramp.., y el otro “Regatta de Blanc” de Police, ya que gustaba mucho este grupo inglés entre los amigos de su grupo… Después de andar por las calles atestadas de gente que aprovechaba el buen tiempo, se fueron a cenar al “Rey de la Gamba”, un restaurante famoso en el Paseo Marítimo, donde hacían unas frituras de pescado, o simplemente a la plancha, que estaba para chuparse los dedos.
Aprovechando que el matrimonio se quedó a solas una vez en casa, Virginia le preguntó en un momento dado, a qué habían venido tantos estipendios esa tarde, y él le contestó que tenías ganas de estar con su mujer e hijos y verlos felices. La mujer enarcó las cejas sorprendida por tan inesperada y, halagadora respuesta. Al rato, Pedro Pérez se quedó solo en la biblioteca con un libro de poesía abierto por la mitad en una mano, y una copa de jerez en la otra. Cuando pasaban las dos de la madrugada, se detuvo unos instantes en umbral de la puerta que daba a la habitación de su hija, entró en ella, y con pasos sigilosos se acercó hasta su cama, dándole a ésta un tierno beso en la frente. Una vez acostado en el lecho conyugal, se quedó mirando fijamente al techo mientras pensaba en su amigo Alberto y en su esposa.., por el trance angustioso que habían pasado, y que al parecer seguían pasando, deseando con todas sus fuerzas, que nunca a los Pérez les ocurriese una cosa así…
Al día siguiente sábado, después de cenar, José Javier se pasó un buen rato en el “Bingo” junto con algunos Medianos, se retiró a su casa sobre las doce y cuarto de la noche, alegando que se sentía cansado. Iba siendo una costumbre en él, y los muchachos se apercibieron en los ratos que pasaba con ellos, de sus inusitados cambios de humor, ya que unas veces parecía introvertido y alegre, dispuesto a las mil y una hazañas juntos con los demás.., pero en otras ocasiones, reservado y meditabundo, sin apenas despegar sus labios para nada, volviendo a perderse entre sus fantasías de vivir “la aventura más grande de su vida”, que cada vez mas se apoderaban de su mente. Y así se pasó la estancia en la reformada caseta de enseres hasta que allí los dejó. Sergio fue a la zaga tras él, con la idea de preguntarle si había pensado en algo referente a Nuria… Lo llamó desde la distancia cuando bajaba por la calle de la piscina, y éste se paró para esperarle, deduciendo que también su amigo se iba a casa, y así andar juntos un buen trecho. Pero Sergio tenía otras ideas en la cabeza…
-¿Tú también estás cansado…?- Le preguntó José Javier cuando el otro se puso a su altura.
-Bueno un poco, pero quería hablar contigo.- Comenzaron a andar calle abajo.
-¿De qué…?- Le preguntó mientras le encendía un cigarrillo con el mechero, y realizaba lo mismo con el propio.
-No sé si recuerdas aquello que hablamos en tu casa sobre Nuria…- Sergio exhaló una nube de humo, que pronto se confundió con la neblina de la noche.
-A si.., ya lo recuerdo –le miró-, pero por ahora estoy en otras cosas y se me había olvidado…- Sonrió sin ganas.
-Pensaba que me ayudarías en este tema…- Le atajó Sergio parándose a mitad de calle.
-Y te ayudaré.., te lo prometo. ¿Pero cómo voy a hacerlo, si por ejemplo este fin de semana Nuria ha preferido quedarse en Barcelona con Ángela y “Waldo”?.- Enfatizó con las manos José Javier apoyando dichas palabras.
-Además.., ¿Quién nos dice que Nuria no tiene un rollo en Barcelona…?- Terminó la cuestión tirando el cigarrillo a medio consumir.
-Yo creo que no…- Le contestó el otro reanudando ambos el camino.
-Mira Sergio.., no es que haya cambiado de idea, pero no creo que Nuria quiera salir contigo.., bueno como amigos todo lo que tú quieras y todo eso…- Los dos se acercaban a la torre del “Jualín”, una vez ya adentrados en la Av. De las Palmeras.
-Pues no sé el por qué dices eso…- Sergio frunció el ceño adoptando un semblante molesto ante las palabras de José Javier.
-Mira.., tú y yo sabemos, y lo saben el resto de los Medianos –breve cruce de miradas-, que desde un principio siempre te burlabas de ella cuando estaba.., ya sabes, rellenita –volvieron a detenerse pasada la torre del “Jualín”-, porque si no recuerdo mal.., quién empezó a llamarla refajo en una fiesta en casa de Maika, fuiste tú, para cachondeo de todos vosotros…- José Javier recordó la escena en que a Nuria le levantaron la falda para gastarle una broma mientras bailaba, descubriendo que debajo de esta, la muchacha llevaba una faja de color carne un poco aparatosa, y que en definitiva la usaba en los días que tenía el periodo, algo bastante común entre las chicas, enterándose por boca de Ángela… Y si a este hecho se le añadía que estaba un poco sobrada de kilos…
-¡Pero eso era de coña.., además si no te has fijado, últimamente voy mucho con ella…!- Se defendió el aludido ante la mirada seria de su amigo.
-Si claro.., porque no quiere hacer de aguanta velas con la nueva parejita cuando vienen o van a su torre.., y ya que tú te ofreces a acompañarla…- Señalaba en una hipotética dirección hacia la torre de Nuria.
-En pocas palabras José Javier.., veo que no quieres echarme un cable…- Reanudaron nuevamente el paso.
-Hostias Sergio.., yo soy el primero que te ayudaría.., ¡te lo juro!, yo soy el primer interesado en hacerlo, porque sigo teniendo la esperanza de que si tú salieses con Nuria, el favor me lo devolverías con Ángela si ella rompiese con “Waldo”…- Elevó un par de grados su voz, notándose en ella un ápice exasperado.
-Pero no sé que pensar –continuó-, Nuria es una buena chica y yo la aprecio mucho.., y mira si es tan buena chica, que pasa por alto cuando os mofáis de ella.., aunque reconozco que ahora no tanto.., ¿verdad?.- Sergio suspiró afirmando con la cabeza.
-¿Entones me ayudarás…?- Preguntó el otro esperanzado al instante siguiente.
-Si, pero no sé como…- Se encogió de hombros, mientras se adentraban por la calle Mimosa.
-Yo tengo una idea que a lo mejor puede servir…- Sergio retuvo con la mano a su amigo, parándose por enésima vez, pero en esta ocasión cerca de la verja grande de la torre de José Javier.
-A ver, dispara…- Bufó el otro disponiéndose a escuchar.
-¿Por qué no nos metemos en el piso de arriba y te lo cuento…?. Ah por cierto, ¿tienes aún el casete grabador que te regaló tu hermano…?.- Sergio asió ilusionado por los hombros a su amigo.
-Si claro que lo tengo.., pero ¿qué te propones?.- Ambos se miraron en silencio por espacio de unos segundos.
-Subamos arriba y te lo cuento…- Sergio le guiñó un ojo cargado de complicidad, y acto seguido penetraron al interior de la parcela, subiendo por los peldaños de la escalera exterior que conducía al segundo piso entre pasos sigilosos, con la intención de no despertar a quienes dormían en la primera planta… Una vez sentados frente a frente en el interior de la estancia, y con el aparato radio-casete sobre la mesa redonda de reducidas dimensiones, Sergio le trazó un plan muy simple: él y José Javier hablarían de todo un poco mientras la grabadora estaba en marcha, y como quien no quiere la cosa, saldría a relucir el tema de Nuria.., explicándole éste lo que sentía por ella a preguntas de José Javier, y lo bueno de todo, dando a entender que el propio interrogado desconocía dicha grabación… Después, cuando la oportunidad se presentase, José Javier le pasaría la cinta grabada a Nuria, para que ella se enterase de lo “colado” que estaba Sergio por sus huesos, y con un poco de “palique” por parte de José Javier, intentaría abrirle los ojos a la chica, para que le diese una oportunidad al “desconsolado” amigo… A José Javier le agradó la idea, siempre y cuando nadie supiese nada de la existencia de la cinta, salvo Nuria, que era la parte interesada y su prima Ángela, la cual se suponía que estaría al tanto de la cinta por boca de la otra, y si alguien más del grupo se enteraba de tan “original” plan.., José Javier lo negaría todo. Así lo acordaron.., empezando esa misma noche a poner en práctica lo dicho.
-¿Estás preparado José Javier…?- Preguntó Sergio con el índice sobre el botón de grabar.
-Si.., creo que si…- El aludido miró hacia el radio-casete.
-Bueno, pues empecemos…- Dicho esto, Sergio pulsó el botón de grabar…
A la mañana siguiente sobre el medio día, José Javier se pasó por el bar en busca de algún Mediano tempranero, encontrándose a Guillermo, a su hermana.., a Toni el “Pecoso” y a Antonio, que estaban tomando unas cervezas los chicos, mientras que Ana hacía lo propio con una Coca-Cola. Él no quiso tomar nada, preguntando si sabían algo del resto de los Medianos. Los allí reunidos le comentaron que el “Tecla” y algunos otros estaban en el “Bingo” terminando de aplanar el suelo del interior, ya que con tanto pisoteo se había levantado en según que sectores, y tras los saludos se dirigió hasta el lugar.
El muchacho estuvo con ellos hasta la hora de comer, echando una mano a las indicaciones de los demás. Entre pisón y pisón, con el cual se turnaban el “Jualín” y él, Pedro “Tecla” le dijo que para el sábado siguiente harían una fiesta en su garaje, pero a condición de poner orden dentro de este, tras la promesa realizada a su padre, y que esperaba que se apuntase en colaborar.., José Javier le comentó que por él no había ningún problema, además pensó, que quizás tendría otra oportunidad de bailar una lenta con Ángela –si es que ambas primas, pasaban su estancia en la urbanización ese fin de semana-. Por la tarde no salió con el grupo, siendo reclamado para hacer de niñera en la torre, ya que su hermano, la mujer de éste y su madre.., se fueron a Barcelona con la intención de visitar a una tía de José Javier –hermana de Elvira-, con la intención de interesarse tras la operación de vesícula a la se sometió la mujer, y que ese domingo era el segundo día de convalecencia en su casa. Quizás fue lo mejor que hizo nuestro amigo.., no salir esa tarde de la torre en busca de sus amigos, para ahorrarse una inesperada -y por consiguiente-, desagradable sorpresa.
Al fin llegó el viernes por la tarde, dando comienzo a un nuevo fin de semana. Carolina se pasó por la torre de José Javier al rato de que ésta llegase a la urbanización, con la sana intención de saber que tal estaba, y hablar de un abanico de temas que abarcaban desde los estudios de ella, pasando por la llegada a cuenta gotas del resto del grupo, y además, de la fiesta que al día siguiente se celebraría en casa del “Tecla”, realizando en un momento dado de la conversación, la consabida e inevitable mención de Ángela por parte del muchacho. Siempre que ambos estaban juntos salía a relucir el nombre de la “ex” de José Javier, y a esas alturas, Carolina ya no tenía argumentos para que su amigo se olvidase por completo de ella, tratando de desviar la conversación a otros menesteres… José Javier se daba perfecta cuenta de que a Carolina no le gustaba hablar de Ángela, ni de lo mucho que se divertían al principio de la relación ambas parejas.., y cada vez que José Javier lo comentaba, salía a flote por parte de su querida amiga, el episodio ocurrido en el pino una semana antes de que Ángela rompiese definitivamente con él. Al final pasaban a otra cuestión de mayor o menor relevancia, y un rato después, ésta siempre se despedía de él con el pretexto de ver si Ángel ya había llegado a la urbanización… Una vez que Carolina lo dejó solo aquella tarde, José Javier se dijo a si mismo, que no hablaría de Ángela cada vez que estuviese con su querida amiga.., temiendo que serían palabras vanas las suyas, porque siempre caía en el mismo error.
Aquel viernes por la noche después de cenar temprano, caminó hasta los columpios de la urbanización, con la esperanza de ver llegar el SEAT 600 de la madre de Ángela tras el coche de su cuñado, y como últimamente venía ocurriendo, el SIMCA 1000 de Marina casi una hora más tarde, ya que la hermana mayor de Nuria se detenía un rato en el pueblo, donde presumiblemente se paraba para estar con su novio al que conoció unos meses atrás… Cuantos recuerdos le invadieron su mente mientras esperaba sentado en la parte más alta del tobogán, vislumbrando una porción de carretera donde se suponía que por allí deberían de pasar los vehículos tan ansiados, y sobre las nueve treinta de la noche, escuchó el ruido inconfundible para él del motor del SEAT 124 familiar del padre de Nuria… Tras reducir la velocidad, el coche giró lentamente para descender la pequeña bajada que enfilaba directamente hacia los columpios, y los faros del automóvil le deslumbraron por unos instantes. Pasó calle abajo a unos quince metros de donde se encontraba, deteniéndose a menos de cuarenta metros de distancia junto al bordillo, muy cerca de la verja pequeña de la torre perteneciente a los señores Fuentes. No habían pasado ni cinco minutos, cuando otros faros le iluminaron de lleno por espacio de breves segundos, era el SEAT 600 de la madre de Ángela, que realizó el mismo recorrido que el anterior vehículo, estacionando detrás del primero… No cabía duda de que las dos primas hermanas estarían ese fin de semana en la urbanización.
En otro tiempo, José Javier se hubiese bajado raudo del tobogán, con la intención de echar una mano con las bolsas para el fin de semana a las muchachas, y así darle el primer beso medio a escondidas a su chica. Pero aquel viernes, vio bajar de ambos autos a toda la familia en pleno.., observando desde la distancia, apearse las dos chicas del SEAT 600 de la madre de Ángela.., ellas miraron unos segundos en dirección a los columpios, dando a entender que le habían visto allí sentado en la parte más alta del tobogán, y a pesar de la distancia, observó claramente a ambas chicas, decirse algo entre si, para escuchar un momento después, a Ángela reírse a mandíbula batiente sobre algo que no pudo dilucidar.., pero si a Nuria realizar un gesto despectivo hacia su prima, mientras que ésta se internaba por la verja pequeña en dirección a la torre de sus tíos. La comitiva de personas que se bajaron de los respectivos vehículos, ya se encontraban dentro de la torre, salvo Nuria, que tras el SEAT 600 de su tía, cargaba con una abultada bolsa mirando nuevamente en dirección a los columpios, y a pesar de la distancia, las miradas de ella y de José Javier que no había movido ni un solo ápice su cuerpo, se encontraron.., Nuria bajó un instante su mirada al suelo para desaparecer por la verja grande de la torre, mientras que nuestro amigo se sintió un verdadero estúpido sentado allí, a la espera de un milagro que no llegaba, dejando pasar unos minutos antes de bajarse definitivamente del tobogán y marcharse a su casa… Al pasar junto a los coches, escuchó los crujidos característicos que emitían sendos motores al enfriarse, mientras que las luces exteriores se encendían casualmente a su paso, sintiendo el corazón encogido, al pasar junto a la torre que se llenaba de vida por todos sus rincones…
Llegó el sábado por la tarde, y como bien es sabido el dicho popular que “lo prometido es deuda”, José Javier se pasó por la torre del “Tecla” con la intención de ayudarle a ordenar el garaje, suponiendo que a esa hora de la tarde ya habría alguien más con él. Cuando entró al interior, escuchó claramente a varios de sus amigos vociferar tras las puertas cristaleras de la estancia, sonriendo para si. Pasó por la puerta del comedor donde los padres de su amigo estaban viendo la televisión, y siguió hacia el interior sin detenerse siquiera a saludarles, aunque tampoco estos prestaron demasiada atención. Entró, y los allí presentes enmudecieron por un instante al verle, que sin devolver el saludo, siguieron con sus quehaceres.
-Hola “Tecla”…- Se dirigió directamente a él en primer término.
-Hola, técnico experto en grabaciones…- Obtuvo de respuesta, tras el serio semblante de su amigo, mientras que los demás fingían realizar las tareas encomendadas cerca de ellos, pero con las antenas puestas en una sola dirección.
-¿Técnico de qué…?- José Javier frunció con deje extrañado el ceño.
-Ya sabes a lo que me refiero.- El “Tecla” dejó de barrer para concentrarse con más detenimiento en el otro.
-No.., no sé a qué te refieres…- Le respondió algo trastabillado.
-Pues yo creo que si…- Le replicó Toni el “Pecoso” desde su derecha, viendo a todos los presentes, dejar lo que tenían entre manos, concentrando sus miradas en él.
-Os repito que no sé, de que me estáis hablando…- José Javier se encogió de hombros, notando un cosquilleo en la boca del estómago, mientras se giraba hacia Toni el “Pecoso”.
-Pues hablamos de una traición a un amigo…- Ahora fue el “Jualín” quien se avino a responder.
-Por no decir de un sucio chantaje…- Comentó el “Cegatón” detrás de José Javier, a la vez que se limpiaba sus gafas de culo de botella con el faldón de la camisa.
-¡No sé de que coño me estáis hablando… ¿Me queréis dar una explicación…?!- Intentó el aludido abarcar con la mirada a todos los presentes.
-¡No.., la explicación la tienes que dar tú…!- El ”Tecla” le señaló con el dedo a un metro escaso de él.
-¡¿Se puede saber qué explicación os debo de dar…?. ¿Podéis decirme de una puñetera vez a que viene todo esto…?!- El infortunado muchacho sabía a esas alturas por donde venían los tiros, pues se lo hizo saber a Sergio la semana anterior, negando todo lo referente a la grabación.
-Bien.., ya que vemos lo bien que sabes hacerte el loco, te pondremos al corriente… Si quieres sentarte…- José Javier se sentó pesadamente a instancias del “Tecla”, y éste hizo lo mismo frente a él, mientras que el resto tomaba posiciones rodeando a ambos amigos, sentados –los que hallaron una-, en sillas o en pie los otros.
-Sabemos que grabaste la semana pasada a Sergio en una conversación que los dos tuvisteis en tu casa.., sabemos que el tema principal fue Nuria y tu interés para que él hablase de ella, poniéndole en un compromiso –José Javier tragó saliva en repetidas ocasiones mientras escuchaba- además tenemos conocimiento de que esa cinta se la ibas a entregar a Nuria, si Sergio no colaboraba contigo para que te ayudase a reconciliarte con Ángela…-
-¡¡Eso es una verdadera gilipollez…!!- Cortó brusco el encausado a su amigo.
-El pasado domingo, Sergio nos lo contó todo, y como se le quedó el cuerpo cuando le mostraste la cinta una vez que terminasteis de hablar…- Pedro “Tecla” continuó hablando denotándose tranquilidad en el tono de su voz.
-“Lo mato.., yo lo mato…”- Fue lo primero que le vino a la mente tras las primeras palabras del hijo de los Pérez.
-Ahora queremos saber si la cinta grabada sigue en tu poder…- Se apuntó Ángel al interrogatorio, sentado al lado del “Cegatón”, mientras que ambos fumaban sendos cigarrillos.
-¡Yo no tengo ninguna cinta…!- Le espetó José Javier hastiado.
-¿O ya se la has dado a Nuria…?- Quiso saber el “Jualín”, mostrando cierto retintín.
-¡Nuria no tiene nada de nada…!- José Javier se encaró a su amigo.
-Eh.., tranquilízate que te estamos hablando de buenas maneras.., así que lo mejor sería que desembuches y nos aclares todo este asunto…- Le llamó la atención Pedro “Tecla”, adoptando un semblante de muy pocos amigos. El aludido miró a los demás, viéndoles muy quietos y serios, de la misma guisa que el hijo de los Pérez.
-¡Esta bien, esta bien.., la semana pasada grabé al Sergio –los allí presentes se miraron entre si-, pero era un acuerdo entre los dos, es más, la idea surgió del propio Sergio…!.- A su vez José Javier les miraba adoptando un aire conciliador.
-Eso no es lo que tenemos entendido…- Atajó el “Pecoso”.
-Pues la idea fue suya.., él quería que le ayudase con Nuria en un intento por acercarse más a ella, y quizás con la grabación se le abrirían los ojos con respecto a Sergio…- Se intentaba explicar ayudado con gestos de sus manos.
-¡¿Pero qué dices.., si a Sergio no le va Nuria…?!.- Recriminó Pedro “Cegatón”.
-¡Eso lo que tú y todos vosotros os creéis…!-
-Pero si siempre se está metiendo con ella.., ¡no digas tonterías…!- Terminó la frase el “Pecoso” con un gesto de la mano algo despectivo hacia José Javier, y éste suspiró contrariado.
-¡¿Pero es que no lo veis…?!. Por eso se hizo lo de grabarle, para que Nuria supiese lo que en realidad siente él por ella –volvieron a cruzarse las miradas entre ellos-, nos os dais cuenta de que Sergio muestra dos caras.., una cuando está con Waldo” y compañía, sintiéndose respaldado de sus burlas por los demás –breve pausa-, pero otra muy diferente cuando está conmigo y me cuenta lloroso, cuanto quiere a Nuria y lo mal que se siente burlándose de ella, para que sus amigos del alma le tomen en consideración cuando algunos de vosotros, le seguís la corriente, y os reís también de la chavala… ¿O es que ya no os acordáis quien empezó a llamarla refajo…?- Buscó con la mirada a los demás, intentado ver en ellos un apoyo que no llegaba.
-Pero os aseguro que cuando pille al Sergio se va a enterar y cantará como yo me llamo José Javier, y encima dice ese desgraciado que le estoy haciendo chantaje…- Se levantó acto seguido con la idea de poner en práctica su amenaza.
-Es mejor que no empeores las cosas, deja a Sergio tranquilo porque no queremos que este asunto salpique a las chicas.., ellas no saben nada.- Se aterminó el “Tecla”, levantándose el igual que el resto de sus respectivas sillas, comprendiendo José Javier, el por qué Carolina no le hizo mención, de tan escabroso asunto el día anterior.
-Veo que a mi no me creéis –suspiró pesaroso-, pero a Sergio si…- Les espetó de mala gana.
-Es tu palabra contra la suya, además de un tiempo atrás vemos que te comportas como si los demás no existiésemos.., y solo vemos malas caras en ti –Pedro “Tecla” le miraba fijamente-, primero te peleaste con “Waldo”, y ahora pretendes buscar camorra con Sergio... José Javier da la impresión de que no te gusta estar con nosotros…- Se cruzó de brazos ante el otro, y en esta ocasión los demás apoyaron dichas palabras con gestos afirmativos.
-¡Eso es mentira…!- Se intentó defender el aludido, que se disponía a salir de allí para no escuchar más.
-Lo mejor para ti, es que asunto se olvide cuanto antes y…- Intervino el “Jualín” en tono conciliador.
-¡¡Si claro, y el que queda de cerdo traidor soy yo.., ¿verdad?!!.- Ya se encontraba fuera de sus casillas, evocando lo que le había llamado al principio su amigo.
-Mira.., mejor que te largues de aquí e intentes recapacitar…- Fue Ángel quien le señaló la puerta de salida poniéndose a la altura del otro, mientras miraba de soslayo a Pedro “Tecla”.
-¡No os preocupéis por mí.., tranquilos ya me marchaba…!.- Pedro miró una décima de segundo a Ángel adoptando una mirada de cierto reproche, cuando José Javier bajo un aire enfurecido contestó a su amigo, saliendo a continuación del garaje echando rayos y centellas.
-¡José Javier espera…!- Pedro “Tecla” salió detrás de él, pensando alarmado que éste iba en busca de Sergio, deteniéndolo a la altura de la gran verja que daba a la calle.
-¡¿Qué.., vienes a rematarme…?!- Le contestó casi con lágrimas en los ojos.
-Escúchame José Javier.., no quiero que la tomes con Sergio porque si no, todo esto se saldrá de madre… Si es verdad lo que cuentas, deja que sea él quien se contradiga…-
-¡Si.., pero mientras tanto quien se arrastra por el barro soy yo!- Atajó un ofendido José Javier con malos modos.
-Tú no me crees –continuó-, nadie me cree…!- Señaló en dirección imaginaria hacia el garaje desde su posición.
-Porque conociendo a Sergio.., y conociéndote a ti desde que…-
-¡Muchas gracias por tu apoyo y confianza “Tecla”!- Le cortó en seco y cada vez más alterado.
-Escúchame –alzó Pedro la mano-, lo primero que debes hacer es destruir la cinta, y chitón con las chicas y sobre todo con Nuria. Yo sé que todo este asunto pasará con el tiempo y se olvidará entre todos nosotros y…-
-¡Si claro.., y de mientras murmurareis a mis espaladas.., o me mirareis de reojo.., o por encima del hombro. ¿Qué bonito verdad…?!.- José Javier ya no quería atender a lo que le decía Pedro, dándose la vuelta para irse de allí, y cuanto más lejos mejor.
-Te equivocas José Javier…-
-¡No.., te equivocas tú, ya veo que no eres capaz ni de creerme una sola coma!- El muchacho le señaló con dedo acusatorio.
-Mira es mejor que zanjemos esta discusión.., las chicas y los otros están a punto de venir del bar y…-
-¡…Y claro, la oveja negra –se señaló con ese mismo dedo-, no puede estar con el rebaño…!- Al escuchar aquella especie de sentencia, Pedro “Tecla” suspiró lánguido bajando su mirada al suelo, para volver a fijarse un segundo mas tarde en su desencajado amigo.
-No eres ninguna oveja negra.., pero si quieres que te sea sincero, es más creíble lo que cuenta Sergio que lo que nos acabas tú de contar…- Los dos se quedaron mirándose en silencio, observando Pedro tragar saliva el otro.
-Creo que lo mejor es dejar que corra el agua –intentó ponerle la mano sobre el hombro de José Javier en gesto conciliador-, y todo vuelva a su cauce…-
-¡Ni me toques…!- Le apartó con un manotazo la mano, dándose la vuelta y comenzar a caminar calle abajo sin volverse a mirar a quien creía hasta esos momentos que era el mejor de sus amigos. Lleno de rabia e incomprensión, se fue directamente a la torre de su madre subiendo de dos en dos las escaleras que conducían al piso superior, y tras un sonoro portazo, se encerró dentro llorando con desespero y frustración… Esa noche cuando todo estaba preparado para la fiesta en el garaje de los hermanos Pérez, José Javier seguía en el segundo piso sin ganas de cenar y sin querer entrar en razones con su madre, dándole gritos a la pobre mujer desde el interior para que le dejase en paz y que se olvidase de que su hijo existía. En un momento álgido de ira en José Javier, éste mandó literalmente a la mierda a su madre, zanjando las suplicas de la progenitora, que viéndose sin el amparo de su hijo mayor que ese fin de semana no se quedó en la torre, se fue a casa de la señora Antonia, compungida y con lágrimas en los ojos en busca de consuelo y palabras de ánimo… Para cuando Elvira Sánchez llegó a casa de su vecina, el hijo de ésta se arreglaba para ir en busca de Ana María, y desde la casa de ella partir en dirección al encuentro del resto de Medianos, donde todos estaban convocados sobre las diez y media en el garaje. El muchacho viendo y escuchando a la madre de su amigo, se le calló el alma a los pies y no pudo retenerse en contarle a “grosso modo” lo sucedido por la tarde, para pasmo tanto en la madre de José Javier y de su propia madre… Elvira Sánchez le imploró a “Jualín” que volviesen a ser sus amigos, porque en vista de cómo se estaba comportando su hijo, temía que ocurriese algo peor.
El hijo de la señora Antonia le comentó que él seguiría siendo su amigo, al igual que los demás.., pero que hay cosas que un amigo no le hace a otro para su propio beneficio, y más si es perjudicando a la otra parte. A esas alturas, “Jualín” daba todo su crédito a las palabras de Sergio, aunque hubo alguien que empezó a dudar de éste tras escuchar a José Javier, ya que, si bien era verdad.., últimamente Sergio aprovechaba cualquier oportunidad para estar cerca de Nuria, y apenas hacía burlas sobre ella cuando estaba con el resto de los chicos, y por supuesto sin la presencia de las féminas. Toni el “Pecoso” se pasó media tarde mascullando esos hechos, pero omitió comentar esto con los demás, aduciendo que los otros también tenían ojos para “ver”… Los Medianos pasaron el resto del fin de semana sin la presencia de José Javier entre ellos, y a excepción de Carolina o alguna que otra chica del grupo, nadie más preguntó por él.
El lunes, sintiendo aún la rabia y la impotencia en sus entrañas, recibió una llamada de las oficinas de “Fríos del Mediterráneo” para anunciarle que había pasado con éxito las pruebas psicotécnicas a las que se sometió, y que estaba emplazado al miércoles de esa misma semana para una entrevista de trabajo, con el responsable de recursos humanos de la citada empresa a eso de las doce del mediodía. El muchacho aceptó con agrado dicha entrevista, con la esperanza de poder evadir de su mente lo sucedido el fin de semana.
Llegó la hora de la entrevista, en un despacho a solas con un hombre de mediana edad vestido de manera informal, que le realizó un sinfín de preguntas concernientes a las aptitudes para el trabajo, sus aspiraciones laborales de cara al futuro, y que se esperaría de él, si la empresa al final le seleccionaba, tras informarle de cuales serían las condiciones en las que realizaría su trabajo –bastante duras por cierto-. Una de las preguntas que le realizó el señor Blas –así se llamaba el hombre- a José Javier, fue contestada con la mayor sinceridad del mundo…
-Verá señor.., tengo diecisiete años – le mintió-, y toda una vida por delante, pero si hay algo que me llamó la atención en el anuncio del diario, fue la frase de poder vivir la mayor aventura de tu vida… Creo señor que mas claro no puedo ser…- Terminó el comentario con amplia sonrisa de oreja a oreja. Y tras una hora y diez minutos de tranquila charla, los dos se despidieron en la puerta del despacho, con la incógnita en nuestro amigo, si al final le aceptarían en el puesto de trabajo mientras dejaba atrás con paso presuroso del edificio. En ese momento el muchacho no se hacía a la idea de que tenía todos los ases en su haber para ser uno de los elegidos en realizar “la experiencia más grande de su vida…” Cuando cogía el autobús de regreso a la urbanización, el teléfono en la torre de los Sánchez no paró de sonar durante cinco minutos, para volver a enmudecer pasado ese corto espacio de tiempo, y al otro lado de la línea telefónica, Carolina pensaba con el ceño fruncido en donde diablos estaría José Javier.
Aquel viernes 23 de Mayo, Carolina no aparecía por la torre de su entrañable amigo para extrañeza de éste, que se armó de valor y ser él mismo quien fuese a visitarla a la torre de sus tíos, encontrándose con que la muchacha estaba en casa de Ángel que raramente aparecía por la urbanización a esas horas de la tarde. El muchacho no quiso molestarlos, con la intención de pasar de largo por la torre del aludido que estaba en la misma calle donde pasaba los fines de semana y vacaciones su chica, siendo la casa de él, donde comenzaba la empinada subida, y la de ella, donde acaba esta tras una replaceta sin salida, al igual que la calle donde José Javier vivía… A su espalda escuchó claramente la voz de Carolina que le llamaba desde la balconada del segundo piso, éste se giró con una media sonrisa en la boca, que fue difuminándose al ver a Ángel junto a ella, cosa inevitable…
La muchacha le rogó que pasase al interior para tomarse un refresco con ellos, dando por sentado que su chico no pondría ninguna pega, pero el otro no llegó a decir esta boca es mía…
-¿Dónde te has metido toda esta semana gamberrete…?- Carolina le guiñó un ojo ante la frase en tono guasón, y en un momento que la chica dejaba su vaso de refresco en la mesa, con la sana intención de agasajarlo con un abrazo y un beso, los dos muchachos se miraron un segundo con semblante serio y cierta tensión en el rostro de Ángel.
Quien llevaba la voz cantante, invitó a su amigo a sentarse con ellos y pasar un buen rato de “cháchara”, entre los ineludibles temas a los que estaban acostumbrados los viernes por la tarde sin que el “anfitrión” de la casa estuviese por la labor, ya que de cuando en cuando desparecía del lugar con cualquier excusa.
-Vaya.., hoy si que te ha dado por ir al lavabo.- Le dijo sonriente Carolina a su chico en una de las veces que se excusó.
-Si.., a veces a uno le entran las ganas de mear…- Contestó con cierto deje de sarcasmo mirando a José Javier.
-Bueno, a ver que va a pensar nuestro invitado…- Se acentuó la sonrisa en la chica, mirando a José Javier.
-“Que piense lo que le salga de los cojones”…- Pensó Ángel mirando al otro, para sonreír un instante después cuando su chica se giró hacia él.
-Seguramente habrás bebido más agua de la cuenta.- Le dijo en tono natural José Javier a su amigo.
-Será eso lo mas seguro…- Le contestó fríamente. En ese instante la madre de Ángel se asomó por la doble puerta cristalera del comedor que daba a la balconada, con la intención de reclamar a Carolina para que le ayudase un momento en la cocina. Tras la disculpa, la aludida los dejó momentáneamente a solas, y a Ángel curiosamente, le desparecieron las ganas de ir a orinar, sentados en la apetecible tarde cuyas horas de luz se alargaban día tras día.
-Ángel.., si quieres que me vaya, solo tienes que decírmelo.., no sé a que esperas.- Le anunció José Javier en voz baja.
-Claro.., así “Carol” me preguntará el por qué te has marchado sin despedirte de ella, por qué me imagino que eso es lo que gustaría que pasase.., ¿verdad?.- Le atizó a bocajarro Ángel.
-No sé de donde sacas eso.., pero por supuesto si que me despediría de “Carol”, a pesar de los años que nos conocemos, se ve lo poco que me conoces…- Le replicó el otro bajo un deje molesto.
-A estas alturas José Javier, ya nadie te conoce…- Ángel le dedicó tras aquella frase una sonrisa con ápices sarcásticos, escuchándole suspirar pesaroso mientras miraba hacia otro lugar.
-Sigues pensando que metí en una encerrona a Sergio.., ¿no es así…?- Le miró nuevamente con el semblante serio.
-Lo que piense o deje de pensar es cosa mía José Javier.., pero no temas, nadie te va a dar la espalda, porque tienes a una madre que sabe negociar.- Al escuchar aquello, el muchacho apretó con fuerza sus labios.
-¡¿Qué quieres decir…?!- Increpó elevando un par de grados su voz.
-¿Tu madre no te ha contado que mientras tú la mandabas a la mierda, ella se fue a casa del “Jualín” a llorarle sus penas mientras le preguntaba a él, que te pasaba a ti…?- La sonrisa sarcástica aumentó en consideración, viendo palidecer la cara de José Javier por momentos.
-Debería de darte vergüenza el que trates así a tu madre, mientras que ella implora para que su hijo no pierda a sus amigos.., cosa que por suerte no los perderás José Javier…- El aludido se contuvo por no levantarse y atizarle allí mismo a Ángel un puñetazo, a expensas de que apareciese en cualquier momento Carolina.
-¿Cómo puedes hacerme esto Ángel..?, yo que creía que éramos amigos y lo bien que nos lo pasábamos con nuestras chicas no hace tanto tiempo…- José Javier se levantó de la silla para disponerse a salir de allí.
-Y seguiremos siendo amigos.., al igual que todos, aunque me imagino que…- El aludido no quiso escuchar más, y dejándole con la palabra en la boca, se fue sin despedirse de su amiga, ni de los padres de Ángel… Por el camino, sólo tenía una idea en la cabeza: darle un escarmiento a su madre, por meterse donde no la llaman.
Elvira llegó a su casa alrededor de las ocho y media, cansada y molida de trabajar con una vieja “arpía” que se creía que tenía todo el derecho del mundo en esclavizar a otra persona, ya que en definitiva era ella quien pagaba. A pesar de la bonanza del tiempo, a la mujer le dolía todo el cuerpo, aumentado dicho dolor por el incipiente desgaste de huesos, pensando la mujer cuando abría la verja exterior, que no le apetecía hacer nada, salvo tumbarse en la cama y dormir. Pero la realidad era otra, ya que nada más llegar tendría que preparar la cena para su hijo y ella, recoger y fregar los platos, amén de saber si el “niño” había hecho al menos su cama, cosa que raramente hacía. Cuando ésta entró por la puerta del comedor desde el pasillo de la entrada, su hijo la esperaba con los brazos cruzados y cara de perro, sentado en el sofá…
-Hola hijo, que…- Le saludó nada mas dejar la bolsa sobre la mesa.
-¡¿Dónde estuviste mamá, el sábado pasado por la noche…?!- José Javier fue directo al grano, tras levantarse del sofá.
-Hijo.., ahora no recuerdo en…- La mujer se quedó sorprendida por la repentina reacción del menor.
-¡Pues deja que yo te lo recuerde mamá…!- José Javier dio tres pasos hacia su madre con tanto ímpetu, que ésta dio un pequeño traspiés con una de las sillas del comedor.
-¡¡Te fuiste a casa del “Jualín” –señaló el muchacho ya fuera de si-, metiéndote en donde no te llamaban!!.- Elvira notó que algunas gotas de saliva le salpicaban a la cara.
-Pe.., pero hijo…- Comenzaron a temblarle débilmente las piernas, buscando acomodo en la misma silla con la que tropezó.
-¡¡¿Quién te manda a ti ir por ahí metiéndote en mis asuntos…?!!- Su hijo no la dejó sentarse, pues la tenía asida con fuerza por los hombros, sin darse cuenta del daño que le infringía a su madre.
-Me.., me haces daño hijo…- Le dijo con labios temblorosos, mientras palidecía por momentos viéndole una actitud totalmente agresiva sin precedentes, a pesar de las disputas que habían mantenido últimamente.
-¡Tú a mi si que me haces daño…!- La dejó caer de mala gana sobre la silla, que crujió por el impacto del cuerpo de la mujer.
-¡¡Ahora mis amigos se reirán todavía más de mí por tu culpa –siguió martirizándola-, porque tengo una madre que sólo sabe meter las narices en donde no la llaman…!!- Comenzó a moverse de un lado para otro de la estancia, recordando la mujer que no hacía mucho, era su hijo mayor quien se comportaba así de furioso.
-Hijo es por tu bien.., veo que no sales tanto con tus amigos y yo…- Se excusaba al punto de las lágrimas.
-¡¡Eso a ti te importa una mierda…!!- El muchacho se abalanzó hacia ella tan fuera de si, que su madre en un gesto instintivo de supervivencia, se cubrió la cabeza con sus brazos creyendo que le iba a pegar.
-No.., no me pegues hijo…- Exclamó con voz rota por el miedo que se apoderó de su cuerpo, viéndose indefensa en aquellos momentos.
-¡¡¿Crees que voy a pegarte mamá…?!!- Más que una pregunta, daba la impresión de ser una amenaza, con solo mirar la cara de José Javier.
-Hijo yo sólo quería ayudarte.., porque veo que tus amigos…- Su madre seguía cubriéndose con sus brazos y el cuerpo hecho ovillo en la silla.
-¡Tú no tienes que ayudarme para nada –no la dejó continuar-, cuando quiera algo de ti ya te avisaré…!- Y con estas, se metió en su habitación tras cerrar la puerta con tal patada, que el tabique tembló hasta el punto, que uno de los cuadros cayó sobre el sofá, ya que al parecer sólo estaba sustentado por una puntilla que su madre puso con escaso arte y oficio, ya que a su hijo, no le dio la real gana de realizar tan insignificante trabajo.
Pasado un rato, a Elvira Sánchez no le quedaban fuerzas ni de moverse de la silla, pero hizo acopio de valor para levantarse mirando al cuadro caído sobre el sofá, el cual recogió dejándolo con cuidado sobre la mesa y retirarse a su habitación sin ganas de preparar cena alguna y sin hambre, acostándose la mujer prácticamente con lo que llevaba puesto. Al cabo de una hora, José Javier salió de su habitación hastiado de escuchar a su madre llorar en la habitación contigua a la suya, con la intención de subir a la segunda planta, no sin antes, apañarse una manta que sacó de su armario. Al salir por la puerta principal, miró de soslayo la puerta que daba a la habitación de su madre que se encontraba cerrada a cal y canto, pensando con el ceño fruncido que seguramente ésta le contaría a su hermano mayor lo ocurrido.., pero ya a esas alturas le daba igual como se pusiese Jorge con él.., y si tenía un golpe de suerte en su desdichada vida –ese era el concepto que tenía José Javier-, sería él quien se reiría de los demás…
Al día siguiente se marchó temprano de la torre para evitar a Jorge, el cual de por si, las relaciones entre ellos se habían deteriorado bastante a raíz de la última pelea que mantuvieron en Semana Santa, apareciendo sobre la hora de comer con la camisa que no le llegaba al cuello, temeroso por la supuesta reprimenda que iba a caer a manos de su hermano.
Pero se encontró con las caritas apocadas de sus dos sobrinos, preguntando el mayor nada mas verlo en donde había estado y si es que ya no quería jugar con ellos. A lo primero les contestó con evasivas, pero a la segunda cuestión les dijo que él siempre estaba dispuesto para jugar a lo que quisieran con él, para alegría de los niños. No existió bronca alguna por parte de Jorge, deduciendo el muchacho que su madre no había abierto la boca en referencia al episodio del día anterior, pero las distancias seguían siendo frías entre ambos hermanos, mientras que Elvira Sánchez callaba, tragándose su pena por un hijo “difícil” de tratar. El domingo sobre las once y media de la mañana, vio pasar calle abajo a Ramón desde el terrado del garaje, llamándole la atención. El aludido detuvo su paso a la espera de que José Javier bajase por las escaleras exteriores a su encuentro...
-¿A dónde vas Ramón…?- Quiso saber nada mas pisar la calle.
-Voy al bar y después al “Bingo”.., a ver si veo a alguno de los Medianos, porque ni el “Tecla”, ni mi chorba están en su casa…- Señaló con el pulgar hacia atrás, en dirección a la torre de los señores Pérez.
-¿No te importa que vaya contigo…?- Le preguntó embutiendo ambas manos dentro de los bolsillos del pantalón si mirar directamente a su amigo, esperando cualquier respuesta negativa por parte del otro.
-Por mi…- Ramón se encogió de hombros comenzando a caminar calle abajo, mientras que José Javier se colocaba a su lado.
-Oye Ramón.., por lo ocurrido el sábado pasado yo…-
-¡Alto para el carro –Ramón se detuvo en seco girándose hacia José Javier-, yo no quiero saber nada de todo este asunto.., ni de los líos que tengas tú con Sergio, ¿queda claro…?!- El aludido afirmó mediante un leve gesto de la cabeza, y sin decir nada.
-Si quieres venir te vienes, o si no…- Comenzó a caminar de nuevo.
-Vale.., vale…- Esa fue la única respuesta de José Javier, mientras volvía a colocarse junto a su amigo, caminando el resto del trayecto sin decirse apenas palabra alguna… Algunos de los chicos se encontraban en el “Bingo”, los cuales se sorprendieron por la presencia de José Javier allí, y aunque nadie manifestó nada en contra, las conversaciones animadas de entre ellos y alguna que otra risotada que se dejó escuchar momentos antes de que Ramón abriese la puerta, dejaron de existir. Tampoco fue sorpresa para José Javier, ver a Sergio hablando animado con el “Cegatón” y Toni el “Pecoso” entre otros, pero si que le causó cierta repugnancia intestina, el comportamiento de indiferencia mostrado por éste, disimulando al igual que si no hubiese pasado nada de lo ocurrido entre ellos dos, que a pesar de las constantes miradas que José Javier le dedicaba, Sergio evitó en todo momento cruzar su mirada con la de él…
-“El muy cabrón…”- Pensó odioso, mientras le atizaba con una de aquellas gélidas miradas.
Habrá notado querido lector/a, que utilizo con alguna regularidad el “refranero español” que es tan sabio y prudente al igual que la vida misma. Y es que me suelo aferrar a ello por lo antes mencionado, y ya que tenemos una amplia variedad de “dichos” y refranes, deje que le endose otro el cual no sé si he mencionado desde el comienzo de esta historia.., uno que reza así: “ la vida suele darte una de cal, y otra de arena…” Bajo mi humilde aportación –equivocada o no-, entiendo sobre este refrán, que en la vida a uno le pasan cosas desagradables, ya sean por propia iniciativa, o por la acción de terceras personas. O bien todo lo contrario, alegres y felices entre una diversidad de causas.., por ejemplo, el que te llame a la puerta la diosa fortuna. Y eso fue lo que le pasó a nuestro amigo el domingo por la noche, si me permite lector/a que se lo describa tal y como ocurrió…
José Javier rara vez jugaba a las quinielas, y cuando lo hacía era junto con su hermano apostando dos columnas con la ilusión puesta, de que le tocase los catorce aciertos. Salvo en una ocasión -y de eso hacía más de un año-, le tocó una de once aciertos, con un beneficio de doscientas setenta pesetas para alegría en su cuerpo, por lo demás nada de nada. Pero ese domingo sobre las once de la noche, mientras su madre ya estaba acostada para levantarse temprano al día siguiente para ir a trabajar, José Javier miraba el programa deportivo de la segunda cadena con los resúmenes de los partidos de la liga de fútbol y el resultado de la quiniela. El muchacho tuvo que aguantar hasta el final del programa, cuando el presentador anunció el marcador final de los encuentros de esa jornada liguera, y la respectiva combinación en la quiniela de esa semana.
A José Javier le estaba dando un síncope conforme se sucedían los resultados uno por uno, y cuando el presentador pasó a dar los posibles emonumentos económicos en las diferentes categorías, escrutado el noventa por ciento a esa hora, un pletórico José Javier daba literalmente saltos de alegría en el comedor de su casa, por la simple razón de tener entre sus manos una quiniela con doce aciertos, la lástima fue no llegar a los catorce.., pero sabiendo que de momento cobraría unas veintitrés mil doscientas ochenta y ocho pesetas “contantes y sonantes”… Toda una pequeña fortuna para un chico de dieciséis años, que iría a parar al interior de su bolsillo al día siguiente, cuando cobrase el premio en el único estanco del pueblo, donde también se rellenaban quinielas, aunque en este caso, la quiniela ganadora de José Javier fue sellada en una administración de Barcelona el viernes de esa semana.
-“Ahora si que me podré comprar ese curso práctico de inglés…”- Fue lo primero que pensó, bajo una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando su madre se marchó a trabajar, él ya estaba despierto en la cama sin querer salir de la habitación, y nada más escuchar el golpe de la verja pequeña al cerrarse, se levantó para comenzar un inmejorable día. Tras un buen desayuno que se preparó entre tonadas y silbidos, se marchó al pueblo con la intención de cobrar el premio de la quiniela, del cual se enteró –por fortuna-, que lo cobraría de manos del estanquero al ser un premio inferior a veinte cinco mil pesetas, ya que si no, debería de hacerse efectivo en el banco. Con las mismas, esperó el autobús de las diez y cuarto con dirección a la Ciudad Condal, donde se compró el curso de inglés en la librería-papelería de la calle Calábria, y de paso, una nueva hucha metálica que asemejaba una casita de campo sustituyendo la anterior, pagando por ella otras doscientas pesetas que se añadieron al importe del curso práctico, marchándose de la tienda más contento que unas pascuas… Una vez en casa, colocó la nueva hucha en el mismo lugar que la otra -al fondo de la estantería más alta de su armario-, pensando con cierto aire preocupado, si su madre se habría dado cuenta de la desaparición, depositando en su interior lo que llevaba de calderilla, unas cuatrocientas veinte pesetas, y tras unos bocados al pollo frío que le dejó Elvira en la nevera, se subió al segundo piso con la intención de empezar de inmediato con el adquirido curso de inglés… Ese fin de semana estuvo escasos ratos departiendo con el grupo, ya fuese en el bar o en el “Bingo” mayoritariamente, siendo el trato que le dispensaban sus amigos de lo más normal cuando las chicas estaban presentes. Pero la cosa cambiaba si no había fémina alguna de entre ellos, ya que José Javier veía claramente, que sus “amigos” le daban de lado, y sin apenas hablar con él, salvo alguna que otra palabra o comentario suelto. A veces le miraban de soslayo, y más si estaba Sergio, quizá a la espera de que saltase alguna chispa incendiaria entre ellos dos, sabiendo de antemano, que sería él quien las tendría todas de perder, así que el muchacho al igual que ocurría con “Waldo”, decidió que Sergio tampoco existía en su vida.
El martes 10 de Junio, recibió por teléfono la noticia cada vez más ansiada por nuestro amigo. Al otro lado de la línea se le informó que había sido seleccionado para trabajar en “Fríos del Mediterráneo”, y por ende, para la multinacional Niflix Corporación. No podía aguantar la alegría que aquello le supuso, mientras su madre regaba las plantas del patio delantero, aunque dicho estado anímico le duró bien poco al ser informado de que al día siguiente, debería de presentarse sin falta a una dirección barcelonesa, donde le aguardaban las vacunas que se le administrarían en una clínica famosa de la ciudad, amén de hacerle entrega de un certificado que constasen dichas vacunas tras el previo pago. “Fríos del Mediterráneo” se haría cargo de formalizar la cartilla internacional de vacunación, una vez presentado dicho certificado en sus oficinas, y le sería remitida mediante correo certificado la cartilla y la documentación en su propia casa. Cuando su madre se interesó por la llamada, José Javier le comentó que era Carolina para un asunto sin importancia, y que le llamaba, aprovechando que ese día no había clases en el instituto…
A la hora convenida, se presentó en la clínica de carácter privado en la parte alta de la Vía Augusta de Barcelona, muerto de miedo, sabedor que las inyecciones no iban con él. Tras presentar el resguardo de su “nuevo” carné de identidad a la señorita que estaba en información, se le encomió a sentarse en una –y solitaria-, sala de espera con dos sillones colocados centradamente en cada una de las paredes de esta, y una mesita acristalada entre ellos, y en cada pared, un cuadro paisajístico de bosque y montaña. Se puso a hojear el diario del domingo anterior que estaba entre otras revistas en una de las mesitas, en un intento por concentrar su mente en otra cosa que no fuesen los pinchazos que su cuerpo –y autoestima-, iban a recibir. Le llamó cierta atención una entrevista en la sección de sociedad, la historia de una mujer que durmió con un cuchillo bajo la almohada de su cama matrimonial, sin que su marido se enterase, ya que al parecer el hombre la maltrataba física y emocionalmente.., y cada vez que llegaba a su casa borracho la liaba a golpes con la mujer, siendo ocasionalmente presenciado estos hechos ante los dos hijos del matrimonio, con edades algo menores a los de sus sobrinos cuando empezaron las primeras palizas. Según declaraba la mujer -a la cual solo se le identificaba por sus iniciales-, siempre temió por la seguridad de sus pequeños… José Javier siguió leyendo dicha entrevista, enterándose a una pregunta del redactor, que la pobre mujer no tenía a donde ir con sus retoños.., ni tenía trabajo, ya que dependía del sueldo de su marido.., ni familia en la ciudad salvo la del maltratador, a la que nunca dijo nada por miedo a que no la creyeran… Aquella mujer estaba más que harta de poner denuncias a la policía, que iban -según declaró-, a la papelera, ya que nadie se interesó por ella de forma institucional.
-“Cuando mi marido se levantaba a la mañana siguiente –leyó textualmente con un susurro de voz -, me imploraba que le perdonase, puesto de rodillas a los pies de la cama o en cualquier lugar de la casa.., diciéndome que no bebería más.., que la noche anterior sería la última noche y que me quería mucho, más de lo que yo me imaginaba… Yo le perdoné una y otra vez, temiendo que caería en la bebida tarde o temprano y teniendo que aguantar sus insultos y bofetadas.., pero un día me juré, que si tocaba a mis hijos, le mataría con mis propias manos….”-
-“Por eso dormí con un cuchillo bajo la almohada de la cama durante casi cinco años de mi vida.., para defender a mis dos hijos a los que nunca tocó… Gracias a Dios ese individuo, por no llamarle otra cosa, murió en mitad de la calle con una borrachera de órdago y sacando el hígado por la boca, y a mi me ha quedado una mísera paga de viuda con dos hijos a los que mantener.., pero prefiero eso, que seguir conviviendo con un monstruo, del que sufrí toda clase de vejaciones que existen en este mundo en mis propias carnes, durante quince años de mi matrimonio…”-
-¿José Javier Sánchez…?- La voz de una enfermera le despertó de la lectura de aquella historia a la realidad. Acompañado por la enfermera, caminaron por una serie de pasillos bien iluminados hasta lo que dedujo era una sala de curas en toda regla. Allí un medico le administró tres inyecciones.., la antitetánica en el trasero.., otra contra la malaria en el brazo derecho y la siguiente una combinada de cuyo nombre no recordó en primera instancia, colocada “sin compasión” en el otro brazo. Menudos lagrimones le caían al pobre muchacho una vez terminado el proceso de “banderilleado”, y encima tuvo que pagar por ello…
Más que un certificado, lo que se le entregó parecía una cartilla de la seguridad social, con el nombre técnico de las inyecciones puestas, la fecha tope de caducidad de estas y la firma de quien se las puso, un tal doctor Aguilar, medico colegiado cuyo número se leía claramente bajo la firma, además del sello de la empresa “Fríos del Mediterráneo”. El medico le comentó una vez inyectadas las vacunas, que lo más probable sería que pasase un par de días con unas décimas de fiebre, pero que no se preocupase por este hecho, ya que era normal tal reacción en el cuerpo, aconsejándole que se tomase una aspirina después de cada comida durante esos días.
Y con estas, se marchó para adelantar tiempo a la calle Diputación y entregar en la oficina lo que en la clínica le habían dado, y así formalizar la cartilla internacional de vacunación, preguntándole a la señorita de recepción –ya que ni se atrevió a preguntarle al propio medico-, si serían necesarias inyectarle otras vacunas. La chica le comentó que no lo creía, pero que ella tampoco sabría decírselo con certeza para disgusto de José Javier. Después de reiterarle la señorita que recibiría en su casa la nueva cartilla, junto con la documentación que debería de entregar a un tal señor Martín, una vez llegado a su destino el treinta de ese mismo mes, ya que el día uno de Julio empezaba oficialmente a trabajar. Tras desearle la amable señorita buena suerte, se marchó de allí con la intención de ir a la calle Mallorca y preguntar si ya tenían su nuevo DNI y el pasaporte. Ahora con dinero fresco en el bolsillo, se permitió el lujo de tomar un taxi que le llevó a la dirección indicada.
José Javier se encontró de nuevo en aquella enorme sala, y no menos largo mostrador de madera envejecida, esperando su turno al igual que en las dos ocasiones anteriores. El mismo funcionario le atendió, y tras consultar el resguardo que el muchacho le entregó, buscó en una caja de cartón de reducidas dimensiones el nuevo carné de entre una treintena recién “horneados”… Allí estaba, prístino y reluciente bajo los grandes fluorescentes, que alineados a pares ocupaban todo el techo en cinco filas. José Javier se fijó en la fecha de nacimiento que figuraba, sonriendo sibilino al comprobar que según constaba en ese documento, había nacido el veintiuno de Noviembre de mil nueve cientos sesenta y dos (21/11/62).
Milagro o no, había colado la fecha que él escribió de forma malintencionada en los formularios a rellenar. Tras dar las gracias, se pasó a la sección para la tramitación de pasaportes con la vana esperanza de que también estuviese el suyo a punto. Mientras esperaba detrás de cuatro personas en la cola, pensaba a la vez que sentía un pequeño nudo se le formaba en la boca del estómago, que quizás el pasaporte aún no estaba listo, ya que la mujer le comentó en su momento, que entre un mes y mes y medio a lo más tardar, no lo tendrían allí.., y lo peor era, que si no tenía el pasaporte para antes de final de mes, no podría trabajar. A la pregunta que le formuló el responsable de recursos humanos, sobre dicho pasaporte, José Javier le comentó que se estaba tramitando desde el día nueve de Mayo, y el hombre le dijo que no se preocupase, ya que para cuando empezase a trabajar lo tendría en su poder.., eso esperaba. Cuando le tocó su turno, quien le atendió no fue la mujer a la que él estaba acostumbrado a ver tras el mostrador, en este caso fue un hombre, también de mediana edad, que le pidió el nuevo DNI, comprobando el número en una lista, y el milagro se materializó allí mismo, cuando el funcionario le entregó el pasaporte y junto a este el certificado original de de defunción de su padre. Pagó el resto del importe saliendo del lugar con una satisfacción en el cuerpo tal, que ni él se creía.
Ya en la calle, observó con detenimiento el librito de color azul oscuro, tanto que parecía negro, donde se podía leer en medianas letras doradas la palabra “PASAPORTE”. Bajo ella, el escudo constitucional, y bajo el escudo la palabra “ESPAÑA”, con las mismas y brillantes letras doradas. Lo abrió por la primera página en donde figuraban una serie de instrucciones de empleo y unos consejos prácticos al llegar a la aduana de destino. La hoja siguiente figuraba su fotografía y una serie de casilleros en donde se suponía que iban los sellos oficiales y registros de entrada y salida en las aduanas de los países por visitar. Regresó a la urbanización con los brazos doloridos por las inyecciones y la preocupación lógica de no saber que le depararía el futuro a partir de ese día. Él, que al tomar la uvas el día de nochevieja deseó ser tan feliz como lo había sido desde que conoció a su chica, y que el año que comenzaba fuese igual o mejor que el anterior, sin imaginarse siquiera que a esas alturas del año, estaba a punto de realizar una aventura que le marcaría profundamente, sirviéndole de preámbulo para el resto de su vida. Desde que Ángela rompió con él en el mes de Febrero, los acontecimientos en su vida personal y familiar se habían sucedido de manera vertiginosa, sin apenas respiro. Y en el tema laboral, un tanto de lo mismo a falta de atar unos cabos sueltos. Por ejemplo, firmar el contrato de trabajo.., o la entrega del billete de tren, amén de la cartilla de vacunación, suponiendo que era la documentación que a él se le entregaría por correo certificado, ya que la señorita no le especificó claramente que clase de papeles integraban la susodicha documentación, y es que José Javier no quiso indagar más cuando tuvo la oportunidad ya fuese por temor o por vergüenza… Era hora de darse un respiro a la espera del día de su partida, creyendo que salvo los flecos anteriormente mencionados, todo estaba resuelto y ya no tendría las prisas de ir de un lado para otro. Aunque José Javier Sánchez, se volvió a equivocar.
Ya ese mismo sábado le llamaron con premura desde las oficinas en la calle Diputación, poniéndose él mismo al aparato telefónico, sin imaginar lo que se le venía encima, y menos mal que su madre estaba en la tienda de la Luisa comprando el pan, y dándole a la lengua con la propietaria del establecimiento, amén de alguna que otra vecina de la urbanización. Al cuarto timbrazo descolgó el auricular…
-¿Diga…?- Pensó en primera instancia que era Jorge quien llamaba, con la esperanza oculta de que éste le dijese que no vendrían a pasar el fin de semana en la torre.
-¿El señor José Javier Sánchez…?- Era la voz de un hombre, pero no la de su hermano.
-El mismo, ¿quién es…?.- El auricular enmudeció un par de segundos.
-Soy el responsable del departamento de recursos humanos de…-
-¡Ah si.., no le había reconocido. ¿Cómo está usted..?!- Le atajó con aire jubiloso.
-Bien gracias.., verá –breve pausa-, le llamo para informarle que debido a una situación técnica ajena a la empresa Niflix, se va a adelantar unos días su ingreso para trabajar con nosotros.., así que no será el primero de Julio, según lo previsto –otra breve pausa-, espero que esta situación no le hará a usted cambiar de idea…- El hombre fue directo al grano.
-No claro que no.., no me importa empezar unos días antes señor pero.., aún no tengo la cartilla de vacunación ni el contrato firmado y…-
-No se preocupe por eso –ahora fue el otro quien atajó a José Javier-, lo mas seguro, que el lunes sin falta tenga usted toda la documentación en regla que no deberá ni de entregar en esta oficina, ya que le pido que anote este número de teléfono –se lo deletreó número por número-, y pregunte por el señor Martín, pues con él y otros compañeros realizaran el viaje hasta su destino… Si el martes a lo mas tardar no tiene en su poder la documentación, le ruego que nos lo haga saber, para realizar las diligencias oportunas antes de la fecha de salida, la cual, la acordará con el señor Martín una vez puesto en contacto con él…- José Javier asentía con la cabeza a las palabras del otro.
-¿Ha tomado usted correctamente el número del señor Martín…?!- Le preguntó a modo de preámbulo a la despedida.
-Si.., lo he tomado.- El muchacho se lo repitió, y tras la aprobación del hombre se despidieron, no sin antes desearle buena suerte en su nueva etapa laboral.
Tras colgar, lo primero que hizo José Javier fue marcar el número dado por el responsable de recursos humanos, aprovechando que se encontraba solo en ese instante. Lo marcó en el dial con dedo tembloroso y al sonar el tercer tono, vio a su madre que llegaba de comprar el pan colgando de inmediato el auricular telefónico. Por desgracia el primer intento resultó fallido, y para más INRI, no pudo ponerse en contacto con el tal Martín durante el fin de semana desde su casa… Cuando llegó su hermano a la torre a eso de las once y media de la mañana, traía consigo un jamón que le había regalado un cliente satisfecho por su buen hacer. Lo primero que hizo una vez instalados bártulos y enseres para pasar otro fin de semana en casa de su madre, fue ir directamente a la cocina en busca del cuchillo jamonero, con la intención de afilarlo bien afilado, y preparar unas “tapitas” con vino y pan para abrir boca antes de la comida.
-¡Mamá.., ¿dónde tienes el cuchillo de cortar jamón…?- Preguntó asomándose al patio trasero, donde la mujer estaba con sus nietos dando de comer a las cuatro gallinas que tenían por esas fechas. Elvira Sánchez palideció un segundo, pero supo recomponerse al momento.
-¡Anda.., ahora que lo recuerdo, se me partió esta misma semana y lo tiré al container de la basura.., Jorge, tendrás que apañártelas con otro cuchillo –la mujer se encaminó hacia la puerta que daba a la cocina desde el patio trasero-, mira en el primer cajón, tengo uno que te servirá hijo…- Le indicó con el dedo desde la puerta… José Javier escuchó la excusa y propuesta dada por su madre, asomado a una de las ventanas que daban a la parte trasera de la torre, concretamente la ventana de doble cristal que daría claridad a la futura cocina de segundo piso, apenas le dio importancia, ya que observaba divertido desde las alturas, a sus sobrinos que, entre nerviosas risas, daban de comer a las gallinas con sus propias manitas.
Ese fin de semana, algunas Medianas se enteraron del episodio habido entre Sergio y José Javier. Lo supieron estando en el “Bingo”, mientras preparaban el cumpleaños de Carolina que sería para el sábado siguiente, acordando que se efectuaría tal evento, en la torre de sus tíos por petición propia… Al escuchar por boca de Ángel y el “Jualín”, ante la mirada de reproche del Pedro “Tecla” por irse ambos de la lengua, en las chicas hubo división de opiniones, aunque una cosa estaba clara, ellas no iban a ser quienes les retirase la palabra, ya que ellos no lo habían hecho. Carolina fue –como no-, la defensora a ultranza de José Javier, e incluso allí mismo tuvo una pequeña disputa con su chico, porque este no le dijo nada de lo ocurrido, una aliada a ella fue Mª Rosa, aunque en este caso tenía algunas dudas a lo que expuso José Javier en el garaje de su casa –por boca de Ángel y el “Jualín”-, y conociendo lo que había cambiado –y para peor-, desde que Ángela rompió con él, si que se sentía molesta por el trato que los demás chicos le daban desde ese día, y que no era bueno eso de tener doble moral ante él cuando estaban ellas, o no… Mari se mantuvo neutral, pero si que opinó que lo pasado.., pasado estaba y que mejor sería dejar pasar el tiempo por el bien de todos. El “Tecla” al escuchar las palabras de Mari se congratuló con ella, pensando que ambos poseían la misma manera de pensar, un punto más a su favor con referencia a sus sentimientos hacia la guapa muchacha, que cada día que pasaba, se sentía más atraído a su persona. Tanto Ana María, amén de las dos “Lola” y Maika, se pusieron más a favor de Sergio que de José Javier, pero si que reconocieron que últimamente Sergio estaba mucho con Nuria, pues esa misma tarde, no hacía ni una hora que Antonio y su hermana, acompañados de “Waldo”.., el propio Sergio, Nuria y su prima, además de el “Pecoso”, se habían marchado a tomar algo al bar, alegando que estaban sedientos y el agua de la parcela del “Bingo” sabía a rayos. Pedro “Cegatón” escuchaba la diversidad de opiniones bastante silencioso, sin soltar aquellas fases fuera de tono a la hora de enjuiciar cualquier cosa. Al muchacho se le veía distraído sentado en el suelo junto a Ramón, sacando punta a un pequeño tronco que había encontrado tras la caseta. El propio Ramón le preguntó que opinaba de todo aquello después de quince días, y este contestó tras un bufido que él no quería saber nada del asunto.
-Mira por donde “Cegatón”, eso fue lo mismo que le dije yo la semana pasada cuando venía hacia aquí…- El aludido sonrió sin ganas, continuando con su manualidad.
Al final las chicas acordaron para no enredar más las cosas, guardar silencio ante los implicados y por ende, a Nuria y su prima, preguntando Carolina en un momento dado a los demás, si habían visto a José Javier, ya que ella estuvo con él un rato en su casa, a última hora de la tarde…
-Estará por ahí, vete tú a saber…- Le contestó su chico de mala gana, y a Carolina le rechinaron los dientes aunque omitió decir palabra alguna… El domingo por la tarde, si que estuvo el enjuiciado muchacho con el grupo en el “Bingo” durante un buen rato, pero se marchó casi sin despedirse de nadie, con la sensación de que los chicos apenas si habían reparado en su presencia, mientras las pocas chicas que quedaban, terminaban de planificar la fiesta de cumpleaños de la semana siguiente dándole los últimos retoques, con una alegría generalizada entre todos ellos, ya que era el primer fin de semana de las vacaciones del verano, y todos se hicieron la promesa de estar en la urbanización el viernes a primera hora de la tarde, para ayudar en casa de Carolina con los preparativos…
José Javier se quedó parado a un par de metros del “Bingo”, la puerta estaba cerrada a sus espaldas, dejándola así un momento antes. Tenía las manos metidas en los bolsillos, pensando cabizbajo que él no estaría ese verano con el grupo, yéndose a ganarse la vida, lejos de allí. Quizá fuese lo mejor en vista de que nadie le echaría en falta a excepción de Carolina –con solo evocar su nombre, una tibia sonrisa afloró en su semblante-, pero sonrisa que se evaporó al instante al escuchar a alguien preguntar por él…
-¿Oye.., José Javier se ha largado ya…?.- Era la voz inconfundible del “Tecla”, sin saber a quien le preguntaba.
-Si.., hace un momento, y sin despedirse de nadie…- Agudizó el oído, era Ana María.
-Pues mejor, un estorbo menos…- Tras la frase añadida con un gesto despectivo de Toni el “Pecoso”, algunos rieron distraídamente, mientras que otros pocos protestaron con la boca chica. A esas alturas a José Javier ya se le había partido el alma, mientras caminaba por el sendero llenándosele los ojos de lágrimas, y sin escuchar en la distancia la replica del propio “Pecoso”, alegando que lo dicho era una broma… Ángel y Carolina aparecieron por el “Bingo” al rato de la marcha de José Javier, después de dar una vuelta de “reconciliación”, con la intención de despedirse de los demás y emplazarles para la semana siguiente, prometiéndoles la muchacha que haría todo lo posible para que fuese la fiesta mas sonada de los Medianos de ese año… Sus tíos le habían prometido lo que ella pidiese, no solo por las buenas notas de fin de curso, también –según le comentó su tía con amplia sonrisa en la boca-, solo se cumplen quince años una vez en la vida. Carolina Arias se marchó a su casa del brazo de su chico, dichosa y feliz por el acontecimiento venidero, sin saber seis días antes que tan anhelada fiesta no se celebraría. Y es que a veces el destino puede ser cruel…, demasiado cruel.
Hay un dicho popular, que viene a decir: que son pocas las personas que nacen con estrella, y muchas las que nacen estrelladas.., y en su caso, José Javier pudo comprobar hasta donde puede caerle a un ser mortal su mala estrella, y eso ocurrió nada mas empezar la semana…
El lunes se puso en contacto con el señor Martín, un hombre a quién no conocía de nada, pero que al parecer sería su compañero de viaje, y por ende, de trabajo. El numero de teléfono al que llamó pertenecía a San Cugat del Vallés, una población cercana a Barcelona lugar de residencia del citado señor Martín, que se puso al aparato tras los primeros tonos…
-Ho.., hola buenos días.., ¿es usted el señor Martín….?- Preguntó el muchacho casi con un hilo de voz.
-Si el mismo.., y usted debe de ser si no me equivoco José Javier…- Le respondió el hombre.
-Si soy yo…- José Javier se mordió el labio inferior.
-¿Ha recibido ya la documentación…?- Se interesó el hombre.
-Si lo desea, puede usted tutearme…- Intentó ser cordial nuestro amigo.
-Bien José Javier.., como quieras… ¿qué sabes de la documentación..?- Volvió a inquirir.
-Por ahora no la tengo.., pero debe de estar en camino.- Le comentó mientras se encendía un cigarrillo.
-Bueno, esperemos que llegue a tiempo, ahora escucha con atención…-
-Le escucho…-
-Me imagino –continuó hablando-, que estarás informado de que la salida se ha tenido que adelantar por motivos técnicos.., aunque más bien podemos decir que climatológicos.., ¿me sigues?.- Preguntó al otro lado del hilo telefónico.
-Si claro…- A José Javier le pareció que aquel hombre debía de ser importante, pero omitió realizar comentario alguno.
-Bien.., el sábado entre las dos y las dos y media de la madrugada, me pasaré por donde vives, ya que tengo tu dirección anotada en mi agenda y…-
-¿Sabrá usted llegar hasta aquí..?- Le atajó José Javier, sin aparentar haber escuchado a su interlocutor.
-No te preocupes conozco la zona bastante bien.., además no es la primera vez que almuerzo en el bar restaurante de la urbanización donde tú vives…- José Javier al escuchar aquello se quedó más tranquilo.
-Vaya.., no sabía que…-
-No te preocupes José Javier, quizás el viaje se te antoje largo, pero no iremos solos porque dos compañeros más nos acompañaran.., verás que buena gente es…- Aclaró el señor Martín, mientras que al otro lado de la línea José Javier no las tenía todas consigo, ya que eso de viajar con desconocidos…
-Entonces.., ¿dónde me recogerá usted?.- Quiso saber el muchacho con un deje de voz.
-Me imagino que conocerás la vieja fábrica de materiales para la construcción que hay justo al lado de la urbanización donde vives.., ¿no…?.- Preguntó el hombre.
-Si, claro que la conozco…- Sonrió para si José Javier.
-Bien, pues escucha con atención.., el sábado veintiuno entre las dos y las dos y media de la madrugada, te recogeré a pie de la carretera, frente a la vieja fábrica.., ¿de acuerdo…?-
-No habrá problema señor…- José Javier le contestó con cierto regomello en el cuerpo, sin caer de buenas a primeras presa por los nervios del momento, en un detalle a lo dicho por el otro.
-Otra cosa.., si la documentación no te ha llegado de hoy para mañana, hazlo saber en las oficinas de “Fríos del Mediterráneo”, porque entonces yo la llevaré consigo.., ¿ok..?- Le aclaró el señor Martín, reafirmando a oídos de José Javier que su interlocutor debía de ser todo un buen “personaje”, ya que el muchacho no conocía a muchos adultos de su entorno que se expresasen con aquella autosuficiencia casi insultante…
-De acuerdo señor…- Tras la despedida ambos colgaron.
José Javier se quedó mirando el aparato telefónico unos instantes, su mirada pensativa se centraba en el dial redondo de números negros, y estos le decían que algo no encajaba en su mente…
-“El veintiuno.., el veintiuno. ¡Oh no…!”- Por fin se dio cuenta.., ese día era el cumpleaños de Carolina y él no estaría en tan ansiada fiesta por parte de la anfitriona. Se sentó en una de las sillas del solitario comedor, apoyando los codos sobre la mesa para taparse a continuación con ambas manos la cara, adoptando un gesto compungido con la seguridad de que su amiga no le perdonaría tal desplante, y ya solo le faltaba eso… Así se quedó un buen rato con los brazos cruzados sobre la madera pulida de la mesa y la cabeza encima de ellos, entristecido por su marcha en tan señalado día, aunque él no podía hacer nada por evitarlo, salvo volver a llamar al señor Martín y decirle que no contase con él.., que dejaba el trabajo por tal de ver a su amiga feliz junto a los suyos y a todos sus amigos. Barajaba seriamente tales pensamientos, cuando el timbre de la puerta le despertó de aquel ensimismamiento. Al mirar a través de la cortina, divisó al cartero del pueblo que escudriñaba desde la calle hacia el interior con la mano derecha puesta en su frente a modo de visera. Unos segundos más tarde, José Javier le atendía en el umbral de la verja pequeña, firmando el resguardo en la hoja que el otro le dio, haciéndole entrega de un voluminoso sobre color marrón.
Ya en el interior, abrió el sobre explorando su contenido… Allí estaba la cartilla internacional de vacunas, el contrato mercantil con la firma de la empresa, y una gruesa agenda personal con el logotipo de “Niflix Corporación”, donde descubrió -con cierto interés-, un pequeño sector en el centro de dicha agenda, donde algunas de sus páginas estaban saturadas de fotografías del lugar donde trabajaría, además de muchas de las dependencias. También descubrió un folleto explicativo donde se aclaraba todo cuanto debería de entregar al encargado de personal, cuando éste se lo exigiese.
Todo cuanto tenía en sus manos, era en definitiva su salvo conducto para dar un cambio en su vida, pero dicho cambio había pasado por una serie de circunstancias a las que él necesitó recurrir, por ejemplo.., la de mentir con respecto a su edad si quería optar por aquel puesto de trabajo.., engañar a su madre, y aparentar cierta normalidad entre sus amigos del grupo, a pesar de los momentos críticos por los que el muchacho atravesaba con respecto a ellos, ya que aún perduraba fresco en su memoria, el comentario realizado por el “Pecoso” en el “Bingo”. A José Javier no le había costado mucho mantener en secreto su propósito de trabajar lejos de allí, pero reconoció que en más de una ocasión estuvo tentado en decírselo a Carolina, teniéndose que morder la lengua ante ella en las oportunidades que se le presentaron. Pero también se preguntaba qué pasaría cuando se supiese que se había marchado a escondidas.., qué reacción se suscitaría de entre sus seres queridos y amigos tras la marcha… ¿Les importaría realmente.., se preocuparían por él…?. Con esas y otras vicisitudes se fue a la habitación de su madre, tumbándose en la cama cuan largo era, sin saber si llamar a Carolina y contarle la verdad sobre lo que se proponía a realizar… Ella sería la única en entenderle y comprenderle.
Hacía bastante tiempo que la gruesa colcha de invierno había desaparecido de la cama, ahora solo la mujer dormía con una sábana sobre el cuerpo, despareciendo también la colcha de verano, la cual no hacía falta a causa de las calurosas noches que se pasaban en esos días. Con un movimiento instintivo, José Javier metió los brazos –tumbado boca abajo-, por debajo de la almohada, llevándose un susto de muerte al sentir lo que creyó ser el “mordisco” de una alimaña bajo esta, dando un salto de la cama con el semblante aterrorizado, mirándose el dorso de la mano izquierda, donde se apreciaba un pinchazo del cual, una gruesa gota de sangre se formaba por la pequeña herida ocasionada.
-¡Santo Dios, una serpiente…!- Exclamó alarmado, observando con ojos desorbitados desde la puerta de la habitación en dirección a la cabecera de la cama, limpiándose con la otra mano la herida infringida, y un sudor frío que comenzó a invadirle todo su cuerpo.
-“Dios mío.., me estoy muriendo…”- Pensó sin saber que hacer de buenas a primeras.., ya que su mente se había bloqueado por completo, evocando que algunos años atrás, el difunto señor López -el vecino de al lado-, sacó de su casa a la calle, una víbora más larga que un ”autobús”, la cual se había colado hasta la cocina para susto de su esposa y las dos hijas que en ese momento estaban en la torre. Allí en la calle la mató a golpes con una azada, quemándola después ante las miradas de algunos vecinos que se prestaron en echarle una mano.., y entre ellos su propio padre, cuando aún vivía.
El muchacho nunca había experimentado la mordedura de una serpiente, la cual creía ser venenosa y por lo poco que conocía, las subsiguientes reacciones a la mordedura de dicho ofidio no llegaban. Ni calambres, ni fiebres.., ni temblores.., ni sensación de cansancio, en definitiva nada de nada, desestimando el llamar a la policía municipal para pedir socorro, conforme los minutos pasaban y el susto inicial se iba desvaneciendo. Sentado en la misma silla que ocupó instantes después de hablar con el señor Martín, se devanaba los sesos rumiando cómo había llegado hasta allí, y que gracias a Dios a su madre no la atacó… Se armó de valor cogiendo una pala de hierro que utilizaba la mujer para retirar la suciedad dejaba por las gallinas, y con el “arma” bien asida entre sus manos, se adentró en la habitación tragando saliva a todo meter y con una rigidez en todo el cuerpo, que si le hubiesen pinchado con una aguja, esta se partiría al entrar en contacto con su piel. Se preparó mentalmente para matar a palazos al animal, y adelantando con un gesto rápido su mano izquierda, retiró la larga almohada que de una sola pieza ocupaba el ancho de la cama, quedándose estupefacto a la décima siguiente, tras descubrir lo que en realidad se escondía bajo esta… Sus ojos se abrieron asombrados, y la pala de hierro se le escapó de la mano, cayendo estrepitosa al suelo de la habitación. Se quedó boquiabierto sin volver a reaccionar ante el nuevo descubrimiento, el cual creía ciegamente que ante sus ojos aparecería una serpiente asesina, y no aquel inesperado objeto… El cuchillo jamonero que tanto buscaba su hermano, dos días atrás.
Cuando su mente fue despejándose de la neblina que le envolvía, comprendió que ése era el segundo golpe anímico que recibió en menos de veinticuatro horas, pero este era mucho más significativo y doloroso, que cuando escuchó al “Pecoso” decir lo que dijo en el interior de la antigua caseta de aperos para la labranza, o sea sé, el “Bingo”. Su madre dormía con un cuchillo bajo la almohada para defenderse.., ¿de quién…?. De su propio hijo…
-“Yo dormí con un cuchillo bajo la almohada durante cinco años, por temor a mi marido…”- Evocó aquella luctuosa noticia, que leyó en la salita de espera de una clínica privada, esperando muerto de miedo, las vacunas que debían de administrársele. Y una terrible sospecha caló muy hondo en su desgarrada alma, mientras rodeaba la cama con paso cansino. Una solitaria lágrima bajaba por su mejilla derecha, a la que pronto se uniría otra y otra más.., y pronto recorrieron impasibles ambas mejillas. Lloraba a lágrima viva cuando se arrodilló en el lado donde acostumbraba dormir su madre, sin apartar la mirada del cuchillo, y deseando en esos instantes que en realidad hubiese sido esa serpiente mortífera la atacante, y no, el cuchillo de filo cortante y medianas dimensiones, que utilizaban mayoritariamente para cortar jamón… Sólo José Javier Sánchez supo hasta que cotas de hundimiento anímico y moral, invadió su ser en aquellos tristes momentos. La presencia del cuchillo y tras la compresión de su significado, deseó morirse allí mismo, agarrando el utensilio cortante con la derecha, para colocarse el lado afilado sobre la muñeca izquierda con la intención de cortarse las venas…
-A qué esperas José Javier –se decía entre un angustiado llanto-, nadie te quiere.., tu chica te abandonó porque ya estaba harta de ti.., tus amigos te dejan de lado porque para ellos eres un indeseable, y ahora esto.., tu made duerme con un cuchillo para defenderse, porque cree que un día de estos le pegarás…- Apretó un poco el filo sobre su muñeca.
-¡Acaba de una vez con todo.., nadie va a llorarte José Javier.., nadie!- El cuchillo empezó a hundirse sobre su piel. Pero evocó que no hacía ni dos horas, alguien a quien no conocía confiaba en él, y tenía la oportunidad de demostrar que era una persona válida a ojos de quienes apostasen por su persona.., recordó que aún tenía la documentación sobre la mesa, y ese era en definitiva su trampolín para comenzar una nueva vida lejos de allí, y si en la mente de José Javier a lo largo de esa mañana se asomó la sombra de la duda, sobre lo que le iba a deparar su futuro, esta se esfumó mientras contemplaba el cuchillo sobre la blanca y regordeta muñeca, cuya presión se iba reduciendo poco a poco. Nuestro amigo se juró sin moverse del sitio, que algún día volvería y que quizá con el paso del tiempo, todos quienes le conocían se sentirían orgullosos de él.., aunque en realidad, y en vista de sus atribulados pensamientos, ni él mismo se lo creía… Escuchó en las profundidades de su mente a su padre decirle que rectificar es de sabios, pero más sabio era aquel, que ponía en práctica dichas rectificaciones, siempre y cuando fuesen para mejorar en la vida. Creyó verle allí sentado a los pies de la cama, fruto de la imaginación, que le trasladó en los cándidos y felices días, cuando su padre vivía.., alargó la mano para tocarle, llamándole reiterado entre sonoros llantos, y en un momento que cerró los ojos para limpiárselos con el dorso de la mano, aquella imagen había desaparecido…
José Javier Sánchez, apenas un adolescente de dieciséis años, se vio solo.., muy solo aquella mañana de Junio, no físicamente en la habitación de su madre, más bien aquella soledad era absoluta, la de una persona que no tiene nada.., que por no tener, no tiene ni identidad propia, creyendo ser un marginado más en la vida. Pero se juró que cambiaría a partir de ese momento.., que sería otra persona, y que si el precio que debía de pagar era lejos de allí.., lo pagaría con creces, sin saber a ciencia cierta si volvería…
No pensó en el sufrimiento de los demás, en aquellos trascendentales momentos de su vida, ya que estaba plenamente convencido de que nadie sufriría por su marcha, decidiendo que era hora de empezar a poner en práctica su juramento. Con todo el dolor del mundo, agarró la pala de hierro con una mano, mientras que con la otra sostenía el cuchillo jamonero, buscando por el cuarto trastero, el viejo azadón que su padre utilizaba para cavar en la tierra. Una vez encontrado, se dirigió a una zona del huerto, la más cercana a la valla divisoria con el vecino contiguo, donde se hallaba un pequeño montón de hojas secas –cerca de la caseta de la depuradora-, el cual retiró hacia un lado comenzado a cavar un agujero de medio metro de profundidad… Partió la hoja del cuchillo con cuidado a la altura del mango, y lo depositó dentro, tapándolo con la tierra extraída y volviendo a colocar el montón de hojas y ramas secas en el mismo lugar, disimulando así el trabajo realizado. Con esa acción, no sólo había enterrado un cuchillo jamonero, había enterrado mucho más que eso.., su pasado. Pero si quería enfrentarse al futuro que le deparaba a partir de ese instante, debía de darse prisa, pues el tiempo apremiaba...
Esa misma tarde se pasó por la consulta del medico en el cercano pueblo, contándole un pequeño problema que le acaecía a su madre desde días atrás, pues le dijo que la mujer no dormía bien, pasándose muchas noches en vilo, y que ella no necesitaba ningún medico para que la viese… El muchacho le explicó al galeno que si él estaba allí, era a escondidas de su madre, y que quería ayudarla a dormir mejor porque se levantaba muy cansada, y cada vez la veía más deprimida, recordándole al hombre el golpe que le supuso a su madre cuando la muerte de su padre, haciendo énfasis que esos mismos trastornos volvían a repetirse en ella. Aquella mención supuso un golpe de efecto en el doctor Llanas, evocando las visitas que tuvo que realizar a la torre de los señores Sánchez tras la muerte del cabeza de familia, para atender las crisis nerviosas de la pobre viuda. El medico le recetó para su madre un fármaco de vía oral llamado “Adinión” gotas, un relajante no dañino que le ayudaría a descansar por las noches, pero que su administración debía de tomarse con ciertas precauciones, ya que una sobre ingesta podría ocasionar sensación de hormigueo en las extremidades, y pesadez de estómago, entre otras contraindicaciones. El muchacho le hizo la promesa –vana promesa-, que regresaría con su madre si no se apreciaba una mejoría en ella.
Dos días más tarde, José Javier paseaba por la céntrica calle de Sants en Barcelona, muy popular por la cantidad de tiendas de ropa y variados artículos que en ella había. Con los ojos puestos en todas partes para que nadie le reconociese, ya que por ejemplo, su amigo “Jualín” vivía por esa zona, al igual que Toni el “Pecoso”… Se compró ropa y zapatos, además de una maleta de medianas dimensiones para el viaje, gastando casi todo el dinero que le había tocado en las quinielas, pero con la satisfacción de un crío con un juguete nuevo entre sus manos…
-“Ahora si que no hay vuelta atrás…”- Se dijo mientras regresaba a la urbanización en el autobús de línea de las dos y media, pensando además, que aún le quedaban algunas cosas por hacer antes de su marcha.
***************
El viernes, una buena parte de Medianos estaban en la urbanización a media tarde, alegres por el comienzo de las vacaciones del verano. Ya no se tendría que regresar a la ciudad hasta mediados de Septiembre, incluso para algunos, hasta finales del mismo mes, ya que las clases no comenzaban hasta primeros de Octubre. La cita era en el “Bingo”, según lo acorado la semana anterior, y sobre las seis, el jolgorio iba increscendo conforme la aparición de nuevos y nuevas componentes del grupo. Para cuando José Javier apareció por el lugar, los más osados –sobre todo las chicas-, ya hacían planes para todo el verano, y para abrir bocado, que mejor que una fiesta de cumpleaños en la torre de una Carolina que ya se mostraba nerviosa y dicharachera. Quizá fuese el ambiente de alegría que reinaba en el “Bingo”, por las nuevas expectativas veraniegas, que a José Javier se le recibió con algunos vítores al igual que los demás, entre palmadas a la espalda por parte de los muchachos, y algún que otro esporádico beso de las féminas, siendo la primera Carolina, que se alegró un montón al verlo allí.
José Javier no quería contagiarse de aquella alegría, ya que según él, todo aquello era pasajero entre sus amigos, y pronto volverían las cosas a su cauce.., es decir, a mirarle de soslayo, o lo que estaba siendo habitual, darle de lado. Hasta Nuria y su prima Ángela –cosa extraña-, llegaron al ”Bingo” un rato después de la aparición de José Javier, volviéndose a repetir los vítores y besos, entre los unos y los otros. El muchacho se mordía el labio cada vez que miraba subrepticio en dirección a Ángela, con unas ganas tremendas de decirle cualquier cosa, esperando de ella algún gesto parecido a una conciliación.., aunque a esas alturas una sola mirada le hubiese conformado. Pero Ángela, el único tratamiento que le dedicó, y que ocurrió nada más llegar la muchacha, fue el mirarle de arriba abajo, adoptando un semblante despectivo, preguntándole solo con la mirada, que hacía él allí… Por lo demás, José Javier no existía en su vida desde Febrero. Con la aparición de “Waldo”, Ángela se transformó entre carantoñas y sonrisas, y algún que otro “piquito” a su chico. Pronto el muchacho se sintió desplazado, salvo para Carolina que se sentó a su lado, sin parar de hablar con quien se preciase a la espera de Ángel, cuyo nombre no se cansaba de repetir, entre suspiros enamorados por su chico en ausencia de éste… Algo hastiado, se levantó del suelo, pidiéndole a Carolina que le acompañase un momento afuera, con la intención de entregarle una cosa para ella…
-“Carol” hay algo que.., que quiero darte…- Le dijo nada mas andar unos metros por el sendero.
-¿Qué es José Javier…?- Preguntó toda ilusión.
-Bueno.., es algo que quiero que lo leas mañana…-
-¿Mañana…?. A claro.., a de ser mañana por lo de mi cumpleaños..- Aclaró ella misma con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que a su amigo se le caía el alma a los pies, evitando a toda costa el pensar que sucedería cuando ella abriese el sobre, que en ese momento le hacía entrega.
-Pe.., pero me tienes que prometer que no lo abrirás hasta mañana, por favor…- Le dijo en tono grave, señalando con el índice el sobre.
-Bueno.., vale.., ¿qué es, una tarjeta de felicitación…?- Carolina sacudió el sobre en el aire, observándolo a contra luz, mientras que José Javier bajaba su mirada al suelo, mordiéndose el labio inferior frente a su querida amiga.
-Mejor que mañana lo leas ”Carol”.., te lo pido por favor…- La muchacha se lo quedó mirando un instante, y su sonrisa se fue desvaneciendo.
-¿Pa.., pasa algo José Javier….?-
-Eh.., no.., no.., nada mujer…- Sólo el muchacho supo cual esfuerzo sobrehumano necesitó para forzar una sonrisa, la cual se la dedicó de corazón a la que consideraba una hermana para él. Éste se giró con la intención de marcharse, pero la mano de Carolina lo sujetó por el ante brazo.
-¿Te vas ya…?- Inquirió con cierto aire preocupado.
-Bueno.., es que mi madre hoy vendrá temprano de trabajar y le he prometido que haría algo para cenar esta noche…- Eso fue lo primero que le vino a la mente, a modo de excusa.
-Pero José Javier.., si son las siete y cuarto…- Le aclaró mirando su reloj de pulsera.
-Bu.., bueno, ya sabes que yo con las comidas soy.., soy un desastre…- Le volvió a sonreír tenue mientras ambos se miraban frente a frente.
-Pocas comidas has hecho tú…- Le respondió Carolina añadiendo una sonrisa bien intencionada.
-¿No te importa despedirte de los demás por mi…?- José Javier miró por encima del hombro de la chica en dirección a la caseta.
-No te preocupes.., después nos vemos.., ¿vale…?- Ella le pasó en gesto cariñoso la mano por el brazo. Y él apretó los labios con más fuerza sin dejar de mirarla. Asintió con la cabeza levemente, girándose de nuevo para comenzar a andar en dirección a la calle. Al tercer paso se volvió brusco.., allí seguía Carolina en pie, con el sobre entre sus manos a la altura del pecho mirándole fijamente. Él se acercó hasta ella, abrazándola con fuerza sin que la muchacha tuviese tiempo de reacción en un primer momento. Tras el abrazo se separaron mirándose de nuevo con cierta intensidad.
-Jo.., José Javier, ¿estás llorando…?- No pudo evitar, el que una solitaria lágrima le recorriese la mejilla, ante la cara de aprensión de Carolina.
-Eh.., no.., que va, que va.., es algo que se me ha metido en el ojo.., ya está –se limpió con el dorso de la mano-, ¿lo ves…?- Volvió a sonreír todo cuanto su dolida alma le dejó, y Carolina le devolvió la sonrisa inocente, de quien se cree a pies juntos lo que le dice un amigo muy apreciado… Una vez que José Javier la dejó casi a mitad de la parcela del “Bingo”, Carolina miró atenta el sobre que seguía entre sus manos, con la firmeza de que, en el interior había una felicitación por su cumpleaños, prometiéndose no abrirlo hasta el día siguiente, por muchas ganas que tuviese de rasgar el lateral y desvelar su contenido, pero una promesa era una promesa... Cuántas veces se maldijo Carolina Arias durante mucho tiempo después, por no abrir el sobre aquella misma tarde en la parcela del “Bingo”. Sólo ella supo contarlas…